La proyección de crecimiento económico para Costa Rica durante este año fue ajustada a la baja por el Fondo Monetario Internacional (FMI), ubicándose en un 3,6%.
Esta nueva estimación marca una desaceleración significativa si se compara con el robusto 4,6% del Producto Interno Bruto (PIB) que el país alcanzó en 2025.
El cambio en las expectativas macroeconómicas se da como consecuencia directa de la volatilidad generada tras el estallido de la guerra en el Medio Oriente.
Cabe destacar que, previamente, la proyección del FMI —detallada en la Declaración del personal técnico al finalizar la misión del Artículo IV— era del 3,8%, una cifra idéntica a la que había estimado el Banco Central de Costa Rica (BCCR) en enero pasado.
El lastre global y la amenaza inflacionaria
A nivel mundial, la proyección de crecimiento también sufrió un recorte de 0,2 puntos porcentuales, retrocediendo a un 3,1%.
“Nuestras previsiones de referencia se basan en un conflicto relativamente corto, con una perturbación temporal del mercado energético que desaparecería el año próximo”, subrayó Pierre-Olivier Gourinchas, economista jefe del FMI, en declaraciones a la agencia AFP.
Sin embargo, la entidad advierte que, si el conflicto llegara a prolongarse, el impacto podría ser mayúsculo.
El peor escenario contempla un crecimiento global de apenas un 2%, una caída drástica que recuerda a episodios de contracción severa como la crisis financiera del 2008 y la pandemia del 2020.
La fuerte subida de los precios del petróleo impulsaría la inflación al alza —que hasta ahora venía mostrando signos de moderación— para alcanzar una media del 4,4% a nivel mundial, es decir, 0,6 puntos más que la previsión trazada por el FMI en enero.
Si el conflicto se resuelve en la mesa de negociaciones, “debería producirse un ligero aumento de la inflación subyacente (excluyendo alimentos y energía), pero no debería prolongarse, y los precios deberían retomar su trayectoria de desaceleración en 2027”, anticipó Gourinchas.
El epicentro de la crisis: Ormuz y el petróleo
Como era de esperarse, la región de Oriente Medio, África del Norte y Asia Central figura como la más afectada por la coyuntura. Arabia Saudita, la principal economía de la zona, vio su expectativa de crecimiento recortada al 3,1% para este año (1,4 puntos menos que la estimación anterior del FMI), antes de experimentar, a priori, una expansión en 2027.
El origen de este reciente choque se remonta a los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero, los cuales provocaron la represalia de Teherán. Esto derivó en el cierre práctico del Estrecho de Ormuz, una ruta marítima clave para el transporte mundial de petróleo y fertilizantes.
Desde entonces, los precios de la energía se han disparado, presionando fuertemente a los países, especialmente a las economías más vulnerables y a aquellas que dependen de las importaciones de hidrocarburos de la región.
