Por: María Fernanda Cisneros.   4 septiembre
Las tasas de interés se han reducido en el último año, pero con más fuerza desde el inicio de la pandemia y hasta la actualidad. Archivo.
Las tasas de interés se han reducido en el último año, pero con más fuerza desde el inicio de la pandemia y hasta la actualidad. Archivo.

Las tasas de interés están en niveles históricamente bajos y los deudores tienen la posibilidad de obtener un crédito con las condiciones más blandas de los últimos treinta años.

Aún así, el financiamiento está estancado en uno de los ritmos de crecimiento más bajos en décadas.

El apetito por los préstamos es escaso y las condiciones favorables (menores tasas, extensión de plazos y menores gastos de formalización) no bastan para levantarlo.

El saldo de crédito al sector privado creció a una tasa anual de 0,4% a julio de 2020, de las más bajas desde 1992, según datos del Banco Central de Costa Rica (BCCR). Hace un año ya crecía poco (1,6%). Estos datos excluyen el efecto cambiario de la cartera en dólares.

¿Qué hay detrás de este comportamiento? En este momento, la contracción de la economía tiene mayor peso en las decisiones de los consumidores en comparación con lo barato que pudiera salirles un préstamo.

Al final, la banca está sentada en arcas llenas de recursos para prestar, pero no hay demanda.

Si bien las bajas tasas por sí solas son insuficientes actualmente para reanimar el crédito, en adelante serán un elemento clave para inyectar ánimo en hogares y negocios hacia la recuperación económica.

Esto ocurrirá cuando las restricciones por la pandemia se disipen y exista una solución para la crisis sanitaria que golpea al mundo.

También, “es uno de los factores que podría ayudar a reactivar la economía en algunos sectores menos impactados por la pandemia”, anotó José Paulo Martínez, gerente de Productos e Innovación de Cafsa.

El Central sostiene una política monetaria expansiva que permite pensar en esa posibilidad, al buscar un mayor gasto en la economía, a través de algunas medidas.

Una de ellas es la reducción de su tasa de referencia, la Tasa de Política Monetaria (TPM), que pasó de 4,00% a 0,75% en el último año.

Este instrumento influye sobre el costo de fondeo que tienen las entidades financieras en el Mercado de Liquidez, donde las entidades financieras solicitan recursos o invierten sus excesos de liquidez.

Si los bancos negocian más barato, trasladan ese comportamiento a las tasas en las que colocan sus préstamos. Por esto, el mercado registró movimientos importantes en el último año, pero la pandemia los empujó a bajar aun más los intereses.

Las tasas que deben pagar los deudores a las entidades financieras por los préstamos cayeron más de 218 puntos básicos entre marzo y julio.

Los intereses que cobran a sus clientes mostraron una mayor reducción en las operaciones de consumo personal (con y sin tarjetas) así como las relacionadas con servicios y turismo.

Por ejemplo, un crédito de consumo en un banco público le costaba una tasa de 7,68% en marzo, pero la cifra pasó a 5,60% a julio.

En adelante, las tasas de interés tendrán pocas presiones. Por el lado de dólares, la fuerza de la política monetaria de la Reserva Federal (Fed) ejerce presión a la baja.

Mientras, “por el compromiso del BCCR de mantener la política monetaria laxa, amarra las tasas de interés de corto plazo”, explicó la economista Adriana Rodríguez.

El riesgo a la vista que persiste es el déficit fiscal. Mientras el Ministerio de Hacienda necesite fondear sus altas obligaciones, podría llegar a presionar el mercado local.

Para Rodríguez, esa presión “puede mantenerse bajo control si se acompaña de credibilidad fiscal y una agenda de reactivación económica”.

La negociación de los recursos con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que deben ser aprobados por los diputados, también puede aliviar aun más la presión. Sin embargo, su ausencia “podría presionar ciertos indicadores como el tipo de cambio”, golpeando al final la capacidad de pago de los deudores y eventualmente, presionar las tasas, explicó José Paulo Martínez, de Cafsa.

¿Qué deteriora la demanda?

Varios elementos juegan en contra del dinamismo del crédito. Por un lado, la contracción económica y la incertidumbre sobre el futuro de la economía, hacen que empresas y personas posterguen inversiones.

La valoración que hacen los consumidores respecto a la situación económica actual demuestra la afectación por la pandemia.

Quienes afirman que la situación económica del hogar está peor en comparación con un año atrás creció del 39,5% en febrero al 53,9% en mayo, según el Índice de Condiciones Económicas Actuales (ICEA), calculado por la Escuela de Estadística de la Universidad de Costa Rica. En la más reciente publicación de este indicador para agosto el porcentaje se elevó a 64%.

A pesar de que la mayoría de los compradores admiten que es un mal momento, su ingreso se redujo y es un mal momento para comprar artículos del hogar, carro o casa.

La valoración que hacen los consumidores coincide con las estimaciones del Banco Central, cuyas perspectivas apuntan a una contracción económica en 2020, pero una leve recuperación en 2021.

La pandemia por sí misma golpeó a los segmentos que suelen mover más el crédito en el sistema financiero nacional, como el turismo y el comercio.

Actividades de alojamiento y suministro de comida (-59,5%), transporte y almacenamiento (-27,7%), así como comercio y reparación de vehículos (-16%).

Al mismo tiempo, los despidos, las reducciones de jornada y el alto nivel de endeudamiento atacan la capacidad de pago de los hogares.

La tasa de desempleo llegó al 20,1% para el trimestre móvil que comprende marzo, abril y mayo del 2020, según dio a conocer el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

Quienes sí buscan créditos son aquellos hogares ahogados en deudas y que deben renegociar las condiciones de los viejos préstamos.

Por el lado de las empresas, con algunas excepciones, los negocios lo que buscan son recursos para subsistir y atender el capital de trabajo, pero sin realizar inversiones importantes.

Al igual que la actividad económica, el crédito percibió su mayor golpe en abril y después empezó a dar pasos para superar la contracción.

Aunque crece a mínimos, para setiembre algunas áreas estiman un mayor dinamismo, vehículos es una de ellas.

En adelante, la evolución de la pandemia determinará el comportamiento de la economía. El futuro es incierto, pero de momento, no se vislumbran presiones en las tasas de interés.

Las condiciones blandas en los créditos que ofrecen las entidades financieras, también serán más aprovechadas conforme los hogares vean que la economía se reanima, sientan más certeza de que podrán conservar su empleo, y por tanto, su ingreso y su capacidad de pago.