Por: María Luisa Madrigal.   31 mayo
La última piedra fue la COVID-19. La pandemia los hizo volver a cerrar, como pasó únicamente en el 2011, después de 33 años de trabajo ininterrumpido. Esta vez la pausa fue obligada, ajena al trabajo y de la que volvieron lo más pronto posible. Foto: Mayela López
La última piedra fue la COVID-19. La pandemia los hizo volver a cerrar, como pasó únicamente en el 2011, después de 33 años de trabajo ininterrumpido. Esta vez la pausa fue obligada, ajena al trabajo y de la que volvieron lo más pronto posible. Foto: Mayela López

En sus 42 años de operación el Cine Magaly ha enfrenta retos grandes y pequeños. Sobrevivió a la migración de las salas de cines a los centros comerciales y la llegada del streaming. Y ahora lidia con el golpe de la pandemia por el nuevo coronavirus.

El COVID-19 hizo que el cine cerrara sus puertas por segunda ocasión en su historia. Esta vez la pausa fue obligada, ajena al trabajo y de la que volvieron lo más pronto posible.

Antes de recibir orden de cierre, el 19 de marzo fue la última función del Cine Magaly. El 11 de mayo, casi dos meses después, volvieron a abrir sus puertas.

Durante esos 53 días sin actividad económica, las decisiones tomadas por la compañía les ayudaron a mantenerse con vida, de acuerdo con Luis Carcheri, director cine Magaly.

Una de las principales ventajas es que las instalaciones del cine, ubicado en barrio La California en San José, son propias por lo que no estuvieron condicionados a pagar alquiler durante el parón de las funciones.

Tampoco tenían la preocupación de altos costos de electricidad que cancelar sin recibir ingresos frescos. Aunque el Gobierno giró la orden de que las empresas afectadas podrían pagar solo parte de sus recibos de electricidad hasta por tres meses, el dinero se debe cancelar una vez pasado ese lapso. Sin embargo, el Magaly había invertido en paneles solares que de marzo a mayo sostuvieron la producción y les mantuvo alejados de deudas a futuro.

Aún así, mantener un negocio sin clientes durante 53 días es duro. Los ahorros y la ausencia de deudas han jugado a favor de la empresa.

Su gran tamaño permitió, una vez instaurado el concepto de burbuja social, una habilitación de butacas razonable, con 140 espacios disponibles. Ese número, según Carcheri, es el tamaño promedio de cualquier sala de cine del país, pero con el que cumplen, fácilmente, con el protocolo de salud. Foto: Mayela López
Su gran tamaño permitió, una vez instaurado el concepto de burbuja social, una habilitación de butacas razonable, con 140 espacios disponibles. Ese número, según Carcheri, es el tamaño promedio de cualquier sala de cine del país, pero con el que cumplen, fácilmente, con el protocolo de salud. Foto: Mayela López

El gran tamaño del cine, que cuenta con 557 butacas, permite que aún con topes en el aforo cuenten con 140 espacios disponibles. Ese número, según Carcheri, es el tamaño promedio de cualquier sala de cine del país, pero con el que cumplen, fácilmente, con el protocolo de salud.

“Aplicando el concepto de burbujas, quedamos en el tamaño habitual de una sala de cine del país”, explicó el director del cine. Esta cantidad de público hacía rentable volver a proyectar y estrenar nuevas películas.

No solo debieron reducir el aforo, también se recortó el número de funciones diarias. De cuatro proyecciones al día, en mayo pasaron a solo una. Actualmente prgroaman dos funciones diarias.

Durante casi dos meses de pausa, el cine mantuvo su personal completo y con pocos puestos en jornada reducida. Esto ha sido una ventaja importante tras la reapertura, de acuerdo con Carcheri, porque justamente es el personal el encargado de que las medidas sanitarias se realicen con éxito.

“Saben y sienten que su labor es vital, reconocen la responsabilidad de su papel, para que toda la empresa pueda funcionar bien. Crea en ellos una situación de unidad con la empresa. Eso se refleja en el celo con el que realizan su trabajo”, detalló Carcheri.

También se refleja en el público. Desde que el cine volvió a abrir, regresaron a la sala, poco a poco confiando en las medidas sanitarias del local.

El cine ha multiplicado sus acciones sanitarias. Además de la venta de boletos en línea y el uso de mascarillas y aguantes por parte del personal, se instaló un protocolo que abarca todo el tiempo que las personas permanecen en el inmueble.

Una vez que la persona llega al cine, se le toma la temperatura para comprobar que no tenga fiebre y que pueda ingresar a la sala. Después, debe pasar por una alfombra sanitizante.

Para comprar alimentos, las personas deben hace fila guardando dos metros de distancia.

Dentro de la sala hay señalización por colores que destacan las butacas disponibles, hay algunas sillas juntas para burbujas sociales de una pareja o tres personas. Antes de la proyección de la película se transmite una animación con las medidas de seguridad y cómo se realizará la salida del cine.

Una vez que la persona llega al cine, se le toma la temperatura para comprobar que no tenga fiebre y que pueda ingresar a la sala. Después, debe pasar por una alfombra sanitizadora para evitar cualquier contaminación que entre desde los zapatos. Fotos: Mayela López
Una vez que la persona llega al cine, se le toma la temperatura para comprobar que no tenga fiebre y que pueda ingresar a la sala. Después, debe pasar por una alfombra sanitizadora para evitar cualquier contaminación que entre desde los zapatos. Fotos: Mayela López

“Aplicamos algo que no era nada novedoso y con lo que la gente está familiarizada. Es lo que hacen las aerolíneas cuando le piden a los pasajeros abordar el avión en grupos. Al final de la película, alguien del personal va llamado por filas”, declaró Carcheri

Sin embargo, la pandemia sigue presente y mientras no termine el día a día no volverá a ser lo que era antes del 19 de marzo.

En comparación con los días pre-pandemia, la afluencia de público es limitada. Aunque el cine no ofrece más del 25% de la capacidad, es un número que sigue sin llenarse, porque, además de que hay una reducción en la capacidad, el público está siendo cauteloso.

Por ejemplo, el pasado viernes 22 de mayo, a la función más numerosa asistieron 121 personas, 19 menos que la capacidad permitida.

“Va creciendo lentamente la cantidad de personas que se animan a asistir. Lo están haciendo sin perder los hábitos ya adquiridos como el lavado de manos, no tocarse la cara y evitar los saludos”, explicó Carcheri.

El empresario sabe que la situación del Magaly es particular y que otros cines del país no cuentan con la misma suerte. Los complejos de más de siete pantallas están esperando que el Gobierno permita un incremento en la capacidad de aforo. Esta medida se podría presentar a partir del 21 de junio, donde la capacidad de los cines aumenta a un 50%.

Sin embargo, para el empresario otros ajustes deberían venir de la mano con la medida. “Extender la capacidad de operación hasta tandas de 7:00 p.m. los fines de semana ayudaría mucho a que otras empresas puedan sumarse”, dijo.

Tres consejos

¿Cuál es la principal lección que aprendió como empresario?: El aprendizaje es que es vital para el negocio haber desarrollado un vínculo de confianza entre la empresa y sus visitantes. Es vital para nosotros ser portadores de un sentimiento de protección, de seguridad, hacia el cliente.

Lo principal para atraer clientes ha sido: Asegurar su seguridad sanitaria

¿Volverá su negocio a ser el mismo de antes? ¿En cuánto tiempo?: Trabajamos para esto. Para esto el cine ha invertido en la adquisición de un catálogo de películas fuera de serie.

Próximos estrenos:

1 de junio: El permiso

8 de junio: El jugador de ajedrez. El monto correspondiente a la casa productora, que logre la recaudación de la película, será donada para apoyar al tratamiento del COVID-19)

15 de junio: El mejor verano de mi vida. Esta película se espera distribuir en cines a nivel nacional.