Por: María Esther Abissi.   19 mayo, 2018

Imagínese que está endeudado, el 60% de su deuda está en dólares y a usted le pagan en colones.

Su mensualidad en dólares es de $500 y hoy, para pagarlo, con un tipo de cambio a ¢572 debe desembolsar ¢286.000.

Suponga que en menos de un mes, el colón se devalúa 40% y usted, por la misma deuda de $500, debe pagar ¢400.000, a un tipo de cambio de ¢800 por dólar.

Eso fue lo que le pasó a Argentina.

Los argentinos vuelven a ver a los viejos fantasmas de crisis económicas de hace 20 años en medio de un déficit fiscal primario de 3,9% del PIB para el 2017 y un déficit de la balanza comercial $8.470 millones para ese mismo año.

A los costarricenses estos dos últimos datos le sonarán conocidos y es que el déficit fiscal y el déficit en la balanza comercial han sido focos de interés importantes en los últimos años, pero: ¿Qué cosas realmente tenemos en común y qué tenemos que aprender para que la historia no se repita en un país como Costa Rica?

Lo que tenemos en común

Deuda, déficit fiscal, déficit en la balanza de pagos, déficit en la balanza comercial y un Banco Central dispuesto a intervenir: esas son las cosas que tenemos en común con Argentina, además de un gasto de los hogares desacelerado, que en el caso del país suramericano es por una inflación alta.

Esto último factor de baja demanda interna se ha evidenciado también en Costa Rica, aunque por otras razones.

Si bien la crisis argentina es cambiaria, los especialistas coinciden en que la raíz está en el déficit fiscal, en la composición de la deuda, en el desmedido gasto público y la subvención de los servicios.

El déficit fiscal (primario) de Argentina para el 2017 fue de 3,9% de su PIB y se ha mantenido por muchos años.

Al igual que Costa Rica, la falta de reformas fiscales de los gobiernos anteriores había impedido que se pudiera lograr una reducción considerable de los gastos y un aumento de los ingresos para poner en orden las finanzas públicas.

El intento del presidente argentino Mauricio Macri por lograr el ajuste necesario en las finanzas públicas no resultó de la mejor manera: el retiro de los subsidios a servicios como los de gas, electricidad y agua encareció el gasto de los hogares, cuyo poder de compra está debilitado por una inflación de más del 20% anual, según información divulgada por la agencia AFP.

Por el lado de los ingresos, precisamente la imposición a la renta financiera de los no residentes fue el disparador de la actual crisis, además de un cambio de humor de los mercados externos al subir las tasas de referencia de mercado de la Reserva Federal de Estados Unidos, mucho más atractiva que la ofrecida en los mercados del sur del continente.

Sin embargo, en esta crisis, el déficit no es el mayor de los problemas.

La deuda argentina representa el 59% del PIB y el 60% de ésta en moneda extranjera, lo que implica financiarse fuera de sus fronteras.

La de Costa Rica, por su parte, a diciembre del 2017 sumaba 49,2%, un porcentaje similar al argentino, aunque en su mayoría está colocado en moneda nacional, una ventaja para Costa Rica porque puede financiarse internamente.

Empero, ambos porcentajes son considerados insostenibles según organismos internacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Tener una deuda tan alta se vuelve un riesgo cuando se mezcla con factores como el déficit fiscal y el déficit comercial, esto fue lo que al final hizo estallar la olla de presión en la que estaba la economía argentina.

Gustavo Neffa, economista argentino y director de la firma Research for Traders explicó desde Buenos Aires que la estrategia inicial de Macri era eliminar el control cambio implantado en el 2011 para evitar la fuga de dólares del país y permitir el ingreso sin restricciones de los fondos necesarios para cerrar los desbalances de las finanzas públicas pero ante instrumentos financieros más atractivos en el exterior, lo que sucedió fue lo contrario.

“Todos éramos conscientes de que era una situación frágil, pero el plan podía llegar a funcionar mientras los inversores extranjeros tuviesen dispuestos a financiar nuestro país. Cuando el humor de los mercados cambió súbitamente a comienzos de enero, todo se derrumbó en apenas 11 ruedas”, aseguró Neffa.

Neffa asegura que nadie se imaginó el desenlace, aunque confía en que con el FMI detrás y un techo al dólar mayorista impuesto por el Banco Central, el peor momento de la crisis quedó ya atrás.

Hace pocos días, Argentina hizo una voluminosa emisión de bonos en moneda local a tasa fija a un plazo de cinco y ocho años que redujo la demanda de divisas, además de lograr la renovación de todos los bonos en moneda nacional que vencían la semana pasada, por un monto equivalente a la mitad de sus reservas actuales.

Desde el inicio de la corrida cambiaria, el Banco Central vendió más de $10.000 millones de sus reservas, dejando $52.724 millones.

Una mujer observa los valores de cambio en la junta de compra y venta de una oficina de cambio en el centro de Buenos Aires, el 9 de mayo de 2018.
Una mujer observa los valores de cambio en la junta de compra y venta de una oficina de cambio en el centro de Buenos Aires, el 9 de mayo de 2018.

Comparativamente, este monto representa 6,3 veces el monto total de reservas netas de Costa Rica.

Para el economista José Luis Arce, nuestro mayor problema en común con el país del sur es la precaria situación fiscal con expansión del gasto que tenemos, cuya única salida es una reforma fiscal que sigue discutiéndose en la Asamblea Legislativa.

Además, resulta riesgoso tener opciones de financiamiento que poco a poco se van cerrando.

“Es difícil saber cuál es el punto en el que se rompe la confianza con los mercados, lo que creo es que en lugar de alejarnos de ese punto, nos estamos acercando a él”, afirmó Arce.

El hecho de que el Gobierno tenga que endeudarse más en dólares, que los plazos de las emisiones de Costa Rica se hayan hecho más cortos en los últimos meses, que las emisiones sean más ha tasa variable y cada vez menos a tasa fija, hace que nos acerquemos a un punto similar al de Argentina, aunque sin duda, por el tamaño de nuestra economía el ajuste sería mucho más lento.

Lo que queda por aprender

Aunque nuestra economía está aún lejos de necesitar un salvataje por parte de algún organismo internacional, como está ocurriendo en Argentina con el FMI, para los economistas hay tres lecciones particulares que aprender de Argentina.

La primera es que no se puede vivir permanentemente con un desequilibrio fiscal alto, porque los espacios de endeudamiento se van cerrando y la alta deuda hace que la confianza de quienes nos financian se pierda.

“Llega un momento en que la confianza se evapora. Hemos vivido más de diez años acumulando deuda porque nos podíamos financiar, pero hay que ser muy cuidadosos”, aseguró Arce.

La segunda, es que un despilfarro de los recursos públicos, un elevado asistencialismo y el desfinanciamiento de los sistemas de pensiones en la raíz de las crisis económicas, como las vividas en Argentina en los últimos años.

“Bienvenidos estos cimbronazos para que la clase política se dé finalmente cuenta que no puede gastar muchísimo más de lo que ingresa en forma sostenida con correcciones demasiado lentas”, afirmó Neffa.

Para Arce, la última lección es el peligro de las políticas populistas en términos de bienestar, aunque Costa Rica no está en ese punto.

“Un conjunto de gobiernos con políticas equivocadas han llevado el país de crisis en crisis”, concluyó.

A Argentina la espera un año de menor crecimiento y más inflación y a Costa Rica, la aprobación de una reforma fiscal que al mes de mayo cumple más de 150 días en el plenario.