Por: Alan Saborío.   21 noviembre

Un reciente estudio de Deloitte sobre la forma de generar equilibrio entre vida personal y laboral en medio de la pandemia, encuestó a 400 mujeres profesionales y concluye que el 82% se han visto afectadas negativamente por la pandemia.

¿Qué estamos haciendo desde las empresas, entidades públicas y organizaciones en general para considerar estos hechos? Si no estamos haciendo nada, tenemos un nuevo y serio problema entre manos.

Estas colaboradoras tienen, hoy, más trabajo que antes, en el cuido y educación de los niños y niñas, en la atención de las tareas del hogar, y conociendo como son, sin duda sienten una enorme responsabilidad de atender, a la hora que son recibidas, en medio de la virtualidad, las solicitudes de sus superiores y compañeros.

Estamos hablando, al menos respecto a este estudio, de mujeres cuyas condiciones económicas podrían permitir tener un apoyo adicional para estas tareas. ¿Qué pasa con las colaboradoras con menor escolaridad? Si bien es responsabilidad del Estado atender las opciones para el cuido de los niños en el caso de mujeres, jefas de familia, que lo requieren para trabajar, la situación fiscal sin duda va a ser un factor que complicará esto aún más.

Entonces nos toca en las empresas una mayor participación. El estudio mencionado define seis acciones inmediatas a realizar:

Hacer que el trabajo flexible sea la norma. Si ya sabemos que la virtualidad funciona, por qué no dar un paso más y permitir que la jornada sea la que requiera la persona para el cumplimiento de sus tareas con justo equilibrio para ella. Para eso será necesaria la acción 2:

Liderar con empatía y confianza. Un buen jefe, tareas claras, planes bien ideados y analizados, diálogo oportuno, son el punto de partida de un trabajo bien cumplido. Lo hemos visto siempre en las organizaciones con las colaboradoras mujeres: su enfoque a resultados es admirable, así que, ¿por qué dudar de que puedan cumplir con el trabajo?

Crear redes y esquemas de tutoría en horas diferentes, según necesidades.

Orientar el aprendizaje con flexibilidad. Un insumo más que nos da la virtualidad es que se puede capacitar a distancia, on demand. Una tarea que debemos asignar a las áreas de recursos humanos y que las jefaturas y líderes deben acompañar.

Luchar contra los prejuicios. La empresa puede generar acompañamiento a los líderes para que en su día a día no tengan o incentiven acciones que hagan sentir irresponsables a las colaboradoras que trabajan con flexibilidad y se adaptan a sus circunstancias para cumplir con su trabajo.

El sexto consejo es perfecto y lo resume todo: hacer que la diversidad, el respeto y la inclusión no sean negociables y estén en cultura de la empresa.