Por: AFP .   15 septiembre
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla mientras el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, el ministro de Relaciones Exteriores de los Emiratos Árabes Unidos, Abdullah bin Zayed Al-Nahyan, y el ministro de Relaciones Exteriores de Bahrein, Abdullatif al-Zayani, escuchan antes de participar en la firma de los Acuerdos de Abraham. Fotografía: AFP.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla mientras el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, el ministro de Relaciones Exteriores de los Emiratos Árabes Unidos, Abdullah bin Zayed Al-Nahyan, y el ministro de Relaciones Exteriores de Bahrein, Abdullatif al-Zayani, escuchan antes de participar en la firma de los Acuerdos de Abraham. Fotografía: AFP.

En cuanto Israel y Emiratos Árabes Unidos anunciaron el establecimiento de relaciones, Eugene Kandel empezó a recibir “decenas de invitaciones de emiratíes en LinkedIn”. Un mes después, el “jefe” de la start-up Nation Central viaja a Dubái para vender tecnología israelí, utilizando la carta de la minoría árabe de Israel.

Las empresas israelíes no esperaron a la firma de los acuerdos de normalización entre el Estado hebreo, Emiratos Árabes Unidos y Baréin, este martes en Washington, en presencia del presidente estadounidense Donald Trump, para visitar Abu Dabi y Dubái cargados de catálogos con sus productos tecnológicos.

Tras el paso de los gerifaltes de los servicios de inteligencia, de seguridad y de los altos funcionarios, las empresas israelíes acudieron la semana pasada a Emiratos, precediendo a una veintena de actores de la industria que hicieron lo propio el lunes.

Entre ellos, Eugene Kandel, exconsejero económico del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, al frente de la start-up Nation Central. Esta organización del sector tecnológico israelí registró un aumento del 33% en sus inversiones en el primer semestre, hasta los $4.600 millones, según un estudio interno divulgado el lunes.

Pero esta subida en plena pandemia tampoco significa que todo sea de color rosa en el reino de las tecnológicas, pues los contratos que se negociaron el pasado año se han contabilizado en 2020.

En los próximos meses, Israel podría vivir un “declive” de las inversiones, sobre todo extranjeras, en las empresas emergentes, según explicó Kandel. En ese punto radica el interés del acuerdo con Emiratos.

Hasta ahora, las empresas jóvenes israelíes tendían a florecer en el país antes de que las compraran compañías extranjeras, algo que ha cambiado en los “últimos cinco años”, aseguró Kandel.

“Como esas compañías empezaron a crecer, cada vez hacía falta más capital para asegurar su crecimiento y creemos que hay un potencial para que esta tendencia continúe y que [el dinero] de Emiratos sustituya esas inversiones” que se van retirando, apuntó.

Israel y Emiratos han hecho alusión a intercambios comerciales en los campos de la agrotecnología, pues ambos países buscan alcanzar la autonomía alimentaria en pleno desierto; de las tecnologías financieras y de la ciberseguridad, un ámbito que, según sus detractores, podría llegar a abarcar el uso de programas espía.

Según el diario Haaretz, en los últimos años, la empresa israelí NSO, cuyo programa espía Pegasius permite traspasar a distancia los datos de celulares, firmó contratos con potencias del Golfo como Abu Dabi y Baréin.

Y eso, sin contar las inversiones potenciales en tecnología militar, como drones, misiles y sistemas antidrones y antimisiles, de los que Israel es uno de los líderes mundiales.

Árabes con talento

En esos sectores, Israel se distingue sobre todo porque el servicio militar obligatorio y las unidades de élite sirven de incubadora para las empresas emergentes. Tanto los judíos ultraortodoxos (10% de la población) como los árabes (20% de la población) están exentos de realizar el servicio ultraortodoxo, y ambas comunidades están infrarrepresentadas en el sector de la tecnología.

Pero, desde hace 15 años, el número de estudiantes árabes del Technion, el MIT israelí, se ha incrementado en un 200%, según el establecimiento. De este modo, hay más graduados árabes israelíes, pero estos no se acaban integrando en las empresas emergentes israelíes.

Con la normalización con los países del Golfo, las empresas israelíes tendrán que recurrir a esos jóvenes talentos árabes, estimó Kandel. “Creemos que los árabes israelíes podrán actuar como puentes culturales ya que, por un lado, saben trabajar con la mayoría judía [del país] y, por otro, con el mundo árabe”.

“Habrá una necesidad añadida, no solo para los desarrolladores informáticos sino también en el mercadeo y la venta, las empresas podrán enviar a un israelí a un país árabe para vender sus productos directamente y ahí se necesitan personas que hablen la lengua [árabe]”, subrayó.

El empresario israelí Erel Margalit, que preside la sociedad de inversiones JVP Margalit, especializada en la ciberseguridad, la inteligencia artificial y la tecnología financiera, visitará Emiratos dentro de poco, junto a una veintena de empresas.

“Queremos invertir en jóvenes empresarios árabes dinámicos y brillantes”, declaró, destacando su interés en invertir en un país que busca no solo “comprar tecnología, sino innovar”, con la meta de abrir su propio hub de empresas emergentes en Dubái. “Ese es nuestro objetivo, es nuestro sueño y serviría de pasarela para toda la región”.