Por: Alan Saborío.   11 junio

Trabajo virtual, compras express, webinars, mayor gestión de marketing digital… el cambio se aceleró, y se quedó.

¿Tenemos en las empresas y organizaciones un plan operativo de teletrabajo que garantice la calidad y seguridad de las comunicaciones? ¿Nuestras plataformas virtuales generan una experiencia positiva para el cliente en sus compras y gestiones diversas de servicio? ¿Estamos seguros que tenemos una adecuada gestión de los webinars que garantice que no habrá un ciberataque? ¿Tenemos claridad de estar usando de forma inteligente y adecuada las opciones digitales que existen, como parte de un plan bien organizado que permite cumplir con objetivos del plan estratégico? ¿La información, incluyendo la de los clientes, está protegida?

Estoy seguro que a varias de estas preguntas la respuesta es no. Estamos haciendo algo, sin duda, pero sabemos al responder que no lo estamos haciendo lo bien que se debe.

La crisis actual nos ha hecho acelerar el cambio, nos ha hecho tomar decisiones urgentes y pedir cambios en los procesos. Eso está bien, no podíamos esperar lo perfecto para actuar. Pero, pasadas las semanas, debemos comenzar a organizarnos mejor. La delincuencia cibernética también se está organizando mejor, sin duda, y no podemos quedar en sus manos. Los clientes están cambiando su forma de comportarse, de comprar, de decisiones de compra, de contratación de servicios. Nuestros colaboradores son otros ahora, experimentan un trabajo en el contexto de su hogar, con todas las situaciones que conlleve cada uno de esos hogares. Todo cambió. Nos toca cambiar.

Estos nuevos escenarios de operación deben provocar, solo en el campo de la seguridad: un desarrollo o fortalecimiento de la gestión de acceso a la identidad organizacional, así como el monitoreo y correlación de eventos; adaptar todos los procesos de trabajo a estas nuevas condiciones considerando, en todo, la seguridad asociada; fortalecer el monitoreo de los procesos de seguridad bajo operación remota; aumentar la conciencia en todos los colaboradores, incluyendo la junta directiva, de que la seguridad es prioritaria y que hay nuevas amenazas.

Debe haber, además, un plan de recuperación. Ante cualquier ataque, tener bien definido cómo actuar y proceder de cara a los colaboradores, clientes, proveedores y ante el público en general. La reputación también está en juego.

Y, lo que no es un juego, es esto. El cambio se quedó, no sé si para siempre, pero sin duda nada volverá a ser igual.