Por: Mario Morales.   8 abril
Algunas empresas están empezando a mirar a través de la niebla de incertidumbre para pensar en cómo posicionarse una vez que la crisis haya pasado y las cosas vuelvan a la “nueva normalidad”.
Algunas empresas están empezando a mirar a través de la niebla de incertidumbre para pensar en cómo posicionarse una vez que la crisis haya pasado y las cosas vuelvan a la “nueva normalidad”.

El coronavirus es el mayor desafío de gestión que la mayoría de nosotros hayamos enfrentado, incluso más grande que la crisis financiera del 2008.

El COVID-19 no es solo una crisis de salud de proporciones impensables, sino que es una inminente reestructuración del orden económico global. Sin imaginarlo, nos tocó responder una pregunta que muchos le hicimos a nuestros abuelos: ¿Qué hiciste para sobrevivir durante la Segunda Guerra Mundial?

Para algunas organizaciones, la supervivencia a corto plazo es el único tema en la agenda. Sin embargo, algunas empresas están empezando a mirar a través de la niebla de incertidumbre para pensar en cómo posicionarse una vez que la crisis haya pasado y las cosas vuelvan a la “nueva normalidad”. Mientras continuamos entendiendo la magnitud de esta pandemia, los nuevos desafíos que enfrentamos apuntan a cambios más permanentes que debemos hacer en nuestras vidas y en la forma cómo hacemos negocios.

La estrategia de una empresa consiste en las escogencias y renuncias que se hacen para alcanzar los objetivos de la empresa en el largo plazo. En estos tiempos, el objetivo de la estrategia pasó a ser la supervivencia del negocio. Obviamente, tenemos que reaccionar en el corto plazo, porque de lo contrario nuestras empresas no tendrán un futuro. Sin embargo, además de reaccionar, los ejecutivos no podemos dejar de prestarle atención a otras tres fases de la crisis igualmente importantes: Rebotar y Reinventar.

1. Reacción. La mayoría de empresas están reaccionando. Hay muchos asuntos urgentes que atender en una crisis. Por ejemplo, proteger el bienestar y salud de los colaboradores, definir políticas de higiene, de teletrabajo, de viajes, asegurar la continuidad del negocio, ajustar la cadena de suministro, optimizar gastos e incluso pensar en la reducción del personal o las jornadas labores, entre otros.

La nueva realidad de la economía global obliga a revisar los planes y proyectos definidos para este año, y de acuerdo con el escenario al que se ven enfrentados en la actualidad, replantear actividades y ajustar los presupuestos para cubrir todas las áreas de impacto.

Este enfoque a corto plazo debe complementarse con una mirada hacia el futuro, que anticipe lo que viene después para evitar que la empresa permanezca en modo reactivo de forma permanente.

2. Rebote. Si bien la empresa promedio probablemente se enfocará en la crisis en sí misma, algunos empresarios anticiparán el inevitable repunte de la demanda y las oportunidades para innovar y repensar sus modelos de negocio. Dada la complejidad de reiniciar las compañías y las cadenas de suministro a diferentes velocidades en diferentes lugares, ahora es el momento de comenzar a preparar una estrategia de rebote. Las compañías prudentes se prepararán para esta posibilidad.

“Habrá nuevas necesidades y nuevas oportunidades para servir a los clientes ahora y más allá de la crisis. Habrá nuevas oportunidades para la innovación”.

Según varios estudios que he leído, se estima que entre el 10 al 15% de las empresas en todos los sectores crecen en sus utilidades durante las recesiones. Estas empresas comparten el mismo patrón de comportamiento de prepararse, prevenir y orientarse al crecimiento y transformación a largo plazo. Ellas toman una visión de largo plazo y hacen apuestas de crecimiento cuando sus competidores se están reduciendo.

3. Reinvención. Para la empresa promedio, la primera víctima de la crisis del COVID-19 ha sido la imaginación. Si bien responder a una crisis requiere hacer ciertas cosas simples sin pensar demasiado, las soluciones y ajustes fundamentales requieren más creatividad. Incluso después de que la epidemia pase y, eventualmente, enfrentemos una recesión, habrá oportunidades y necesidades para reimaginar los modelos de negocios, comerciales y operativos, así como el portafolio de productos y servicios. Aquellos que se beneficien del futuro serán los que puedan imaginarlo.

Habrá nuevas necesidades y nuevas oportunidades para servir a los clientes ahora y más allá de la crisis. Habrá nuevas oportunidades para la innovación.

Ya podemos ver indicios del futuro posterior a la crisis en los cambios en los comportamientos de los consumidores, que están impulsando patrones divergentes de consumo y recuperación de precios de acciones en diferentes sectores.

Al anticipar este nuevo mundo posterior a la crisis y aprovechar la oportunidad en la adversidad, debemos pensar en considerar nuevos aprendizajes, nuevas actitudes, nuevos hábitos y nuevas necesidades.