Por: Constantino Urcuyo.   31 enero

El presidente Carlos Alvarado llega a los dos años de gobierno con un balance mixto. Por una parte, batallas ganadas: Reforma fiscal, Ley de huelgas. Por otra, ha gastado una porción de su escaso capital político y toca fondo en las encuestas.

La idea de la unidad nacional fracasó, pues ni siquiera se logró la unidad del PUSC, y han ido saliendo de Zapote los socialcristianos, siendo sustituidos por tecnócratas internacionales con brillantes carreras, pero con escaso conocimiento político.

El realismo político de la oposición ha permitido avanzar en una agenda legislativa sobre temas puntuales, sin necesidad de fusiones míticas.

El Gobierno se ha desdibujado, tanto por las duras batallas que ha librado, como por una narrativa centrada en temas superficiales, sin contenido y sin seguimiento.

Gobierno rendido

La idea de un tema sombrilla -Gobierno del Bicentenario- tendría que haber sido acompañada por el balance de los 200 años y las metas para el futuro. No le dieron contenido a los dos siglos de existencia, ni a su propio proyecto. Estamos frente a un Poder Ejecutivo desdibujado.

La continuación de la confrontación en torno a la regla fiscal no le ha permitido cerrar los frentes con la Corte, universidades públicas y municipalidades; el enfrentamiento sigue en estrados judiciales, aunque salió de las calles.

El frente reformista del Gobierno también se ha debilitado, pues algunos de sus aliados le reclaman que ha bajado el ritmo de las reformas (flexibilidad del mercado laboral, ley de empleo público), para ellos el gobierno se ha rendido.

Un gobierno desgastado y diezmado carece de fuerza para terminar las reformas, la cercanía de las elecciones del 2022 agregará más limitaciones, sus aliados dejarán de arriesgar capital político y quedará más solo. Una etapa nueva se inicia.