Un analista en una firma de Nueva York ve cómo una herramienta de inteligencia artificial (IA) procesa miles de documentos legales en segundos. Mientras tanto, en las zonas rurales de Etiopía, el acceso a la electricidad sigue siendo un lujo que impide el uso de cualquier tecnología básica. Esta disparidad técnica marca el pulso de la economía mundial actual.
Moody’s Ratings advierte que la IA no es una herramienta uniforme, sino un factor que profundizará las diferencias entre las potencias conectadas y los mercados que aún luchan por servicios básicos.
La noticia no es solo el avance técnico, sino cómo la estructura ocupacional de cada país decidirá su futuro financiero. La calificadora señala que “los avances en IA afectarán al mercado laboral de manera más generalizada y profunda que los desarrollos tecnológicos anteriores”.
A diferencia de la máquina de vapor, esta revolución ataca tareas cognitivas no estructuradas de forma masiva en la actualidad. Moody’s estima que “las ganancias promedio de productividad derivadas del uso de la IA generativa son del 1,5% anual en una muestra de 106 soberanos”.
Si analizamos esta cifra, un aumento del 1,5% cada año se traduce en una mejora acumulada de casi el 15% en una década. Este crecimiento superaría los registros de las últimas dos décadas en las economías maduras, donde la productividad total se ha estancado.
Sin embargo, el beneficio económico total no será gratuito para la fuerza laboral que debe adaptarse. El informe global prevé que “la IA reemplazará o complementará ocupaciones actuales”, lo que generará una transformación obligatoria en el perfil de los trabajadores.
El incentivo de los salarios altos para la automatización total
La rentabilidad de la IA depende directamente de cuánto cuesta el trabajador humano en cada mercado. Moody’s explica que “la variación en los resultados entre las economías avanzadas y los mercados emergentes oculta los matices subyacentes” que rigen la adopción técnica hoy.
En países con sueldos elevados, el retorno de inversión por automatizar procesos es casi inmediato. Por ello, “es probable que las economías avanzadas experimenten mayores ganancias por su mayor exposición a la IA”, lideradas por naciones como Luxemburgo, Suecia y Dinamarca.
En estas potencias, el salto de eficiencia podría alcanzar hasta el 2,9% anual para los sectores más expuestos. Al tener empleados con salarios competitivos, las empresas prefieren invertir en programas informáticos avanzados para reducir costos operativos y aumentar su margen de ganancia.
Por el contrario, el bajo costo de la mano de obra en el mundo en desarrollo actúa como un freno para la innovación. Moody’s afirma que “los mercados emergentes generalmente están menos expuestos al desplazamiento (...) debido a sus salarios más bajos” y a su infraestructura digital.
Si un trabajador en Laos gana menos de $120 mensuales, no existe un incentivo financiero real para reemplazarlo con sistemas de IA. Esto crea una “trampa de baja productividad” donde los países pobres se mantienen competitivos solo mediante salarios bajos y estancados.
El Banco Mundial añade en una investigación que la falta de infraestructura básica es el primer muro para la región. En las naciones de bajos ingresos, solo el 27% de las personas usa Internet, lo que anula cualquier posibilidad de integrar la IA en su tejido productivo real ahora.

La incertidumbre del reempleo y la desaparición de roles administrativos
La verdadera crisis social de este 2026 radica en la calidad del trabajo futuro para los desplazados. Moody’s advierte que “algunos trabajadores desplazados perderán sus empleos o trabajarán de manera menos productiva en funciones posteriores”, presionando los presupuestos.
No existe garantía de que el ciclo de “destrucción creativa” funcione esta vez como en revoluciones pasadas. El informe duda: “No está claro si los trabajadores desplazados por la IA podrán acceder a nuevos empleos con mayor productividad” que ofrezcan salarios dignos.
Los roles administrativos y de oficina son los más vulnerables en este nuevo escenario económico global. Tareas como la entrada de datos, cajeros bancarios y servicios postales están en una trayectoria de contracción neta rápida hacia el año 2030, según el Foro Económico Mundial citado por Moody’s.
Sin embargo, hay una ventana de esperanza en el surgimiento de nuevas categorías laborales de alta tecnología. Moody’s subraya que “las tareas recién creadas tienen más probabilidades de respaldar las ganancias de productividad”, aunque cambiarán el alcance total del trabajo.
Especialistas en big data, ingenieros en fintech y científicos de datos lideran la demanda de empleo para la década. El problema es que estos puestos requieren un nivel de capacitación científica que gran parte de los desplazados actuales no posee ni puede costear hoy.
En mercados como el costarricense, el desplazamiento laboral conlleva el riesgo de empujar a los trabajadores a la informalidad. Pasar de un empleo formal a uno informal implica una penalización salarial y la pérdida de beneficios de seguridad social fundamentales para la vejez.
Para las mujeres y los trabajadores urbanos altamente educados, la exposición al cambio es máxima actualmente. El Banco Mundial confirma que estos grupos están en sectores más “cognitivos”, lo que los sitúa en la trayectoria directa de la automatización por parte de modelos.

Implicaciones fiscales y el papel de la regulación soberana
El éxito de una nación en la era de la IA se reflejará directamente en su salud financiera nacional. Moody’s concluye que “las implicaciones crediticias para los soberanos reflejarán el equilibrio entre los costos sociales y fiscales” y las ganancias obtenidas por el país.
Un país que no logre reeducar a sus ciudadanos enfrentará facturas masivas por desempleo y jubilaciones anticipadas. Este gasto social podría erosionar los beneficios fiscales de la mayor productividad empresarial, poniendo en riesgo la estabilidad de la deuda estatal nacional.
La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) sugiere que la solución podría estar en la integración de la IA con la robótica industrial moderna. Si la tecnología se traslada a vehículos autónomos y fábricas automatizadas, los beneficios de productividad se extenderán a los operarios en todo el país.
Por su parte, la regulación europea plantea un dilema de innovación para la región en el periodo actual. El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que leyes como la Ley de IA de la Unión Europea podrían reducir las ganancias de productividad en un 30% si el cumplimiento de normas de privacidad limita el desarrollo técnico.
Costa Rica se posiciona en un lugar estratégico dentro del Índice de Preparación ante la IA (AIPI) regional. Con una infraestructura digital superior al promedio de Centroamérica, el país podría acelerar sus ganancias en solo seis años si mantiene el ritmo de adopción actual.
Para sostener esta ventaja, es prácticamente vital mantener salarios competitivos que justifiquen la inversión en eficiencia técnica. Como muestra el ranking de salarios de la Revista Mercado, el país lidera la región con $751 mensuales, lo que fomenta una digitalización más profunda y real.
La IA en 2026 no es solo una cuestión de algoritmos, sino de sobrevivencia económica nacional. La capacidad de cada nación para gestionar el desplazamiento humano y fomentar la creación de nuevas tareas decidirá quién liderará el ranking de riqueza global pronto.
| País | Salario mínimo 2026 | Posición en el ranking |
|---|---|---|
| Costa Rica | $751 | 1 |
| Uruguay | $648 | 2 |
| Panamá | $636,8 | 3 |
| Chile | $597 | 4 |
| Venezuela | $0,44 | 19 |
