Por: Pedro Beirute Prada.   21 noviembre

Hace algunos días se cumplieron 200 años desde nuestra primera exportación. Un parte de aduanas de la época daba testimonio del envío de carne, dulce, ajos, sebo, quesos, arroz, jabón y café en una pequeña embarcación española, conocida como El Costarrica, con origen Parismina y destino Panamá.

200 años han transcurrido desde entonces y hoy Costa Rica exporta más de 4.000 productos y cientos de servicios a más de 150 países. Las exportaciones equivalen al 35% de nuestro Producto Interno Bruto (PIB), generan más de un millón de empleos directos e indirectos, y son el motor del crecimiento económico del país.

Foto: Rafael Pacheco
Foto: Rafael Pacheco

Tenemos un modelo exportador sólido, generador de empleo, con empresarios exportadores talentosos, institucionalidad fuerte, libre comercio con más de 50 países y un sano balance de casi 50/50 entre exportaciones de bienes y de servicios. La diversificación ha sido nuestra ventaja competitiva los últimos años; casi el 90% de nuestras exportaciones de bienes son productos no tradicionales y ninguno de nuestros productos de exportación pesa más del 10% del total de exportaciones.

En las últimas décadas gracias a la inversión extranjera directa y las exportaciones, pasamos de ser un país de renta baja a uno de renta media. Los aumentos en productividad nacional han sido, en gran parte, gracias a las exportaciones, las zonas francas, las economías de escala y el rigor de los mercados internacionales.

Un país pequeño como Costa Rica con un mercado interno limitado depende de las exportaciones para hacer crecer su economía y generar nuevos empleos. Como país “boutique” que somos, nuestra estrategia ha sido de nicho, de identificar nuestras ventajas comparativas, respecto a la competencia internacional en espacios y productos no “comoditizados”.

Pero de la mano de este éxito, hoy Costa Rica enfrenta desafíos enormes. Nuestra economía, desde antes de la pandemia, crecía menos, mostraba signos de polarización, inequidad, dificultad para hacer negocios, acceder al financiamiento y generar las oportunidades que la población necesita. La pandemia solo ha venido a aumentar la complejidad de una competitividad deteriorada.

Los próximos 200 años

El mundo actual está marcado por macro fuerzas que definen nuestro entorno: aumento de la población mundial, tensiones geopolíticas, planeta frágil ante el cambio climático, tecnologías exponenciales, acceso inmediato a la información, desigualdad en la distribución de la riqueza, crisis de valores, por mencionar algunas.

Ante estas mega tendencias, Costa Rica tiene una gran oportunidad. Nuestra oportunidad consiste en conectar nuestra imagen positiva con el comercio internacional y hacer converger exportaciones y sostenibilidad.

Por supuesto, sostenibilidad entendida como triple utilidad o 3 P: personas, planeta, prosperidad. Beneficio social, ambiental y económico. En esta diferenciación y nuestra capacidad para comunicarla a los mercados internacionales, estará la clave para los próximos años. Esa debe ser la apuesta de nuestra política pública y de nuestras empresas para posicionar nuestra oferta exportable, generar más ventas, empleo y prosperidad para todos.

El nuevo mundo y los consumidores informados necesitan confianza y esperanza. Costa Rica por décadas ha construido una reputación internacional alrededor de nuestras bellezas naturales, pero también alrededor de la educación, la paz, la salud universal y la protección del medio ambiente. De la mano de la competitividad, esos son los cimientos para decirle al mundo que somos un país de bienestar, donde las fábricas funcionan con energías limpias y donde las personas gozan de garantías sociales y oportunidades, tanto en zonas urbanas como zonas rurales. Lo que para nosotros es normal, para el mundo es especial.

Hacer negocios con Costa Rica debe ser sinónimo de hacer negocios con propósito y con un correcto balance entre principios e intereses. Ante los ojos del mundo, Costa Rica debe ser un país pionero en negocios con conciencia, un país con una matriz productiva alineada a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, un país que construye valor a través de sus valores y de su capacidad de convertir desarrollo económico en progreso social. Nuestra marca país Esencial Costa Rica debe seguir transmitiendo ese posicionamiento a nuestras audiencias internacionales. Eso es diferenciación y la diferenciación se traduce en ventas y empleo.

A pesar de la pandemia, la globalización y avances tecnológicos continuarán. Incluso avanzarán más rápido que nuestra capacidad de reacción. De nuestra capacidad para actuar con pragmatismo, velocidad y flexibilidad depende que podamos aprovechar esas oportunidades para que el comercio exterior funcione para todos y que nuestro desarrollo sea inclusivo.

Alemania, Japón, Irlanda, Corea del Sur, Singapur o Israel también enfrentaron desafíos económicos enormes producto de crisis políticas y sociales. Todos lograron superarlas y hoy son potencias mundiales gracias a sus exportaciones. Son países muy diferentes entre sí, en tamaño, ubicación, cultura e historia; pero todos tienen en común que su crecimiento económico se dio a partir de la diferenciación y mejora continua en sus procesos de internacionalización; es decir, que todos son buenos exportadores en el nicho que identificaron. Vieron en la diferenciación y en las exportaciones el camino para su progreso económico y social. Todo en una generación.

En la historia de estos países está la respuesta para Costa Rica. Nuestro nicho no es copiar a esos países, nuestro nicho es integrar con mayor fuerza las exportaciones con nuestra sostenibilidad. Costa Rica tiene la capacidad para ser potencia mundial en exportaciones sostenibles. Existe mercado mundial para ello, mercados que reconocen el valor de ese posicionamiento y que están dispuestos a pagar más por ese valor agregado.

Este posicionamiento generará exportaciones, empleos, encadenamientos productivos, nuevas capacidades empresariales, ingresos fiscales, inclusión social y en general, progreso económico y social.

Cumplimos 200 años con desafíos tan grandes como nuestros éxitos pasados. De la mano de esta visión e ilusión debe haber competitividad; pero teniendo en cuenta que nuestra imagen y reputación son activos muy valiosos, y muy difíciles de copiar.