Por: Gisela Sánchez.   6 febrero

Yo me considero una promotora de la sostenibilidad y creo en su capacidad de generar una ventaja competitiva para las empresas.

De todos los modelos que he conocido, el de Triple Utilidad (3BL) me parece brillante por su simplicidad. Para cualquier CEO es muy fácil entender que al final del mes, la empresa no solo debería medir cuánta utilidad económica generó sino también, si hubo una utilidad social y ambiental.

Sin embargo, la teoría de 3BL no nos dice cómo generar ese valor ambiental y social. Es ahí en donde el concepto de economía circular cobra relevancia.

Como dijo Aristóteles: “Dios y la naturaleza no hacen nada inútilmente”. Desde hace más de 3.800 millones de años, el mundo trabaja en forma circular: los residuos de una especie son el alimento de otra y no se generan “desechos” en el ambiente.

Insostenible

El hombre por el contrario, ha desarrollado la economía con base en un concepto lineal: extraer insumos del planeta, producir algo, consumirlo y luego desecharlo.

Esta forma de operar es insostenible. Los productos deben ser diseñados para que una vez consumidos, se conviertan en materia prima para un nuevo producto.

El concepto de Economía Circular tiene el potencial de generar crecimiento económico desarticulado del uso de más recursos naturales. De acuerdo con McKinsey y la Fundación Ellen McArthur, solo en Europa la economía circular tiene el potencial de generar €1.8 trillones al año.

Sería extraordinario que en Costa Rica adoptemos esta nueva forma de hacer negocios. Dejar de pensar en líneas de producción, sino en ciclos continuos en donde nada se desperdicia, sino que se transforma.

Los ejemplos en otros países son contundentes y muestran los beneficios de hacer la transición hacia una economía circular. Lo único que necesitamos para empezar, es cambiar la mentalidad lineal de los líderes empresariales por una visión inspirada en la naturaleza que es y siempre ha sido circular.