Por: Danilo Montero.   11 septiembre

La gestión de un portafolio de inversiones no es tarea fácil. Depende de la cantidad de plata a cargo, de la competencia entre gestores, de los objetivos que le hayan impuesto los dueños, del horizonte temporal al que se deben ceñir.

Si eso no le parece suficiente, se depende también de la madurez del mercado de valores: de la calidad de los agentes de bolsa, de la variedad y cantidad de instrumentos, de la calidad en la formación de precios, de la normativa y la posibilidad de ir a mercados externos.

Termine de dimensionar la faena pensando en el entorno económico que deben sortear, con tasas de interés o tipo de cambio que pueden subir o bajar, de desequilibrios económicos que pueden cambiar todas las proyecciones, de decisiones políticas que alteran el curso de toda una nación.

Pienso que los gestores de portafolios en Costa Rica son unos “gatos”, ya sea un fondo de inversión o un fondo de pensiones. Las tasas de interés en colones están, en forma permanente, pendiendo de la situación fiscal. O peor aún, de decisiones políticas arbitrarias y técnicamente desacertadas, como ocurrió en el gobierno anterior.

El tipo de cambio, fluctuante en principio, obliga a estar con un ojo puesto en lo que pasa afuera, en los flujos de inversión extranjera, y adivinar las expectativas de los ciudadanos o empresas. La regulación, abundante e implacable, agrega costos y resta flexibilidad. El mercado de valores, escaso de emisores privados, se estruja cada vez más con un Estado insaciable.

En ese contexto, brotan ahora “especialistas”, que cuestionan la inversión en bonos de una empresa privada. Hay dos críticas contenidas en sus arengas: ¿por qué los gestores no adivinaron el futuro? Y ¿por qué invirtió en una empresa que yo no quiero?

En ambos casos, cabe preguntar a los “especialistas” ¿por qué no comenzamos por propiciar un mercado de valores de verdad? Si nos preocupa el riesgo, ¿por qué permitir la inversión desmedida en bonos de Gobierno? El “show” no es parte de una buena gestión. Un poquito de estudio no les caería mal.