Por: Roy Campos Retana.   27 junio

Dos cosas caracterizan a los equipos mediocres: la aparente ausencia de conflicto y una rígida polarización. En el primer caso, reina la calma; en el segundo, emergen diferencias irreconciliables. Peter Senge, autor del libro “La quinta disciplina: el arte y la práctica de la organización abierta al aprendizaje”, explica que esto sucede por las rutinas defensivas de sus líderes, y lo hacen de dos maneras.

20/11/2017. EF. Roy Campos es columnista de El Financiero. Es colaborador de la columna Empresas del Siglo XXI.
20/11/2017. EF. Roy Campos es columnista de El Financiero. Es colaborador de la columna Empresas del Siglo XXI.

En primer lugar, algunos interiorizan una actitud de auto confianza debido a que creen conocer los problemas. Para conservar su aplomo, conservan la rigidez y su capacidad de intimidar. Este es el caso de gerentes que en una reunión se lamentan de que no surjan nuevas ideas, pero tampoco son capaces de aportar sugerencias novedosas; o de quienes critican y corrigen a los demás, pero no reconocen abiertamente sus propios errores.

En segundo lugar, se encuentra la actitud de quienes aparentan conocer la causa de los problemas, pero en el fondo dudan de sí mismos. Para mantener esa fachada de confianza, tienen que ocultar su ignorancia. Es el caso de gerentes que hacen afirmaciones contundentes, o critican ciertas situaciones, pero son incapaces de explicar los motivos o causas que justifican sus razonamientos: se sienten amenazados y temen no ofrecer “la respuesta correcta”.

Senge añade que “el libre flujo de las ideas conflictivas es crucial para el pensamiento creativo”. Es lo que hacen los arquitectos en su estudio cuando trazan bocetos y dejan rastros de relaciones entre los dibujos, revelando así las ideas que podrían funcionar. En ese momento, quienes lideran el proceso creativo se han vuelto vulnerables: han dejado expuestos sus pensamientos, tanto a la crítica como al elogio, porque han decidido derribar sus dinámicas defensivas de antemano.

En síntesis, un equipo inteligente aprende a aprender bajo la guía y ejemplo de sus líderes; mientras que un líder inteligente, pero con actitudes defensivas, no siempre es capaz de que todo su equipo aprenda.