Por: Roy Campos.   2 septiembre

Según Medical News Today, el trastorno bipolar es una condición que presenta cambios extremos en el estado de ánimo y fluctuaciones en los niveles de energía y actividad que pueden dificultar la vida cotidiana. Los síntomas principales son episodios alternos de euforia extrema y depresión.

Sería difícil diagnosticar una organización bipolar tal y como se diagnostica a una persona. Sin embargo, la falta de integridad podría ser el punto de partida de un diagnóstico institucional. Por ejemplo, decidir algo un día y cambiar de parecer al siguiente, sin una argumentación sólida; promulgar públicamente unos principios y actuar según otros, por conveniencia o capricho; desconexión entre la estrategia y el propósito, tal como proponer alcanzar unos objetivos pero usar métricas que miden otros.

Siguiendo este paralelismo, durante los momentos de euforia los síntomas de los líderes de las organizaciones bipolares serían los siguientes: alteraciones de juicio, comunicación sobre abundante o agresiva, comportamientos riesgosos, confianza excesiva, sentido inflado de la autoestima, locuacidad y pensamientos precipitados.

La bipolaridad en empresas e instituciones estaría caracterizadas por líderes que experimentan altibajos en sus comportamientos; en otras palabras, conductas erráticas, sistemas para la toma de decisiones impredecibles, falta de coherencia en las decisiones a lo largo del tiempo, inconsistencia en una palabra.

Durante los momentos de depresión, los síntomas de los líderes de las organizaciones bipolares serían: sentimientos de tristeza, oscuridad, desesperanza, ansiedad por cosas triviales, un sentimiento de que todo parece estar mal por su culpa, fatiga y apatía, poca capacidad de atención y dificultad para recordar, bajo rendimiento, irritación provocada por cosas que generalmente serían toleradas.

Cuando un barco zarpa del puerto debe estar ajustando su rumbo para llegar al destino final. Algo similar sucede con las organizaciones: deben acudir continuamente a sus principios, a su visión y misión, para llegar a feliz término. En las organizaciones bipolares este ajuste no estaría dictado por los valores fundacionales, sino por las ocurrencias cotidianas de quienes las dirigen. En tal caso, la tripulación, los colaboradores, quedarían a expensas de la ambigüedad, la frustración y la ansiedad. Por ello, es necesario que los líderes examinen sus estándares éticos, para no regirse por la ambivalencia o faltar a la integridad.