Por: Mark R. Kramer, Rishi Agarwal y Aditi Srinivas.   14 julio

Las 17 metas del desarrollo sustentable de las Naciones Unidas (SDG, por sus siglas en inglés) fueron planteadas en el 2015 para brindar una forma de atender los desafíos más urgentes del mundo durante los próximos 15 años. Ahora la pregunta es si las compañías están impulsando soluciones serias o simplemente se embarcan en una masiva charada global de relaciones públicas. Desafortunadamente, nuestra investigación interna apunta a lo segundo. La ONU y el sector privado deberían cambiar de rumbo si quieren hacer avances en las SDG.

Ciertamente, la universalidad de las metas y la carencia de un mecanismo para generar responsabilidades respecto a las difusas promesas empresariales ha hecho muy fácil que algunas corporaciones esquiven compromisos serios. Por ejemplo, metas como “asegurar vidas saludables y promover el bienestar para todos” (la tercera SDG) pueden abarcar casi cualquier cosa.

Foto: Rafael Pacheco
Foto: Rafael Pacheco

La tragedia no es sólo que las compañías puedan hacer señalamientos superficiales; también es la pérdida de una oportunidad para involucrar al sector privado de una forma significativa, que ayudaría a alcanzar las metas globales de la ONU.

Las compañías deberían comprometerse con objetivos específicos y medibles, que incluyan el progreso social que pretenden alcanzar y el valor que dicho impacto puede brindarle a sus accionistas.

He aquí las acciones que deberían tomar las compañías que son serias acerca de atender las SDG:

Elegir menos metas y hacerlas más específicas: Limítese a no más de las tres SDG que sean centrales para su negocio. Muchas compañías dicen estar atendiendo las 17 metas, pero ninguna es capaz de dedicarse a tantas. Si las compañías han de vincular las SDG a oportunidades genuinas de negocio, necesitarán ser mucho más selectivas y precisas. Para ello, deberían cambiar su enfoque, pasando de las amplias SDG hacia las más específicas 169 sub-metas que ha definido la ONU, y encuadrar su compromiso en términos de estos resultados más concretos y medibles.

Enfocarse en las más prometedoras oportunidades de negocio: Las compañías deberían hacer esto al seleccionar qué metas buscar. Entre mayor y más redituable sea la oportunidad, más rápidamente se podrán escalar nuevos productos y servicios para alcanzar las metas. Esto significa que las SDGs no deberían ser una tarea para el departamento corporativo de responsabilidad social, sino para el de estrategia y operaciones corporativas. El CEO debería definir la agenda y darle la tarea de implementarla a las unidades de negocio correspondientes.

Adoptar objetivos significativos de corto plazo: Las compañías deberían comprometerse con objetivos específicos y medibles, que incluyan el progreso social que pretenden alcanzar y el valor que dicho impacto puede brindarle a sus accionistas. Los restantes 11 años del plazo de 15 años establecido por la ONU son demasiado tiempo para esperar por reportes de avance. Las empresas deberían traducir las SDG relevantes en objetivos a tres o cinco años, e informar públicamente sus avances anuales encaminados a alcanzar esos objetivos, del mismo modo en que lo harían con cualquier otra iniciativa empresarial seria.

Reubicar recursos: Ninguna innovación significativa sucederá sin recursos dedicados a ella, y los recursos no pueden estar limitados a la filantropía corporativa. Las compañías deberían hacer inversiones substanciales para expandir la efectividad y alcance de los productos o servicios que puedan acercarlas a las metas que eligieron.

Ser honestos acerca de las inconsistencias: La mayoría de las empresas tendrán en su cadena de valor y de suministro líneas de productos o actividades que vayan en contra de las SDG. Las compañías deberían reconocer estos conflictos y ofrecer un plan, acompañado de un calendario, para mitigar sus impactos negativos.

La ONU y sus agencias afiliadas también necesitarán actuar en forma muy diferente para empujar a las compañías más allá de las campañas publicitarias y hacia el avance en las metas. Deberían:

Requerir responsabilidad y verificación de todos los señalamientos corporativos: La ONU debería hacer que las compañías se responsabilicen de sus compromisos y, algo igualmente importante, de la omisión de metas inconvenientes o de proclamar que trabajan en metas que en realidad se ven afectadas por su modelo de negocio. Esto requerirá un proceso oficial de aprobación para las compañías que quieran comprometerse con las SDG. En lugar de darle la bienvenida a todas las compañías que voluntariamente se comprometen con las metas, la ONU debería revisar todos los compromisos corporativos, para garantizar su integridad, rechazando declaraciones falsas, contradictorias o exageradas, y publicar un registro de los participantes del sector privado que están oficialmente aprobados.

El apoyo de la ONU debería distinguir entre las compañías que están impulsando las SDG a través de filantropía o responsabilidad social corporativa y aquellas que las han integrado en el núcleo de su modelo de negocio por medio de desarrollo de productos, promoción de venta, compras en la cadena de suministro y decisiones de asignación de recursos por parte de los altos directivos. Además, en ambos casos, debe exigirse que las compañías articulen qué es lo que están haciendo en forma diferente para impulsar su compromiso hacia las SDG.

Sumar los compromisos: Hay un riesgo de que las metas voluntariamente elegidas por las empresas, incluso si se cuantifican y tratan con seriedad, nunca representen un progreso notorio hacia los resultados necesarios. Por lo tanto, la ONU debería sumar los objetivos específicos planteados por cada compañía autorizada y reportar si es que los esfuerzos acumulados de las diferentes industrias significarán un avance medible en cada meta. Luego, a partir de esa información, pueden alentar a nuevas compañías a unirse y a las existentes a expandir sus ambiciones, de forma que los esfuerzos combinados muestren un verdadero progreso.

Facilitar Asociaciones: La ONU, sus agencias y las coaliciones de los CEO o directores deberían organizar alianzas multisectoriales para trabajar en forma conjunta hacia cada una de las metas, como se contempla en la meta SDG. Las metas crean un lenguaje común entre compañías, ONG, gobiernos y agencias de desarrollo, lo que le permite a estos diferentes sectores encontrar un enfoque compartido que ilumine oportunidades de colaboración. Un encuadre de “impacto colectivo” puede ayudar a los actores en estos diversos sectores a formar coaliciones efectivas para impulsar iniciativas ambiciosas al definir una agenda, implementar sistemas conjuntos de medición, involucrarse en actividades que se refuercen mutuamente y crear un sistema de apoyo y comunicación que sostenga a las coaliciones.

Las SDG ofrecen el potencial para unir a las organizaciones más poderosas del mundo –gobiernos, corporaciones y sociedad civil– detrás de una sola agenda para salvar a la humanidad y al planeta de la devastación. Incluir al sector privado en su desarrollo y ejecución puede magnificar las oportunidades de éxito. Sin embargo, a menos que garanticemos que el compromiso del sector privado va más allá de promesas difusas, nunca alcanzaremos los objetivos y las compañías presumirán orgullosamente sus “compromisos” mientras dejan que miles de millones de personas sufran las potencialmente mortales consecuencias de la inacción.