Una botarga se podría definir básicamente como la versión “en vivo” de una marca. Es ese personaje de cuerpo completo que convierte un logotipo en alguien que se puede ver, tocar e interactuar, cuyo objetivo es humanizar a las empresas y aunque hoy la Inteligencia Artificial está en prácticamente todas las facetas de la vida diaria, estas figuras siguen vigentes.
Personajes como la Vaca Lula de Dos Pinos, Mamá Lucha de Walmart, el Gallo Gollo o las mascotas de los equipos de fútbol en Costa Rica —solo por mencionar algunos— son mucho más que simples disfraces: son activos estratégicos de marca que actúan como puente entre una organización y su audiencia. En muchos casos, sin necesidad de un mensaje complejo, logran comunicar las intenciones de la marca y establecerse en el top of mind de los clientes, trascendiendo incluso la edad o clase social.
El cerebro humano, biológicamente hablando, está diseñado para esa interacción y por eso causa una reacción positiva ver al personaje bailar o participar en una carrera e incluso pedirle una fotografía. A diferencia de un anuncio en redes sociales, que suele ser efímero, una interacción personal se convierte en un recuerdo y esto a su vez permite retener el mensaje de la marca, que comunica desde la botarga.
“En una era de hiperdigitalización, el consumidor experimenta fatiga atencional y saturación algorítmica, la botarga representa una experiencia no filtrada por pantalla. Ese contraste genera autenticidad percibida y en términos estratégicos, la autenticidad es hoy uno de los activos más valiosos en la construcción de marca”, comentó Uladislao Dobroski, experto en neurociencias y docente de la Universidad San Marcos.
Una estrategia con propósito
Ahora bien, no basta con tener un muñeco. Si la botarga no tiene historia, propósito y personalidad, se convierte en un disfraz más: una buena botarga debería tener claro por qué existe, qué representa, cómo habla, qué le gusta, qué nunca haría; incluso las marcas más cuidadosas definen reglas de comportamiento.
Estas pautas indican lo que puede hacer el personaje, qué no, cómo actúa con niños, cómo se mueve en cámara, entre otros elementos.
“Cuando se habla de analizar la conexión desde la perspectiva del neuromarketing a través de personajes como lo son las botargas, se parte desde la premisa que el ser humano es un ser social, y desde el punto de vista del neuromarketing, el 85% de las decisiones que se gestionan al momento de la compra se hacen desde la perspectiva emocional, el 14% desde la perspectiva racional y únicamente 1% se realiza de manera impulsiva y sin explicación”, comentó Gineth Quesada, profesora de administración de negocios de Fidélitas.
Según la especialista, el cerebro humano va a priorizar los estímulos multisensoriales (auditivos, visuales y kinestésicos) por encima de los estímulos que se reciben de manera digital. Esta interacción activa a nivel cerebral la amígdala y el hipocampo que son las estructuras cerebrales encargadas de la emoción y de la memoria y además, una “presencia física” (que se puede palpar) genera que sentimientos y acciones como la empatía y la identificación con estos personajes lo que provoca mayor vinculación con las marcas.
Otra clave para que una botarga no sea un muñeco más es que se sienta diferente a lo que ya existe. Si una nueva botarga se ve igual que todas —mismo tipo de cara, mismos colores, mismos chistes—, el público la mete en el saco de lo de siempre y la ignora. Para destacar, los expertos mencionan que el personaje debe ser distinto en al menos tres cosas: cómo se ve (colores, forma, detalles), cómo se comporta (más bromista, más torpe, más protector, más aventurero) y qué emoción genera (ternura, risa, admiración, respeto).
“Pero incluso con un buen diseño, la fama no está garantizada. Hay personajes que se vuelven famosos de la nada, y otros que, a pesar de estar bien pensados, no pegan. Todo depende de si el público siente que el personaje encaja con lo que le interesa y con lo que vive en su día a día. Un ejemplo práctico: una botarga súper heroica puede funcionar bien en un contexto deportivo, pero quizá no tenga sentido en una campaña de educación financiera para adultos mayores. Por eso, antes de lanzar un personaje, conviene preguntarse: ¿esto le va a hacer gracia o sentido a mi público?, ¿se va a querer tomar fotos con él?, ¿va a compartir ese contenido en redes? Si la respuesta es no, tal vez la marca necesite ajustar diseño, historia o tipo de activación”, consideró Nelson Rojas, profesor de publicidad de Fidélitas.
En Costa Rica, según la empresa Amnesia Party, una botarga puede costar desde ȼ1 millón en adelante, dependiendo del estilo y los materiales a utilizar.

Usos para las marcas
En cuanto a la inversión, muchas marcas se preguntan si es “más rentable” pagar una buena botarga y activaciones en calle o meter todo el presupuesto en anuncios en redes. La respuesta más inteligente no es escoger, sino combinar. La pauta digital es excelente para llegar rápido y masivamente, medir resultados y vender en el corto plazo. Pero compite con miles de publicaciones, videos y anuncios que saturan la atención. La botarga y las activaciones BTL, en cambio, quizá lleguen a menos personas en número, pero lo que logran con cada una es mucho más profundo: momentos memorables, fotos en familia, videos que luego se suben a TikTok o Instagram, comentarios entre amigos.
Para Gollo, su botarga del gallo es un activo estratégico que humaniza la marca y crea un vínculo emocional con las familias, funcionando hoy como un personaje híbrido que genera contenido entretenido en redes sociales y experiencias físicas en las tiendas. Esta apuesta no se ve como un gasto, sino como una inversión en recordación que requiere un presupuesto estructurado para su fabricación profesional, mantenimiento constante y la capacitación especializada del personal encargado de darle vida.
La marca informó que el éxito de esta estrategia se mide mediante el aumento de visitas a los locales, el engagement digital y estudios de mercado que confirman que el personaje logra diferenciar a la marca en un entorno saturado. En última instancia, el objetivo es que la botarga mantenga a Gollo como la primera opción en la mente del consumidor costarricense, transformando el entretenimiento en una presencia emocional sostenida y mayor lealtad a largo plazo.
En el caso de la cooperativa Dos Pinos la vaca Lula funciona como una embajadora estratégica cuyo objetivo principal es humanizar la marca y construir un vínculo emocional genuino que trasciende las ventas directas.
Más que un simple disfraz, el personaje actúa como un puente generacional que conecta con niños y adultos por igual, comunicándose de manera universal a través de gestos y lenguaje corporal, lo que le permite romper barreras de inclusión. Su presencia ha evolucionado de los eventos físicos y comunitarios hacia un rol de creadora de contenido híbrido, participando activamente en plataformas como TikTok e Instagram para generar experiencias que sean recordadas alejadas del entorno del punto de venta.
El impacto de Lula se gestiona bajo una estructura profesional que incluye desde protocolos estrictos de comportamiento y mantenimiento técnico de la botarga, hasta una medición detallada de su retorno en “equidad de marca”, según informó la cooperativa.
El éxito de sus apariciones se evalúa mediante indicadores de interacción física, el alcance orgánico de las menciones digitales y el sentimiento positivo de la audiencia en redes sociales. Al ser un activo reputacional clave, cada intervención de Lula —desde visitas a hospitales hasta hitos como su traslado en helicóptero— está alineada con los valores de nutrición y bienestar de la cooperativa, asegurando una conexión emocional sostenida en la mente del consumidor costarricense.
Eso sí, ningún personaje salvará a una empresa que trata mal a sus clientes. Si una marca quiere ser vista como humana, debe serlo desde adentro: buen servicio, respeto, procesos claros, gente capacitada. La botarga debe ser una extensión de esos valores, no una máscara para tapar problemas. Si el personaje es cariñoso en la feria, pero el servicio es frío en la sucursal, el cliente nota la contradicción. En cambio, cuando todo calza —el personaje, la forma en que lo ofrecen, el trato en redes y en los puntos de servicio—, la botarga se convierte en un refuerzo poderoso de lo que la marca ya hace bien.
De cara al futuro, las botargas no van a desaparecer; van a volverse más inteligentes. Ya se habla de trajes con luces LED, sensores que reaccionan cuando la gente se acerca, códigos QR que, al escanear la botarga con el celular, abren juegos, filtros o mensajes especiales. Imagínese ir a una activación en un centro comercial, tomarse una foto con la botarga y que, al enfocar el celular, aparezca una versión animada del mismo personaje invitándolo a participar en un juego o a ganar premios. En Costa Rica ya se ve la combinación de botargas físicas con contenidos digitales en transmisiones, redes y eventos masivos.
En la opinión de los expertos en el campo, los siguientes pasos serán integrar más realidad aumentada, gamificación e incluso IA para darle voz y respuestas más personalizadas a estos personajes. Lo importante es entender que, en un país tan sociable como el nuestro, la presencia física seguirá siendo el corazón emocional de la experiencia, y la tecnología, el megáfono que ayuda a que ese corazón se escuche más fuerte y más lejos.

