La guerra en Medio Oriente suma cinco semanas sin señales de desescalada y con una presión creciente sobre los mercados energéticos. La jornada de este 4 de abril estuvo marcada por nuevas ofensivas, tensiones diplomáticas sin avances y un episodio que elevó el riesgo de una escalada mayor.
Donald Trump dio un ultimátum de 48 horas a Irán para reabrir el Estrecho de Ormuz, principal punto de presión en el conflicto. Teherán rechazó la exigencia y mantiene el control sobre una ruta clave para el comercio energético global.
“Recuerden cuando le di a Irán diez días para CERRAR UN ACUERDO o ABRIR EL ESTRECHO DE ORMUZ. El tiempo se acaba: 48 horas antes de que todo el infierno se desate sobre ellos”, escribió Trump en Truth Social.
El estrecho se mantiene bloqueado desde el 2 de marzo y concentra cerca del 20% del flujo mundial de petróleo. Su cierre parcial consolida el mayor punto de presión geopolítica de Irán frente a Estados Unidos y sus aliados, con efectos directos sobre precios e inflación global.
Irán utiliza el control del paso marítimo como herramienta de negociación y permite únicamente el tránsito limitado de embarcaciones con bienes esenciales o acuerdos puntuales. La decisión sostiene la tensión y condiciona cualquier intento de negociación.

En paralelo, este sábado registró nuevos ataques y episodios de violencia en varios frentes activos del conflicto, lo que confirma su carácter regional y no bilateral.
Al menos seis explosiones se escucharon en horas de la tarde en Jerusalén tras la detección de nuevos misiles disparados desde Irán, informaron periodistas de la AFP.
Los ataques iraníes también provocaron daños en zonas urbanas de Israel y afectaron infraestructura, mientras continúan las operaciones militares de Estados Unidos e Israel dentro del territorio iraní.
Rusia inició la evacuación de 198 trabajadores de la central nuclear de Bushehr tras un ataque cercano, que fue condenado internacionalmente por el riesgo que implica para instalaciones sensibles.

Los bombardeos también alcanzaron instalaciones petroquímicas y zonas fronterizas, mientras en el Golfo se reportaron incidentes vinculados a drones y daños en infraestructura energética.
Los ataques estadounidenses e israelíes del sábado también alcanzaron un centro petroquímico, una cementera y una terminal comercial en la frontera entre Irán e Irak, donde se reportó la muerte de una persona.
Irán afirmó haber atacado con drones un buque vinculado a Israel en el estrecho de Ormuz, ampliando el alcance del conflicto hacia el comercio marítimo y elevando el riesgo para rutas energéticas estratégicas.
Autoridades iraníes señalaron que más de 30 universidades han sido blanco de ataques desde el inicio de la guerra, en una señal de ampliación de objetivos hacia infraestructura civil y académica.
El ministro iraní de Relaciones Exteriores, Shahid Beheshti, advirtió que los ataques en el sur del país podrían provocar una “lluvia radioactiva” que afectaría a países del Golfo, lo que introduce un nuevo nivel de riesgo en el conflicto.
La ofensiva se extiende a otros escenarios. En Líbano, los enfrentamientos con Hezbolá continúan, mientras en Yemen los hutíes mantienen operaciones coordinadas con Irán. Irak también registra ataques de milicias proiraníes contra objetivos vinculados a Estados Unidos.
Un hospital en la ciudad libanesa de Tiro sufrió daños tras bombardeos israelíes, dejando al menos 11 heridos, incluidos socorristas, en un episodio que evidencia el impacto del conflicto sobre infraestructura civil.
Indonesia condenó el incidente como “inaceptable” y señaló que “estos hechos subrayan la urgente necesidad de reforzar la protección de las fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU en medio de una situación de conflicto cada vez más peligrosa”.
En Irak, un ataque con drones provocó un incendio en un complejo petrolero de Burjesia operado por empresas extranjeras, ampliando el impacto directo sobre la infraestructura energética regional.
El conflicto mantiene así múltiples frentes abiertos de forma simultánea, lo que reduce las probabilidades de contención rápida y eleva el riesgo de una escalada prolongada, aunque Trump asegure que la guerra terminará en “dos, quizás tres semanas”.
Impacto económico y presión energética
El efecto económico de la guerra se consolida como uno de los principales factores de preocupación global. El cierre de Ormuz reduce la oferta de crudo en el mercado y ha generado una fuerte volatilidad en los precios.
Proyecciones de mercado apuntan a que el barril podría alcanzar entre $150 y $200 si el bloqueo se prolonga, lo que implicaría un impacto directo sobre la inflación global y el crecimiento económico.
El encarecimiento de la energía afecta especialmente a países importadores, mientras beneficia a exportadores, en un escenario que incrementa la incertidumbre en mercados financieros y cadenas de suministro.
La presión sobre el petróleo ya genera efectos en cadenas logísticas y decisiones de abastecimiento, con países evaluando rutas alternativas ante la incertidumbre en el Golfo.
Analistas consultados por Bloomberg advierten que un cierre prolongado del estrecho podría consolidar el mayor shock energético en décadas, con impactos sostenidos en inflación y actividad económica global.
Diplomacia sin avances y escenarios abiertos
Las negociaciones entre las partes continúan sin resultados. Estados Unidos mantiene exigencias vinculadas al programa nuclear iraní y su influencia regional, mientras Irán condiciona cualquier diálogo al cese de ataques.
“El proceso ha conducido a un callejón sin salida geoestratégica”, afirmó el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan.
Rusia condenó los ataques contra instalaciones nucleares iraníes y solicitó evitar operaciones en esas zonas, según declaraciones oficiales.
La falta de avances mantiene abiertos varios escenarios: desde una guerra prolongada de desgaste hasta una escalada mayor si se intenta forzar militarmente la reapertura del estrecho.
Ninguna de las partes muestra disposición a ceder, lo que deja al conflicto en una fase de alta tensión sostenida y con impacto directo sobre la economía global.


