Por: María Esther Abissi.   15 enero

Conforme se ha agudizado la situación de las finanzas públicas en los últimos años, los emisores del mercado de valores han alegado que su capacidad para captar en el mercado se reduce.

Durante el 2018, mientras Hacienda logró colocar ¢3,8 billones en el mercado primario, los emisores privados colocaron ¢551.061 millones. (Foto: Albert Marín).
Durante el 2018, mientras Hacienda logró colocar ¢3,8 billones en el mercado primario, los emisores privados colocaron ¢551.061 millones. (Foto: Albert Marín).

El estrujamiento de Hacienda hacia los emisores impide que puedan financiarse a un costo más bajo en el mercado primario.

Pero ¿cuán estrujados estuvieron los emisores privados? ¿Realmente les costó colocar sus emisiones?

Durante el 2018, mientras Hacienda logró captar ¢3,8 billones en el mercado primario, los emisores privados colocaron ¢551.061 millones, según datos aportados por la Bolsa Nacional de Valores.

El Banco Central, otro de los participantes del mercado, logró un monto inferior, ¢383.836 millones.

Esto implica que la Tesorería Nacional colocó cerca de 9 veces más de lo que lograron otros emisores.

Ante las continuas colocaciones de Hacienda, el alto volumen que negociaron y la cantidad de transacciones, los emisores corporativos tuvieron menos espacios y se vieron obligados a ajustar sus tasas al alza para lograr competir por los mismos recursos.

Las vías del estrujamiento

La presión sobre los emisores se dio a través de tasa y monto transado.

Mientras que Hacienda colocó a una tasa promedio de 7,50%, el resto de emisores ofrecieron rendimientos más altos para captar recursos.

La presión se evidenció sobre todo en el segundo semestre, al tiempo en que las necesidades de Hacienda se hicieron más urgentes.

La tasa promedio de emisiones, en su mayoría bancarios, en el 2018 fue de 7,94%, 44 puntos base más del promedio de Hacienda.

El rendimiento más alto encontrado el año pasado fue del bono bfa17 de la Financiera Credilat, con una tasa de 11,25%.

Otros fueron colocados a tasas que oscilaron entre 9% y 10%.

En el otro extremo, la mayor tasa ofrecida por Hacienda fue 12,89%, durante los últimos meses del año, aunque en general la tendencia de los rendimientos ofrecidos fue mucho más baja.

El Central, por su parte, tuvo una tasa promedio de 8%, que no presionó significativamente el mercado.

La razón de esto es que, dado que el BCCR participa en el mercado para tener más control de la liquidez para así lograr su objetivo de meta de tasa de inflación, durante el año pasado careció de mayores requerimientos de los recursos.

Dada la coyuntura, algunas entidades prefirieron buscar otras fuentes de financiamiento diferentes del mercado interno.

Según Mario Vásquez, director de Tesorería de Scotiabank, en el 2018 tuvieron una estrategia de fondeo con la que participaron proporcionalmente menos en el mercado bursátil local y se concentraron en buscar otros recursos que los ayudaran a diversificar el perfil de fondeo.

Otros factores propios de la regulación ayudaron a que la presión cediera.

Según explicó Silvia Jiménez, gerente de inversiones de Mercado de Valores, hay inversionistas –como los fondos de pensiones– que por regulación deben invertir en emisores distintas del Gobierno, lo que ayudó un poco a controlar la situación.

Concentrados en el corto plazo

En el 2018, tanto en el Gobierno como en otros emisores, hubo una clara preferencia de los agentes por invertir en instrumentos de corto plazo.

El Gobierno, a diferencia del año previo, donde pudo colocar recursos incluso al 2033, tuvo que enfocarse en vencimientos al 2023 como mayor plazo, sobre todo antes de la aprobación de la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas.

“El estrujamiento se ha venido dando, los únicos que han podido seguir en el mercado son los emisores financieros que tienen una base de clientes ya establecida”. José Rafael Brenes, gerente general de la Bolsa Nacional de Valores.

Lo mismo sucedió con los emisores corporativos.

Los tres bonos más colocados tenían vencimientos entre el 2020 y el 2023.

El de mayor volumen colocado fue un bono del Banco Centroamericano de Integración Económica, que se negoció en únicamente octubre por ¢65.136 millones.

Dos bonos, uno de Florida Ice & Farm Co. y otro del Banco Popular, con vencimientos al 2022 y al 2020, respectivamente, fueron los otros dos instrumentos con mayor movimiento por volumen en el mercado primario.

Para el 2019, el escenario será el mismo.

De no aprobarse el proyecto de endeudamiento internacional que está aún a la espera en el plenario legislativo, la Tesorería Nacional seguirá dependiendo del mercado local, presionando a los emisores por medio de las tasas de interés y debilitando el mercado primario y secundario.

Para Melvin Garita, gerente general de BN Valores, en el 2018 se evidenció que las necesidades de financiamiento del déficit no pueden satisfacerse solo con el ahorro interno.

En el caso de que eventualmente se aprobara el proyecto de ley para la emisión de bonos internacionales, las presiones serían menores, lo cual daría la oportunidad a los emisores privados de recuperar terreno en el mercado y mejorar la posición de las tasas.

“Este año es esencial continuar con las medidas de consolidación fiscal que permitan cambiar en el mediano y largo plazo la tendencia de la deuda, como los eurobonos, mientras que los efectos de las medidas de consolidación fiscal se asientan”, explicó Garita.