En el 2024 el equipo del que soy seguidor —Cincinnati Bengals— en el fútbol americano de la NFL empezó el año de la mala manera: derrotas, lesiones de jugadores clave y en general mostrando un bajo nivel como conjunto. A mitad de temporada me fui haciendo a la idea de que las posibilidades de que clasificaran a la postemporada (ni pensar en el Super Bowl) eran escasas.
No obstante, cuando faltaban unas pocas semanas para el final, el equipo tuvo una reacción y empezó a ganar partidos. Aunque fuera por orgullo personal y profesional de los jugadores, llegaron al último juego todavía con posibilidades de clasificar, pero no les alcanzó debido a las combinaciones de otros resultados.
Recuerdo que durante la transmisión de ese último partido, el comentarista lanzó una frase que me viene a la cabeza de vez en cuando: “no es como empieces una misión, es como la terminas”. En ese contexto, se refería a que los Bengals iniciaron mal su temporada pero se quedaron a un paso de clasificar, emocionando a sus seguidores hasta el final y mejorando su rendimiento.
Recientemente —mientras revisaba las cifras de visitación turística del 2025 en Costa Rica— la frase de nuevo volvió a resonar. En 2025, esa misma máxima se convirtió en el guion del turismo en Costa Rica. Durante buena parte del año, la principal arteria económica del país operó en números rojos, provocando una sensación de incertidumbre similar a la de una temporada deportiva que parece perdida.
Sin embargo, así como un equipo ajusta sus tácticas en el medio tiempo, el sector turístico costarricense logró una reacción tardía —que no cumplió la meta proyectada en el primer semestre (3%)—, pero que le alcanzó para “salvar” el año, por lo menos en el agregado final. Aún así, las preocupaciones por la pérdida de empleos y competitividad siguen presentes.

El turismo en Costa Rica en un año atípico
A mediados de enero, el Instituto Costarricense de Turismo (ICT) dio a conocer que el año anterior entraron al país 2.689.278 turistas por la vía aérea —la principal puerta de entrada al país—. Esta cifra representó un crecimiento del 1,04% en comparación con el 2024 o, dicho de otra forma, 27.790 viajeros más entre un año y otro. Ahora bien, ¿ese aumento es mucho o poco? Lo analizamos.
La relevancia del turismo para la economía nacional es innegable, con un impacto significativo que se evidencia en varios aspectos. Una de cada cuatro personas tiene un trabajo que está relacionado directa o indirectamente con esta industria y representa aproximadamente el 8% del Producto Interno Bruto (PIB) del país. En consecuencia, cualquier dificultad que enfrente el sector tiene importantes repercusiones en la economía.
En septiembre de 2024 empezó la preocupación por el comportamiento de la visitación de extranjeros hacia Costa Rica por la vía aérea. Desde ese momento hasta diciembre pasado, se presentaron 11 meses de caídas en ese indicador, lo que hizo que se encendieran las alarmas en el sector y se hablara de que Costa Rica estaba perdiendo competitividad como destino frente al resto de mercados cercanos.
El jerarca de Turismo, William Rodríguez, dijo varias veces el año pasado que la caída en la visitación se relacionaba con que las aerolíneas estaban disponiendo menos asientos para volar a Costa Rica, especialmente desde Estados Unidos y Europa, porque las aerolíneas tenían que acomodar sus flotas por dos grandes razones: la primera es que los fabricantes de aviones (Boeing y Airbus) tenían atrasos con sus pedidos y por ello las compañías no podían disponer de nuevas rutas o aumentos de frecuencias. Por otro lado, los aviones con motores Pratt & Whitney fueron sometidos a mantenimiento preventivo, lo que llevó a que estuvieran “parqueados” por meses.
De igual forma, las autoridades turísticas mencionaron que el cambio de gobierno en Estados Unidos —principal mercado emisor para Costa Rica— y los conflictos geopolíticos en Europa —especialmente la guerra en Ucrania— también estaban permeando en la decisión de los viajeros al momento de invertir en vacaciones. En todo momento, negaron que Costa Rica hubiese perdido interés a nivel internacional y que más bien se trataba de un fenómeno coyuntural, catalogado como una “tormenta perfecta”.
El Instituto Costarricense de Turismo (ICT) anticipaba a mediados del año pasado que la afluencia turística al cierre de 2025 aumentaría un 1,7%, en línea con lo establecido en el Plan Nacional de Turismo 2022–2027. Esta proyección se basaba en la expectativa de que la segunda mitad del año traería consigo una recuperación gradual en la visitación, impulsada por la introducción de nuevos vuelos —especialmente desde Norteamérica comenzando en la temporada alta— y una mayor inversión en la promoción del destino en mercados clave.
Mientras esto pasaba, el sector privado alzaba la voz resaltando tres elementos que permeaban el crecimiento en la visitación: apreciación del colón frente al dólar, rezago en infraestructura —tanto en vías como en aeropuertos— y la creciente ola de inseguridad que afecta al país que se ha hecho más palpable desde 2023 con cifras de casi 900 homicidios al año.
En este contexto, las pequeñas y medianas empresas han sido las que mostraron mayor afectación. Las empresas turísticas se enfrentan al tipo de cambio más bajo en las últimas dos décadas, afectando su operación y estabilidad, así como obligándolas a subir precios para poder mantenerse a flote.
Incluso, un estudio de la Universidad Nacional indicó que en el último año, comparando el tercer trimestre del 2024 con el mismo periodo de 2025, Costa Rica sufrió la pérdida de 22.170 puestos de trabajo vinculados con el sector turismo, producto de una menor visitación de extranjeros al país durante este periodo interanual. En suma, en septiembre de 2024 había 189.093 personas empleadas en el sector turístico, mientras que para el mismo mes de este 2025, la cifra descendió a 166.923. Son las mujeres las más afectadas con la pérdida de puestos laborales frente a los hombres (-12.698 y -9.472 respectivamente).
La desaceleración en el crecimiento
El 2025 cerró como el año de menor dinamismo para el turismo costarricense en la última década. Si se excluye el periodo atípico de la pandemia (2019-2021), la industria mostró una desaceleración evidente: mientras el promedio histórico de crecimiento en los últimos diez años ha rondado el 8%, el 2025 apenas logró mantenerse a flote respecto a las cifras del 2024.
Durante la mayor parte del calendario, los indicadores se mantuvieron en “terreno negativo”. Siete de los doce meses del año (enero, febrero, marzo, mayo, junio, agosto y septiembre) registraron menos llegadas de extranjeros por vía aérea que sus equivalentes del año anterior. Esta tendencia a la baja puso en duda la capacidad del sector para alcanzar las metas del Plan Nacional de Desarrollo y generó incertidumbre en una actividad económica vital para el país.
Sin embargo, el panorama dio un giro drástico en la recta final. El ICT reportó un cierre de año con crecimientos de doble dígito que lograron “maquillar” el balance anual y compensar las pérdidas de los meses previos. En noviembre, el país recibió a 225.679 personas, lo que significó un repunte del 12,2%. El impulso fue aún mayor en diciembre, cuando la cifra de visitantes ascendió a 316.226, registrando un crecimiento del 13,6% en comparación con el mismo mes del 2024.
En entrevista con este medio, el jerarca Rodríguez dijo que se ejecutó una agresiva modificación de tácticas enfocada en la “inteligencia de mercados” y la reacción inmediata. En Norteamérica, se aprovechó un conflicto diplomático entre Canadá y Estados Unidos para atraer al flujo de viajeros canadienses que cancelaron sus vacaciones al país vecino, realizando giras intensas en Vancouver, Toronto y Montreal.
Estas acciones, que incluyeron reuniones con casi 200 medios de comunicación y negociaciones directas con aerolíneas como Porter Airlines y WestJet, lograron duplicar la conectividad desde Canadá (pasando de tres a seis ciudades servidas) y resultaron en el mejor noviembre y diciembre de los últimos siete años.
En el mercado europeo, la estrategia se centró en combatir la falta de aviones de fuselaje ancho mediante negociaciones específicas país por país y una fuerte inversión en publicidad exterior en trenes y taxis. Aunque el Reino Unido sigue siendo un reto, las tácticas de comunicación y las alianzas con aerolíneas como Air France (que aumentó a diez frecuencias semanales) y KLM permitieron que cinco de los seis principales mercados europeos revirtieran su tendencia negativa en diciembre.
Además, en México se logró consolidar la ruta desde Monterrey con la aerolínea Viva Aerobus, apostando por una mayor cobertura tras la fusión de esta con Volaris para capturar nuevos perfiles de viajeros.
Este sólido desempeño en los últimos 60 días del año fue el salvavidas que permitió al sector cerrar el 2025 con números estables. Aunque el crecimiento total fue modesto y refleja que el país se alejó de su promedio habitual del 8%, la potencia del cierre demuestra que Costa Rica mantiene su atractivo internacional y su capacidad de respuesta para rescatar la temporada en el último minuto.
“Aunque un crecimiento del 1% puede calificarse como modesto, el hecho de recibir casi 28.000 turistas adicionales por la vía aérea es un resultado muy positivo. Debemos considerar este logro en el contexto de las complejas situaciones que enfrentaron nuestros principales mercados emisores durante el año. Es particularmente satisfactorio si tomamos en cuenta que, hasta septiembre, manteníamos un comportamiento acumulado negativo; logramos revertir esa tendencia y yo creo de verdad, de todo corazón, que es un muy buen resultado”, comentó William Rodríguez, ministro de Turismo.
Para la Cámara Nacional de Turismo (Canatur), este repunte de fin de año permitió rescatar las cifras acumuladas, luego de llegar a noviembre con un acumulado negativo comparado con 2024, no obstante, confirma que hubo un peor resultado al compararlo con otros destinos de la región, como Colombia (+4%), República Dominicana (+5%), México (+6%) y Guatemala (+10%).
“Este leve crecimiento representa un respiro para el sector, pero no podemos conformarnos. Con un tipo de cambio tan bajo, el país ha perdido competitividad y se ha reducido la capacidad de gasto del turista dentro del país, además hay severos problemas en infraestructura, inseguridad, el crecimiento descontrolado de competencia informal, incluido el aumento de oferta de habitaciones en plataformas de hospedaje no tradicional, y como consecuencia de todo ello, la pérdida de miles de empleos en el sector”, señaló, Shirley Calvo, directora ejecutiva de Canatur.

Alta dependencia de Norteamérica
La estructura del turismo receptor en Costa Rica durante 2025 confirmó una profunda dependencia del mercado norteamericano, el cual se consolidó como el motor absoluto de la industria al representar el 72% del total de llegadas por la vía aérea. Esta hegemonía evidencia la vulnerabilidad del destino ante las fluctuaciones de un solo emisor, opacando el dinamismo de otras regiones.
Por ejemplo, aunque el mercado sudamericano registró un crecimiento notable del 14%, su volumen fue insuficiente para “mover la aguja” en el balance general. En contraste, el panorama desde el Viejo Continente fue menos alentador, pues el mercado europeo experimentó una caída del 2%, reflejando los desafíos logísticos y la crisis de disponibilidad de aeronaves de fuselaje ancho que limitaron la conectividad con esa región durante el último año.
Convertirse en un destino masivo no es una opción por ahora
Tras alcanzar una estabilidad que oscila entre los 2,6 y 2,8 millones de visitantes anuales, surge la interrogante sobre el “techo” o capacidad máxima que puede recibir Costa Rica. La respuesta desde la gestión pública es contundente: el objetivo nacional no es la masificación, sino la preservación de la calidad.
A diferencia de otros destinos regionales que apuestan por el volumen de paquetes “todo incluido”, Costa Rica ha definido un límite sano que prioriza al viajero alineado con un producto basado en la naturaleza y la autenticidad. Esta visión busca evitar la saturación y garantizar que la experiencia del visitante se mantenga exclusiva y sostenible a largo plazo.
Bajo esta premisa, la meta de crecimiento para el próximo cuatrienio se ha fijado en un rango conservador de entre el 2% y el 3% anual. Este indicador, plasmado en el Plan Nacional de Turismo, refleja una decisión deliberada de privilegiar la derrama económica sobre el simple conteo de llegadas. Al enfocarse en un turista que permanece en promedio 12 o 13 días en suelo nacional, el país asegura una distribución más equitativa del ingreso, permitiendo que el beneficio del dólar turístico circule por diversas regiones y no se quede confinado en un solo establecimiento.
La estrategia se resume en atraer a un perfil de viajero que no solo gasta más, sino que recorre el país, impactando positivamente a múltiples familias y comunidades rurales. Esta apuesta por un crecimiento moderado pero de alto valor permite al país mantener su esencia y competitividad global sin comprometer sus recursos naturales. En definitiva, el “límite sano” de Costa Rica no es un número rígido, sino un equilibrio dinámico que asegura que el turismo siga siendo una herramienta de bienestar social y no un generador de saturación ambiental.
Al final del día, el turismo costarricense en 2025 se asemeja a la temporada de aquellos Bengals —con la diferencia de que el país sí logró la meta de crecer— el equipo supo ajustar su estrategia en los minutos finales para evitar el colapso. Costa Rica demostró que, pese a las “lesiones” sufridas en su competitividad y los factores externos que jugaron en contra, su marca país tiene el peso suficiente para remontar en el último cuarto. Sin embargo, esa buena imagen internacional no es una garantía permanente: el país tiene que cuidar los activos que lo hacen valioso si desea mantener su atractivo, como la convivencia con la naturaleza y la seguridad (puesta en duda en los años recientes)
El desafío para el 2026 será asegurar que este repunte de diciembre no sea solo un espejismo, un gol de último minuto, sino el inicio de una temporada más estable sin esperar a definir el resultado en los minutos finales.

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