Negocios

Firmas de abogados siguen encontrando valor en las alianzas regionales

Una de las uniones más recientes es la plataforma Alta Legal, donde se reúnen cuatro bufetes centroamericanos

En la última semana de mayo cuatro bufetes anunciaron su alianza estratégica para trabajar juntas como Alta, una nueva firma legal centroamericana. Los miembros son Batalla en Costa Rica, Valdés, Suárez & Velasco en El Salvador, QIL+4 Abogados en Guatemala y Melara & Asociados en Honduras.

La propuesta de Alta es “brindar soluciones empresariales regionales por expertos legales locales”, un concepto que ha atraído en el pasado a otros bufetes, ya sea mediante la apertura de oficinas con su marca en otros países, o inscribiéndose en plataformas de mayor tamaño.

¿Qué impulsa a las firmas a buscar este tipo de asociaciones? ¿Y por qué muchas veces resulta difícil mantenerlas en el tiempo?

Una región como Centroamérica puede ser vista como la suma de sus países para las operaciones de clientes corporativos de gran alcance, y de firmas locales en expansión. Esto impulsa la demanda de competencia en el mercado de los servicios legales complejos: las empresas quieren comparar y elegir entre ofertas con proyección hacia otros países.

Ximena Martín, miembro de la junta directiva del Colegio de Abogados y Abogadas de Costa Rica, explicó que la alianza entre bufetes locales o regionales se justifica en el deseo de fortalecer y expandir servicios, cartera de clientes y aliados estratégicos especializados.

“Teniendo claro que el mercado nacional no es infinito, las razones de los bufetes para buscar este tipo de sociedades, cada vez más frecuentes, se centran en brindar la más especializada, integral y eficiente asesoría legal a sus clientes, pero también en poder asesorarlos en la estructuración financiera, de negocios y de comercio internacional. Esto es lo que actualmente exigen las condiciones de mercado de las compañías que contratan sus servicios, cuya tendencia hacia la competitividad regional y mundial es inminente”, explicó Martín.

Una de las condiciones detrás de estas necesidades es que muchos negocios son independientes de una localización geográfica, gracias al impacto de la tecnología y la expansión de los mercados.

María José Yglesias Ramos, decana de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Latinoamericana de Ciencia y Tecnología (Ulacit), y especialista en resolución de conflictos y administración de proyectos legales, explicó que la asesoría legal ha evolucionado para proveer servicios integrales, internacionales y más sofisticados, así como para competir por oportunidades de negocio con ese carácter.

“Estar realizando búsquedas coyunturales de colegas y firmas que colaboren con casos particulares, si bien puede resolver una necesidad específica, no siempre será la mejor estrategia; a mediano y largo plazo suele ser más ventajoso para la firma como para el cliente, poder consolidar una operación regional o internacional, ya sea mediante alianzas formales, participación en redes de práctica, mediante expansión de las operaciones propias, o de otras maneras. Existen distintas fórmulas para hacerlo”, comentó Yglesias.

Mariano Batalla, socio de Alta Batalla, señaló que la nueva firma es el resultado de “muchos años de amistad”, experiencia regional conjunta y colaboración recíproca entre las cuatro oficinas.

“Llevábamos más de siete años trabajando juntos en un sinfín de transacciones y asuntos de clientes regionales. Hace cerca de tres años, tuvimos una conversación donde analizamos detenidamente si tendría sentido que las cuatro firmas se combinaran en una sola y qué podríamos traer a la mesa que ninguna otra firma regional tuviera.

Batalla también reconoció que para muchas empresas de Centroamérica, los países de la región son un solo mercado que debe ser atendido como tal. Hasta ahora, según el especialista, esas empresas habían tenido que escoger entre un consejo legal experto en cada país y propuestas regionales sin contexto local. Sin embargo, Batalla aseguró que la clave está en el posicionamiento, pues varias de las firmas predecesoras ya tenían operaciones regionales e incluso fuera de Centroamérica.

“Para efectos de contexto, hay más de quince firmas legales “regionales” en Centroamérica, así que el simple hecho de ser regional no representa ni un 5% de la estrategia. A lo interno de Alta, no decimos que somos regionales, sino regiocales, que significa que todos debemos procurar dar soluciones regionales de negocios, pero con nuestra acostumbrada precisión legal local. Lo que buscamos es ofrecer soluciones multidisciplinarias basadas en el profundo entendimiento del negocio de nuestros clientes”, enfatizó Batalla.

El equipo regional vio una oportunidad en la aparente diferencia de estándares en servicio y experiencia de negocios en otras opciones regionales.

“En un congreso en que participamos hace un tiempo, escuchamos a muchos clientes multinacionales en la región que no usaban la misma firma regional en cada país sino que diseñaban su propia firma regional seleccionando y eligiendo entre las oficinas locales de varias firmas regionales, porque la calidad del servicio y la experiencia no era la mejor: la desigualdad que existe en otras firmas regionales (hace) que tengan algunas oficinas locales muy poderosas en un país que son irreconocibles en otro”, aseguró Batalla.

La búsqueda de alianzas y la creación de nuevas marcas con más tracción y capacidades ampliadas, genera un proceso de dinamización del sector de los bufetes locales y regionales. Sin embargo, uno de los retos ha sido mantener su estabilidad en el tiempo.

Yglesias, de Ulacit, quien también tiene experiencia en firmas regionales, aseguró que trabajar en este tipo de organizaciones requiere más destrezas que las de una oficina local tradicional.

“No basta con conocer el Derecho, sino que se requieren competencias corporativas: las habilidades para trabajar en equipos interdisciplinarios y multiculturales; el manejo de herramientas tecnológicas que en este tipo de firma se emplean intensivamente; habilidades ejecutivas y de gerencia de proyectos; inversión en capacitación y desarrollo de los equipos de trabajo; bases de cultura general, entre muchas otras destrezas, son aquí imprescindibles. Los estudiantes de Derecho que se visualicen formando parte de este tipo de operaciones, deben invertir responsablemente en formarse en esa dirección, e ir generando redes de contacto profesional, desde que se encuentran en la Facultad”, subrayó Yglesias.

Martín aseguró que el Colegio de Abogados recuerda a sus agremiados que las firmas legales se miden por sus proyectos, por su innovación y sus ideas, no tanto por su patrimonio, con una agenda abierta a la internacionalización y hacia la competitividad regional y mundial.

“Para poder sacar provecho de las grandes oportunidades y caminos que ha abierto la globalización de los servicios legales y las tecnologías disruptivas, los y las profesionales en derecho y las firmas legales en las que tienen participación no deben centrarse únicamente en captar una mayor cantidad de trabajo, de casos y transacciones, sino en que las mismas sean rentables para la firma, en la sostenibilidad empresarial, y en propiciar e impulsar cada vez más una mayor capacitación, actualización continua y especialización de los agremiados y las agremiadas en las diversas ramas del derecho”, especificó Martín.

Jéssica I. Montero Soto

Jéssica I. Montero Soto

Jéssica Montero es periodista de la sección de Negocios de El Financiero.

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