Opinión

¿Guerra en Europa Oriental ?

Los acontecimientos más recientes dejan ver la intención de formalizar una esfera de influencia en el espacio post soviético

La concentración de más de 100.000 soldados rusos en la frontera con Ucrania causa inquietud ante una posible invasión rusa.

Desde que los mongoles invadieron por el Este, los rusos han estado expuestos también a invasiones por la planicie norte europea. Napoleón invadió en el siglo XIX y Hitler en el siglo XX. Los rusos derrotaron a ambos, luego llegaron hasta el corazón de Europa, vencieron a los franceses en la batalla de Paris (1814) y tomaron Berlín en 1945. Empero, Rusia ha crecido con mentalidad de fortaleza asediada

El imperio zarista, inaugurado por Pedro el Grande, fue continuado por el imperio soviético e intenta ser revivido por Putin, quien no se recupera de su duelo por la desaparición de la Unión Soviética la que caracterizó como catástrofe geopolítica.

La pérdida de los países de Europa del Este, del Caúcaso y de Asia Central ha sido un trago amargo para la historia imperial rusa, Moscú quiere recuperar un lugar en la escena internacional, reafirmándose en el vecindario cercano.

La ampliación de la Organización del Tratado Norte, incorporando a los países Bálticos, Europa Central y del Este al esquema militar de la Unión Europea y de los EE. UU. provoca ansiedad en Moscú ante la presencia de rivales en su patio trasero.

Las amenazas a Ucrania, acumulando tropas cerca de su frontera, son parte de un proceso iniciado con la anexión de Crimea, las tropas rusas en Moldavia, la apropiación de territorios en Georgia (2008) ,el involucramiento en la guerra civil en Siria, presencia naval en el mediterráneo y mercenarios rusos en Libia y en Mali.

En Europa Oriental su preocupación reside en preservar una zona de amortiguamiento (buffer zone) en el llamado Intermarium, espacio que va del Mar Báltico hasta el Mar Negro, y que incluye a los países Bálticos, Bielorrusia, y Ucrania que hoy gira hacia la Unión Europea y los EE. UU.

La diversidad étnica y linguística ucraniana no es reconocida por el Zar Putin, quien sostiene que su vecino y Rusia hacen parte de un solo pueblo ruso. Rusia busca así cercenar la soberanía de Ucrania, como argumenta Fiodor Lukyanov, ideólogo cercano al Kremlin, en entrevista al diario Le Monde : “Si Ucrania se transforma en una plataforma para fuerzas hostiles, Rusia verá ahí una amenaza existencial”, desarrollando una doctrina de soberanía limitada .

Desconociendo la soberanía de Kiev, el asesor de Putin afirma: “Cada país debería estar consciente de su lugar geográfico y geopolítico. Objetivamente, algunos países están en una posición en la que la historia, la geografía y los equilibrios estratégicos en su entorno les imponen limitaciones. Muchos ucranianos favorecen la incorporación a la OTAN (…). Pero si usted tiene un vecino poderoso que se opone , no puedo ver en qué este deseo de adhesión fortalecerá su seguridad. Más bien a la inversa, porque este vecino será empujado a la acción preventiva”.

La advertencia es clara, Putin busca construir una esfera de influencia para ejercer un poder de veto sobre las acciones del vecino débil. Tras el deseo de “finlandizar” y neutralizar, se oculta una voluntad imperialista pura y dura, la misma que se expresó brutalmente con la anexión militar de Crimea .

La pulsión imperialista está estrechamente ligada a la política interna rusa. Un vecino democrático ligado a la prosperidad de la Unión Europea sería un mal ejemplo para el régimen autocrático ruso y su debilidad económica.

El temor a las revoluciones de color (Ucrania, Georgia) que alumbraron regímenes democráticos, le quita el sueño a Putin. El dueño del Kremlin rechaza la democracia liberal y representativa, suscribe a la “democracia soberana” que significa predominancia de la soberanía estatal sobre cualquier otro principio, legitimando así el autoritarismo de los gobernantes.

Los acontecimientos más recientes, planteamientos moscovitas para suscribir tratados que estipulen el compromiso de la OTAN y de los EE. UU. de no extenderse a Ucrania , Georgia y el Asia Central, señalan la intención de formalizar una esfera de influencia en el espacio post soviético.

Llama la atención que Putin haya querido inicialmente negociar este acuerdo directamente con los EE. UU., apartando a los europeos, lo que revela su obsesión por restaurar a Rusia como superpotencia y reconstruir el imperio desplomado en 1991.

La obsesión ucraniana del Kremlin está relacionada con la dependencia energética de Europa con los combustible fósiles rusos. Los oleoductos rusos que alimentan a los europeos atraviesan Ucrania y pagan un peaje a Kiev. Sin embargo, Rusia y Alemania han construido un nuevo oleoducto en el Báltico (Nord Stream 2) que colocaría a Moscú en posición de chantajear a Ucrania, creando una mayor dependencia europea con Rusia.

La propuesta es firmar dos tratados, uno con los EE. UU. y otro con la OTAN, exigiendo garantías de la no expansión de esta última, pero también el cese de maniobras militares en otros países, la no instalación de misiles en Europa del Este y la suspensión de ayuda militar a Ucrania.

Los EE. UU. han amenazado con fuertes sanciones, particularmente con paralizar los flujos financieros rusos, aunque han aceptado el diálogo y han involucrado a los europeos en el proceso, a pesar de la reticencia del autócrata.

La UE ha advertido que la intervención rusa tendría consecuencias graves, renovando por seis meses más las sanciones. Sin embargo, Bruselas se mueve entre el dilema de dar una impresión de debilidad, al aceptar las proposiciones rusas, y evitar el agravamiento del conflicto.

La imposibilidad de negociar podría llevar a una invasión rusa de Ucrania. En términos militares los ucranianos no tienen capacidad para resistir el embate ruso, y los países occidentales no quieren comprometer tropas.

El escenario que se esboza es una guerra asimétrica, híbrida o de guerrillas, para la que los ucranianos se han preparado con misiles antitanque y drones turcos que aumentarán el costo de invadir un país de 44 millones de habitantes. La resistencia se hará más fuerte en tanto los invasores avancen hacia el oeste, aunque podrán presentarse incursiones con tropas rusas estacionadas en el sur (Moldavia) o en el Norte (Bielorrusia).

Una invasión rusa generará el riesgo de una guerra más amplia en Europa y el eventual involucramiento de la OTAN y los EE. UU.. La guerra en Ucrania salpicaría a los estados Bálticos, Polonia y Rumania , extendiéndose al Mar Negro, los peligros para la paz mundial son evidentes.

Esperemos que la diplomacia logre desactivar las tensiones y que Europa no sea nuevamente el origen de una nueva guerra, que esta vez será global.

El autor es politólogo.