Una consulta médica que se resuelve en una tarde, un examen disponible sin meses de espera o una cirugía programada con fecha cercana: esas son algunas de las razones por las que la salud privada ha ganado terreno en Costa Rica.
Mientras la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) sigue siendo el principal soporte sanitario del país, los hospitales privados se han convertido en una alternativa cada vez más utilizada por quienes buscan rapidez, especialistas, tecnología o una experiencia de atención más personalizada.
El crecimiento no responde a un solo factor. Las listas de espera en el sector público, la expansión de los seguros médicos empresariales, la llegada de multinacionales, el turismo médico y los mecanismos de financiamiento han ampliado el mercado para clínicas, centros médicos y hospitales privados.
La competencia ya no se limita a los tradicionales hospitales ubicados en San José o Escazú. Hoy la oferta se desplaza hacia zonas como Guanacaste, Cartago, San Carlos y Pérez Zeledón, donde los operadores privados ven oportunidades en poblaciones que buscan atención más cercana y evitan trasladarse a la capital para procedimientos, diagnósticos o consultas de especialidad.
En Costa Rica, tener acceso a la seguridad social no siempre elimina la necesidad de recurrir a un médico privado. Para muchas personas, ambos sistemas conviven: la CCSS se utiliza para tratamientos de largo plazo, seguimiento de enfermedades, medicamentos o procedimientos de mayor costo; la medicina privada, para resolver consultas urgentes, obtener una segunda opinión, realizar exámenes o atender una condición sin pasar por las largas listas de espera del sector público.
La Encuesta Nacional de Percepción de los Servicios Públicos 2023, en su módulo de salud, reflejó presión sobre el sistema. Un 65,4% de las personas consultadas indicó haber pagado por servicios médicos privados, mientras que 69,6% afirmó haber adquirido medicamentos que no le fueron recetados en hospitales, clínicas o Ebais públicos. Además, 66,3% señaló que tuvo dificultades para obtener una cita en un Ebais.
El mercado de seguros también impulsa el negocio médico. En sectores como tecnología, servicios corporativos, manufactura avanzada y centros de servicios, el seguro se ha vuelto un beneficio habitual para atraer y retener talento. En algunos casos, las coberturas se extienden a cónyuges e hijos, lo que incrementa la base de potenciales pacientes.
Un sector que sale de San José
Durante décadas, el negocio hospitalario privado estuvo fuertemente concentrado en la GAM. Los principales centros se ubicaban en San José, Goicoechea, Escazú, Tibás y Santa Ana, en zonas cercanas a oficinas corporativas, centros comerciales y barrios de alto poder adquisitivo.
Sin embargo, esa concentración comenzó a ceder. Los grupos hospitalarios descubrieron que la demanda no se limitaba a la capital y que muchas personas de las regiones debían desplazarse varias horas para acceder a especialistas, cirugía, diagnóstico por imágenes o emergencias privadas.
El interés por Guanacaste es uno de los ejemplos más claros. La provincia combina crecimiento turístico, llegada de residentes extranjeros, desarrollo inmobiliario y una población local que demanda servicios de salud más completos. En ese contexto, la entrada de Clínica Bíblica a Liberia representa uno de los movimientos corporativos más relevantes del sector durante 2026.
En abril pasado, la Bíblica compró el Hospital San Rafael Arcángel, fundado en 2006 por el ginecólogo-obstetra Walbin Sánchez. Durante dos décadas, construyó una oferta de consultorios, farmacia, laboratorio, atención permanente, cirugía y partos, con una cartera de especialidades que incluía medicina reproductiva, oncología, cirugía plástica y psicología.
La operación también refleja un cambio en la lógica del negocio. Los hospitales ya no dependen únicamente de una gran estructura central. Cada vez más, los grupos privados buscan conformar redes: una sede hospitalaria principal, centros de consulta, laboratorios, farmacias, servicios de emergencia, alianzas con aseguradoras y opciones de atención en ciudades secundarias.
Clínica Bíblica: tradición y expansión
Precisamente la Clínica Bíblica es una de las instituciones privadas más antiguas de Costa Rica. Fue fundada en 1929 por los misioneros europeos Enrique Strachan y Susana Beamish, originalmente con el propósito de enfrentar la elevada mortalidad infantil de la época. Con el paso del tiempo, dejó de ser una pequeña iniciativa médica y se consolidó como una de las redes hospitalarias privadas de mayor reconocimiento nacional.
El hospital es administrado por la Asociación de Servicios Médicos Costarricenses (Asemeco), una entidad sin fines de lucro que mantiene una particularidad dentro del mercado: destina el total de su patrimonio al desarrollo de programas en favor de personas que viven en condición de vulnerabilidad social.
La sede principal permanece en San José, pero su estrategia de crecimiento ha incluido Santa Ana, Curridabat y ahora Liberia. En Aleste, proyecto inmobiliario ubicado en Guayabos de Curridabat, la institución cuenta con una torre médica que amplía su presencia hacia el este de la GAM. El proyecto fue anunciado con una inversión de $16 millones
La red también prevé una sede hospitalaria en Heredia. Según la información institucional, el proyecto incorporará emergencias 24/7, cirugía, hospitalización, laboratorio, farmacia y consulta de especialidades. Clínica Bíblica ha informado que evalúa dos posibles ubicaciones para el desarrollo.

CIMA, un referente en Escazú
El Hospital Centro Internacional de Medicina, conocido como CIMA, abrió operaciones en Escazú en el año 2000. Su desarrollo estuvo vinculado al grupo estadounidense International Hospital Corporation (IHC), empresa que construyó, adquirió y administró hospitales en varios países de América Latina.
CIMA se convirtió en una referencia de la medicina privada de alta complejidad. Su ubicación, cerca de importantes desarrollos corporativos y residenciales del oeste de San José, le permitió captar tanto a pacientes locales como a extranjeros, especialmente en áreas como cardiología, maternidad, cirugía, diagnóstico y múltiples especialidades.
A diferencia de otros operadores que han impulsado una red de centros médicos regionales, CIMA mantiene su principal operación en Escazú. El hospital abrió una sede en Guanacaste en 2012, pero cerró en 2018 luego de diferencias con el propietario del inmueble donde funcionaba y dejó al hospital sin presencia directa en la costa norte, una zona que ahora vuelve a ganar importancia para los competidores privados.
Metropolitano y la apuesta por las redes
El Hospital Metropolitano representa otra forma de entender la salud privada. Fundado en 2010 por los hermanos Roberto y Javier Herrera, junto con un grupo de inversionistas encabezados por Novita Capital, pasó pocos meses después a tener como principal accionista al Grupo Montecristo, liderado por Francis Durman.
En 2019, el grupo estadounidense Sanford Health adquirió el 12,5% de las acciones de las empresas de salud de Montecristo. Esa participación incluyó operaciones relacionadas con el Hospital Metropolitano, MediSmart, y los laboratorios Páez y Labin.
La propuesta del Metropolitano ha sido acercar los servicios al paciente mediante distintas sedes, centros médicos y especialidades. En lugar de concentrar todo en una sola instalación, el grupo ha buscado desarrollar una red que permita resolver consultas, exámenes y atenciones de urgencia cerca de los lugares donde viven o trabajan sus usuarios.
Actualmente, el Hospital Metropolitano opera una red de 10 sedes, tres de ellas ubicadas fuera de la Gran Área Metropolitana, con lo que extiende su cobertura a comunidades y polos de actividad más allá del Valle Central. La estrategia también ha combinado expansión orgánica y adquisiciones: el grupo compró la Clínica Santa Catalina, en Desamparados, y dio un paso regional con la adquisición del Hospital Privado Mae Lewis, en Panamá, una operación que amplía su presencia fuera de Costa Rica y refuerza su modelo de red de servicios de salud.
La Católica, Unibe y Universal
El Hospital Internacional La Católica tiene una historia que combina tradición religiosa y transformación empresarial. La institución abrió en 1963 bajo el impulso de las Hermanas Franciscanas de la Purísima y varios médicos, inicialmente bajo el nombre de Clínica Católica de la Purísima Concepción.
Alrededor de 2006 inició un proceso de privatización y fue adquirido por Grupo Sama, empresa costarricense vinculada al sector financiero. En esa etapa se impulsó el concepto Hospital Hotel La Católica, que incluía alojamiento para pacientes y familiares, una propuesta poco común en Centroamérica.
Con el tiempo, el hospital simplificó su marca a Hospital La Católica y, más recientemente, adoptó el nombre Hospital Internacional La Católica (HILC). La organización anunció en 2023 una inversión de $65 millones, tras recomprar uno de los inmuebles que ocupaba y que era propiedad de un fondo administrado por BCR Sociedad Administradora de Fondos de Inversión.
Entre sus planes está la ampliación y diversificación de servicios, con énfasis en atención pediátrica y especialidades. La competencia, para este grupo, no consiste únicamente en aumentar camas u oficinas, sino en centralizar en un mismo punto una variedad de servicios especializados para facilitar el recorrido del paciente.
El Hospital Unibe, por su parte, se ubica en Tibás y opera dentro del entorno de la Universidad de Iberoamérica. Nació como clínica en 2004 y se transformó formalmente en hospital en 2019, luego de una inversión de $8 millones en infraestructura, equipos y ajustes operativos.
La conversión incluyó servicios de emergencia 24/7, tres salas de cirugía, unidad de cuidados intensivos, cuidados intermedios y hospitalización. Posteriormente, el centro desarrolló una torre médica para alojar más de 20 especialidades, entre ellas ortopedia, medicina interna y dermatología.
En Cartago, el Hospital Universal se ha consolidado como una alternativa regional. Fue creado en 2009 por el cirujano plástico Carlos Centeno Ramírez, inicialmente como una clínica de cirugía ambulatoria con tres quirófanos, área de recuperación y consultorios.
El proyecto incorporó después imágenes médicas, laboratorio, farmacia y hospitalización. En 2013 se inauguró una segunda etapa que permitió que el complejo operara como hospital y, cinco años después, se desarrollaron mejoras de infraestructura que incluyeron cuidados intensivos y más espacios de parqueo.
La organización evolucionó hacia Grupo Médico Universal y abrió centros médicos en San Rafael de Oreamuno y Tobosi, en Tejar de El Guarco. Su crecimiento evidencia que Cartago también se ha convertido en un mercado relevante para la atención privada de proximidad.

Salud privada en las regiones
Fuera de la GAM, el Hospital Cooperativo Consalud R.L., conocido como hospital San Carlos Borromeo, mantiene un lugar particular en San Carlos. La institución tiene sus orígenes en el Hospital Monte Sinaí, inaugurado en Ciudad Quesada en 1993. En aquel momento, fue uno de los primeros centros privados de su tipo fuera del Valle Central y surgió con una base de 80 accionistas, de los cuales la gran mayoría (63 personas) eran empresarios, agricultores y vecinos locales, y únicamente 17 eran médicos.
Las dificultades económicas llevaron a sus propietarios a buscar apoyo del sector cooperativo. Tras un estudio de factibilidad, Consalud R.L. asumió la administración en 2003 y se dio el cambio de nombre.
Actualmente, este centro médico ubicado en Barrio El Carmen, cuenta con emergencias, laboratorio clínico, farmacia, imágenes médicas y consulta externa en especialidades como cardiología, gastroenterología y neurocirugía. Recientemente, El Hospital Cooperativo San Carlos Borromeo invirtió más de $1 millón en la modernización de su quirófano (el único privado de la zona) y del área de hospitalización, una obra que permitirá ofrecer servicios de mayor complejidad en la Región Huetar Norte.
En Pérez Zeledón opera el Hospital Las Américas, uno de los centros privados más recientes del país. Registrado bajo la sociedad Hernández Marrero S.R.L., ofrece emergencias, internamiento y especialidades que van desde cardiología y geriatría hasta medicina deportiva y radioterapia.
Su presencia muestra cómo las empresas del sector han comenzado a mirar cantones regionales con una demanda creciente de consulta especializada. En estos mercados, la oferta privada no solo compite con otros hospitales: compite con el tiempo y el costo de desplazarse hasta la GAM.
También en Cartago se encuentra la Clínica Nuestra Señora de los Ángeles, administrada por el Consorcio Médico Señora de los Ángeles Conmed S.A. El centro ofrece atención de emergencias, rayos X, laboratorio y consulta en especialidades como gastroenterología, oftalmología, urología, ortopedia y otorrinolaringología.
El antiguo Hospital La California ilustra, en cambio, cómo ha evolucionado el mercado. El centro que durante años fue conocido cerca del cine Magaly ya no funciona bajo esa denominación. Sin embargo, el Grupo Médico La California mantiene operaciones en Distrito 4, Escazú, mediante Centro Médico La California, y también cuenta con presencia en Barrio Escalante.
Más competencia, más preguntas
El crecimiento del negocio privado de salud abre opciones para pacientes, pero también plantea interrogantes. Los hospitales compiten por diferenciarse en tecnología, rapidez, hotelería, especialidades y alianzas con aseguradoras. Sin embargo, persisten barreras de acceso: una consulta, una emergencia, un procedimiento quirúrgico o una hospitalización pueden representar gastos significativos para las familias sin una póliza médica.
Por esa razón, los planes de membresía, los convenios corporativos, los descuentos y el financiamiento se han convertido en herramientas comerciales habituales. Ya no se trata solamente de atraer a la población de mayores ingresos, sino de captar a personas que pueden pagar una consulta puntual, financiar una cirugía o utilizar la cobertura otorgada por su empleador.
El turismo médico añade otra capa. Costa Rica mantiene atractivo para pacientes extranjeros, particularmente en servicios odontológicos, cirugía plástica, oftalmología, ortopedia y tratamientos de bienestar. La combinación de conectividad aérea, personal bilingüe, experiencia hospitalaria y percepción de calidad ayuda a sostener ese nicho, especialmente en centros ubicados cerca de zonas turísticas o de alto tránsito internacional.

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