Negocios

Secuelas de COVID-19 abren nuevo nicho en turismo médico que favorecería a Costa Rica

Variedad de opciones, precio de tratamientos y experiencia en turismo médico son el gancho que puede aprovechar el país para atraer pacientes interesados en enfoques médicos y complementarios

La pandemia por COVID-19 está creando un nuevo nicho en turismo global de bienestar: los tratamientos para los pacientes con versiones “largas” de la enfermedad y con secuelas en su salud mental. Este mercado podría ser estratégico para Costa Rica, pues el país lleva décadas de posicionamiento en servicios de turismo médico, y en medio de la crisis sanitaria mundial también relanzó su propuesta de Wellness Pura Vida, para fortalecer el concepto del destino como “santuario sostenible de bienestar”.

Si bien la gestión de mercadeo del Instituto Costarricense de Turismo (ICT) en este sector está vigente, y la capacidad médica, inmobiliaria y de diversidad en terapias ya existe, aún está pendiente que hospitales, centros de internamiento y servicios complementarios resalten o ajusten su oferta específica a los temas relacionados con COVID-19. (Vea: Consideraciones)

¿La razón? El volumen potencial del sector es relevante. Un estudio inicial de la Oficina Nacional de Estadísticas del Reino Unido, publicado por Bloomberg, encontró que el 13,7% de 20.000 pacientes encuestados seguía con síntomas después de tres meses.

Al extrapolar este porcentaje, según cálculos de la agencia, en este momento más de 23 millones de personas podrían estar experimentando padecimientos ligados a COVID-19 durante mucho tiempo en todo el mundo.

La investigación sobre las secuelas del virus sigue en desarrollo y ya arroja datos estratégicos: la pediatra infectóloga y exministra de Salud María Luisa Ávila resaltó que, según el tipo de secuelas, los pacientes suelen presentar daño cardíaco o pulmonar, y también manifestaciones fluctuantes, con periodos de recuperación y luego recaída, por ejemplo, de cansancio, ataque al estado general, tos o dificultad para respirar.

“Ya secuelas, es algo con lo que el paciente sale del Hospital. El long COVID puede desarrollarlo después. O bien, en el long COVID un padecimiento previo, por ejemplo migrañas se pueden empeorar”, puntualizó la médica.

Pero el alcance podría ser aún mayor. El doctor Guillermo Fernández, de la jefatura clínica médica en el Hospital Clínica Bíblica, afirmó que en literatura internacional estima cerca del 80% de los pacientes que se recuperan de COVID-19 presentan al menos un síntoma asociado a COVID largo.

“Esta situación se observa en los pacientes a nivel nacional, por lo que la necesidad entre la población nacional e internacional es muy grande y el potencial de atención de nuestro hospital está acorde a la demanda”, afirmó Fernández.

A estos cuadros físicos se deben sumar los efectos crónicos sobre la salud mental, tanto de las personas recuperadas como de familiares, amigos, cuidadores y dolientes de víctimas mortales por el virus. Y están también los casos de pacientes sanos afectados por el distanciamiento social y la incertidubre, que pueden agravar condiciones crónicas como ansiedad, depresión y similares.

Costa Rica ofrece diversos tratamientos para todos los síntomas y condiciones descritas, sin que a la fecha los hospitales con más trayectoria en turismo médico o algún centro de recuperación dirigido a pacientes extranjeros haya articulado una propuesta específica para COVID-19 largo. Tres establecimientos consultados por EF reconocieron que el potencial existe, sin que medie una estrategia específica para impulsarlo.

“Costa Rica tiene una posición privilegiada por la infraestructura turística de larga data y el prestigio internacional. El turismo médico se ha atendido desde hace décadas, esperamos que después de la pandemia tengamos más pacientes extranjeros”.

—  Guillermo Fernández, Jefatura Clínica Médica, Hospital Clínica Bíblica.

Otros países con posicionamientos turísticos similares al local, pero más alejados de la propuesta médica, ya están generando ingresos por las mismas terapias holísticas, alternativas y muy costosas que han ofrecido siempre.

A mediados de julio, Bloomberg registró el caso de RAKxa, un balneario terapéutico en las afueras de Bangkok, Tailandia, donde se creó un modelo de atracción para turismo médico denominado COVID-19 Health Rejuvenating Program (Programa de rejuvenecimiento de la salud COVID-19). El centro seleccionó algunas de sus terapias ancestrales más exitosas, de acuerdo con su potencial para reducir síntomas del virus, y ahora cobra hasta $3.500 por un solo procedimiento exótico.

Este enfoque se distancia de la oferta de Costa Rica, aunque sí da una idea de cómo recolocar opciones ya existentes y ajustarlas a la coyuntura actual.

El reporte de mercado global del Global Wellness Institute (Instituto Global de Bienestar), publicado en noviembre 2020, calculó la línea base de la economía de bienestar en $4,5 billones para 2021. La cifra reúne el valor potencial de 11 áreas incluidas en el ecosistema, donde turismo de bienestar suma $639.000 millones, medicina tradicional y complementaria alcanza los $360.000 millones y otros como bienes raíces para el bienestar reúnen hasta $134.000 millones de mercado.

El Instituto proyectó que, tras la reconfirguración vivida por el sector en 2020, la demanda global ajustada a las nuevas condiciones sanitarias va en aumento. El próximo reporte está programado para noviembre de 2021 y reflejaría el impacto directo de la pandemia en la adaptación y fortalecimiento de la economía de bienestar.

“Costa Rica podría sin duda alguna, basado en la experiencia con el sector de turismo, ofrecer planes de rehabilitación y manejo de pacientes con síndrome post-COVID pues contamos con una medicina avanzada y con los instrumentos tanto humanos como materiales para poder desarrollar planes adecuados dirigidos a esta población”.

—  Juri Navarro Polo, director médico y gerente general, Hospital La Católica.

Fortalezas

Al contar ya con posicionamiento en medicina y bienestar, las fortalezas locales con mayor potencial en este contexto son dos:

1.- El costo menor de los servicios médicos de calidad, en comparación con mercados desarrollados y otros destinos de lujo, y

2.- La ubicación y accesibilidad creciente del país, vía vuelos directos desde los principales países emisores de este tipo de turistas.

El país puede potenciar la accesibilidad de sus servicios médicos científicos, en comparación con los de mercados emisores de turistas como Estados Unidos. Datos de la Cámara Costarricense de la Salud contrastan que mientras en el país una terapia de recuperación por síndrome de estrés postraumático (PTSD por sus siglas en inglés) puede alcanzar los $8.000 por cuatro semanas de tratamiento, en Estados Unidos oscilaría entre $20.000 y $30.000.

Mássimo Manzi, director ejecutivo de la Cámara, resaltó que en Costa Rica diversas especialidades ofrecen control para todo tipo de las secuelas de COVID-19 identificadas hasta hoy, e hizo énfasis en la calidad y disponibilidad de neumólogos, medicina interna, cardiólogos, psiquiatras, entre otros.

“Sin duda podemos tratarlos. Se trata en todo caso de un grupo de pacientes muy amplio y una oportunidad interesante dado que entre el 15% y el 20% de quienes tuvieron COVID-19 caen en una situación de COVID prolongado. Programas de rehabilitación pulmonar y rehabilitación cardiaca que implican participación de distintas categorías de profesionales como terapeutas físicos, respiratorios, fisiatras, cardiólogos representan una oportunidad interesante para el país. Ya algunas entidades como Santa Paula y Unibe están ofreciendo programas en esta línea”, aseguró Manzi.

Para este especialista en turismo médico, la duración de los tratamientos puede ser un desafío a la hora de desarrollar una oferta específica para el segmento, pues algunas secuelas requieren atención durante varias semanas o meses antes de encontrar una mejoría. Sin embargo, al tratarse de pacientes que pueden viajar, dado que ya no tienen el virus, y considerando la brecha de costos entre ciertos países y Costa Rica, la oportunidad se fortalece.

“El área de tratamientos psicológicos es una de las que consideramos con mayor potencial. La oportunidad como país es poder combinar fortalezas en su oferta de salud con profesionales en psicología altamente capacitados y con características únicas como naturaleza, programas wellness, calidad de vida. También existiría potencial si se lograran concretar terapias alternativas y novedosas, como podría ser el tema del suero equino”, analizó Manzi.

El doctor Juri Navarro Polo, director médico y gerente general del Hospital La Católica, aseguró que ese centro médico cuenta con las herramientas y el equipo humano para abordar cada caso con las terapias adecuadas y basados en la evidencia científica reciente.

“Podríamos hablar de que el estándar mundial para el manejo del paciente postCOVID-19 es el interdisciplinario, que consta desde terapias de rehabilitación (tanto física como respiratoria), atención psicológica o psiquiátrica, así como el manejo de las secuelas médicas que puedan surgir (nefropatías, neumopatías, cardiopatías, entre otras). El hospital cuenta con la infraestructura y el equipo médico para poder atender estos pacientes, realmente no es necesario alguna inversión adicional, aunque con la experiencia adquirida hemos ido optimizando nuestros servicios. Una enfermedad nueva requiere optimización y ajustes que se han realizado”, puntualizó Navarro.

Además de los hospitales privados, pioneros en turismo médico, varios centros de salud del país se han especializado en atracción de pacientes extranjeros, en paralelo con los nacionales, y ofrecen programas específicos para atención de temas ligados a la salud mental.

Uno de estos casos es el de Costa Rica Treatment Center. Gernot E. Holtz, gerente general del centro, explicó que entre las secuelas de la pandemia han identificado un incremento importante en temas relacionados a la salud mental; en especial trastornos depresivos, crisis de ansiedad e incrementos en el abuso de sustancias y adicciones, precisamente, sus áreas de especialidad.

“Alrededor de 90% de nuestros pacientes son de Norteamérica (Canadá y Estados Unidos) y el 10% de Centroamérica. En su mayoría son de un nivel socioeconómico medio-alto. Todos manifiestan problemas de consumo y muchos presentan un diagnóstico dual”, explicó Holtz.

Este ejecutivo también consideró que Costa Rica ofrece una alta calidad de servicios y profesionales bilingües y excelente educación en el tema de salud mental. Esto unido a la oferta natural abre el rango de posibilidades de atención para casos desde leves hasta los más complejos, del tipo que atienden en Costa Rica Treatment Center.

Sobre esto también el ministro de Turismo, Gustavo Segura, explicó que el mayor impacto en el sector turístico vendría, precisamente, de los casos menos críticos.

“En el caso específico del COVID-19, las posibilidades de que un turista pueda aprovechar las ventajas del bienestar van a depender del tipo de secuelas y de las indicaciones médicas. En casos menos graves, Costa Rica ofrece múltiples posibilidades de recuperación como por ejemplo las terapias de bosque y el termalismo (terapias en aguas termales). Costa Rica tiene una vasta oferta natural y de aguas termomedicinales dentro de su oferta de bienestar y la posibilidad de tomar “baños de bosque” en paseos lentos y relajados como respuesta a los altos índices de estrés a lo largo y ancho al país. Estar en contacto con la naturaleza siempre será beneficioso”, enfatizó Segura.

Cifras del Banco Central de Costa Rica, aportadas por la Cámara Costarricense de la Salud, muestran que los viajes por motivos de salud generaban ingresos por $485 millones antes de la pandemia. Cada año en el país se recibían a unos 70.000 pacientes internacionales, con sus acompañantes.

Consideraciones
¿Qué necesitan los centros médicos especializados en pacientes extranjeros para posicionarse con éxito en esta coyuntura?
Las claves del éxito de un programa enfocado a pacientes internacionales son las siguientes:
-Estructuración de un programa integral y respaldado por estándares internacionales
-Contar con un equipo dedicado a la atención de estos pacientes (concierge)
-Contar con plataforma digital informativa y de promoción para captar pacientes
-Desarrollo de una red de servicios complementarios para una adecuada experiencia del paciente en el país (transporte, hotel, tours, etc.)
La Cámara Costarricense de la Salud apoya estas iniciativas de distintas formas. En primer lugar, trabajan con Procomer en una plataforma país informativa de toda la oferta de salud. También promueve acercamiento con grupos de compradores de servicios de salud como aseguradoras, facilitadores de turismo médico, empresas auto aseguradas, agencias de viaje, entre otros. Finalmente, la Cámara propicia eventos internacionales tanto en el país como en el extranjero con el fin de dar a conocer al país como destino de salud.
Fuente: Cámara Costarricense de la Salud
Jéssica I. Montero Soto

Jéssica I. Montero Soto

Jéssica Montero es periodista de la sección de Negocios de El Financiero.