Por: Ramiro Casó.   22 julio, 2019

Durante este último mes, tuve el privilegio de dar tres clases a los estudiantes del MBA de Incae que están especializándose en emprendimiento. El objetivo era enseñarles un poco sobre investigación, tanto académica como aplicada, para que pudieran fortalecer sus ideas de negocio. Repasando el material y recordando las interesantes conversaciones con los estudiantes, se me ocurrió que el curso, más que ser de investigación, era un curso para enseñarles a dudar.

La duda tiene pésima reputación, sobretodo cuando se habla de emprendimiento. La imagen del éxito de todo emprendedor es la de una persona aguda, valiente y determinada, que logra impulsar su idea superando obstáculos y demostrándole a los incrédulos que su proyecto no solo era posible sino innovador. Nos fascinan las historias de éxito de estos personajes y nos maravilla pensar cómo es que tuvieron tanta claridad desde el inicio para ver lo que otros no vimos. Dicho de otro modo: no hay historias de emprendedores que han dudado o cuestionando sus ideas.

Sin embargo, creo que el emprendedor o empresario exitoso es aquél que tiene la sana costumbre de dudar. No solo de la información que recibe, sino de sí mismo.

¿Por qué la duda es valiosa?

En primer lugar, porque los seres humanos tenemos una tendencia a buscar información que valide nuestros puntos de vista y a obviar información que los contradiga. Eso se conoce como sesgo de confirmación y es, para mí, el talón de Aquiles de todo emprendedor. Obviar información negativa, información que va en contra de nuestras creencias, puede llevarnos a cometer errores groseros. Es más, esa información suele ser más rica o más valiosa que la confirmatoria, porque, como decía el filósofo alemán Karl Popper, “podemos probar que algo es falso, pero nunca podemos probar con seguridad que algo es verdadero”.

En segundo lugar, la duda es valiosa porque nos ayuda a identificar información chatarra, la cual hoy en día, gracias al auge de las redes sociales, abunda y está al alcance de todos.

Nuestra tendencia a buscar información que nos dé la razón, sumada a la abundancia de información basura que circula por medios digitales, hace que la duda tenga hoy un valor enormemente alto.

El escritor Nassim Nicholas Taleb, en su libro de aforismos titulado “El lecho de Procusto”, afirma que, en un mundo complejo, la inteligencia no es la capacidad de detectar cosas que son relevantes (patrones), sino la capacidad de ignorar cosas que son irrelevantes (falsos patrones). Pocas cosas tan ciertas como esa. Si quiere tener éxito en su negocio, empiece por practicar la duda y cultivar un sano escepticismo.