Por: AFP .   24 enero
La institución del Organización de las Naciones Unidas (ONU) trazó un 2020 sombrío para la economía de la región. En la fotografía, Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Archivo/EFE
La institución del Organización de las Naciones Unidas (ONU) trazó un 2020 sombrío para la economía de la región. En la fotografía, Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Archivo/EFE

El “desencanto” y las grandes desigualdades están lastrando la económica de América Latina, donde las perspectivas de crecimiento son sombrías tras un año de movimientos de protesta en varios países del continente, apuntó Alicia Bárcena, la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Su aporte se gestó durante su participación en el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), que se realiza en la ciudad suiza de Davos del 21 al 24 de enero.

“Hay un desencanto con respeto al modelo de desarrollo, un modelo que ofrecía expectativas, por ejemplo a los estratos medios, movilidad social, movilidad económica. Y esa movilidad no ha llegado y no va a llegar”, dijo a la AFP Bárcena.

La institución del Organización de las Naciones Unidas (ONU) trazó un 2020 sombrío para la economía de la región, con un crecimiento de apenas 0,1% durante 2019 y una perspectiva de 1,3% en 2020.

La Cepal lo atribuye a que las grandes economías de la región, como Argentina, Brasil y México, todavía no se han convertido “en ese motor de crecimiento” que impulse a toda la región.

Los movimientos sociales han marcado los últimos meses el continente reflejó, según Bárcena, de la desigualdad, el principal lastre para el desarrollo económico de la región.

"No somos el continente más pobre pero si el más desigual" afirmó.

En Chile, por ejemplo, que vive una crisis histórica con tres meses de violentas protestas en las calles, la Cepal calcula en cinco veces la diferencia de ingresos entre el 10% de la población más rica y el 10% de la más pobre.

Una diferencia que en los países más pobres del continente, en América Central, puede ser de 70 veces.