Por: Dyalá Jiménez.   31 enero
Para una economía pequeña y abierta al comercio como la costarricense, es crucial que la Organización Mundial del Comercio siga existiendo.
Para una economía pequeña y abierta al comercio como la costarricense, es crucial que la Organización Mundial del Comercio siga existiendo.

Desde su fundación, la Organización Mundial del Comercio (OMC) ha sido un actor clave para propiciar un mayor crecimiento económico global.

De acuerdo con datos del Banco Mundial, desde 1995 sus miembros han más que triplicado el comercio mundial de bienes y servicios y se han disminuido los costos necesarios para impulsar la cuarta revolución industrial. A la vez, sus miembros han reducido la pobreza a un tercio del nivel de 1996, cumpliendo así con el primer Objetivo del Milenio cinco años antes de lo previsto.

Hoy, con la intensificación de las cadenas globales de valor (CGV), las economías se encuentran cada vez más entrelazadas; según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), dos tercios de los bienes que se intercambian en el mundo son bienes intermedios que forman parte de las redes globales de producción que conforman las CGV.

Además, el advenimiento de la cuarta revolución industrial ha generado un crecimiento exponencial del comercio de servicios y el comercio electrónico, que han modificado la forma tradicional en la que se llevan a cabo las transacciones comerciales.

La OMC enfrenta su mayor reto desde su fundación. En el pasado reciente ha tenido dificultades para ajustarse a las transformaciones de la economía global y para lograr acuerdos sustanciales que profundicen la liberalización comercial. Esto, sumado a que la organización se basa en el consenso de todos sus miembros, ha multiplicado las dificultades para generar resultados.

En efecto, la OMC pasó de 124 miembros en 1995 a 164 en la actualidad. Muchos de estos miembros son economías en transición o países en desarrollo emergentes, de gran relevancia para el comercio mundial y con diferente grado de compromiso con el proceso de apertura y de reducción de barreras. Algunos quieren mantener un mayor margen de maniobra en el manejo de sus políticas públicas y otros exigen una mayor contribución de los más desarrollados.

Lo anterior pone de manifiesto la necesidad de que las reglas de la OMC se adapten para brindar más certidumbre y eficiencia al sistema global. Es necesario dinamizar su toma de decisiones, fortalecer sus capacidades y, en general, mejorar su potencial para atender temas del siglo XXI.

Para una economía pequeña y abierta al comercio como la costarricense, es crucial que la OMC siga existiendo. ¿Por qué? Porque es un órgano que establece reglas, dirime disputas para hacerlas valer y sirve de foro de negociación, todas funciones indispensables para la estabilidad del comercio internacional. Hasta ahora, no se ha propuesto una fórmula alternativa que pueda satisfacer esas funciones de manera exitosa, por lo que es esencial procurar su mejoramiento y eficacia.

Papel constructivo

Costa Rica no debe permanecer al margen de este debate; al contrario, por la importancia de esta organización para el país, debemos mantener un papel de liderazgo constructivo en las discusiones que se están desarrollando. Por ello, hemos promovido iniciativas en diversas áreas y nos parece importante resaltar dos, alrededor de las cuales girarán las discusiones en la OMC:

Solución de diferencias: es fundamental encontrar prontamente una solución para preservar el debido funcionamiento del mecanismo de solución de diferencias de la OMC, en particular el Órgano de Apelación y resolver la situación de parálisis frente a la falta de acuerdo para el nombramiento de sus miembros. Costa Rica ha contribuido a estas discusiones, con propuestas que buscan preservar uno de los pilares fundamentales de la OMC y atender preocupaciones sistémicas de algunos miembros sobre su funcionamiento.

Negociaciones comerciales: Costa Rica busca contribuir a la conclusión satisfactoria de negociaciones comerciales actuales en subsidios a la pesca y las subvenciones distorsionantes en el comercio agrícola. De igual forma, promueve la participación en iniciativas conjuntas con otros miembros de la OMC para desarrollar disciplinas en campos como el comercio electrónico, las micro, pequeñas y medianas empresas, y la reglamentación nacional en el campo de los servicios.

Estas iniciativas tienen como telón de fondo un debate más amplio, relacionado con la contribución y la responsabilidad de los miembros de la OMC en el fortalecimiento del sistema.

Es importante reconocer la responsabilidad compartida de todos los integrantes de la organización en este proceso, identificando, eso sí, los retos y limitaciones que cada país tiene, y abordándolos con pragmatismo y con sentido de cooperación y solidaridad.

“La OMC enfrenta su mayor reto desde su fundación. En el pasado reciente ha tenido dificultades para ajustarse a las transformaciones de la economía global y para lograr acuerdos sustanciales que profundicen la liberalización comercial“.

La duodécima Conferencia Ministerial de la OMC, que se celebrará en Kazajistán en junio de este año, es una valiosa oportunidad para dar respuesta a los desafíos que enfrenta la OMC.

Una economía pequeña, abierta y con políticas ambientales de vanguardia debe procurar siempre una inserción inteligente en la economía global. Asumir una actitud pasiva ante los desafíos actuales y las discusiones en curso no solo pone en peligro a la OMC, sino que también nos expone a un mundo fragmentado, incierto y sin reglas justas para todos sus miembros.

Por ello, Costa Rica contribuye de forma constructiva al proceso de reforma del Sistema Multilateral del Comercio.