Por: Cindy Caridad.   5 julio

Al hablar de cambio climático, gases de efectos invernadero, resiliencia, adaptabilidad, y otros muchos conceptos alrededor de este tema, el elemento que quizás menos entra a colocación es el sistema financiero.

La función principal del sistema financiero es canalizar el ahorro hacia unidades deficitarias, esto permite que los sectores económicos puedan crecer de la inyección de recursos por parte de las entidades financieras y por ende generar valor e incentivar la producción.

Las entidades financieras que proveen recursos por medio del otorgamiento del crédito a los distintos sectores de la economía, deben empezar a considerar dentro de su gestión de riesgo una nueva variable; el cambio climático.

El cambio climático conocido como la alteración de la distribución estadística de los patrones meteorológicos impulsado por la influencia del hombre ha provocado la presencia de sequias, tormentas, inundaciones, olas de calor, enfermedades y otros eventos climatológicos que han causado pérdidas millonarias en el mundo.

"El cambio climático impulsa repensar la estructura de los portafolios, las inversiones en energía limpia son una opción si se quiere contribuir a estabilizar o mejorar los gases de efecto invernadero".

Las entidades financieras no son la excepción a la regla, sus balances han empezado a notar el deterioro de la cartera de crédito asignada al sector agrícola, pecuario, y de turismo, entre otros.

Bonos verdes

El sector agrícola, por ejemplo, ha sufrido de perdidas de cosechas a raíz de la tormenta Nate, el pecuario de pérdidas importantes de su hato a causas de las inundaciones, y el sector hotelero de una baja en las tasas de ocupación por el mal tiempo. Esta dinámica ha afectado el ritmo de pago de muchos deudores y representa una variable poco analizada dentro del balance de los bancos.

El efecto del cambio climático en el sistema financiero no se limita al estado de la cartera de crédito de las entidades.

Los portafolios de inversiones que poseen las entidades financieras deberán gestionar la inclusión de bonos verdes dentro de sus inversiones, si así lo desean, e inclusive valorar aquellas inversiones que se tienen en emisores dedicados a la explotación de petróleo, gas y carbón.

El cambio climático impulsa repensar la estructura de los portafolios, las inversiones en energía limpia son una opción si se quiere contribuir a estabilizar o mejorar los gases de efecto invernadero.

Por el lado del pasivo, las entidades financieras se nutren en parte por captaciones y en otra por líneas de créditos y préstamos proveniente del exterior, los bancos comerciales y multilaterales que otorgan financiamiento a bancos costarricenses, pueden verse limitados a inyectar recursos con destinos únicos para mitigar el cambio climático, de ser así es posible ver una disminución del financiamiento y por ende los bancos en materia de riesgo de liquidez deberán diversificar sus fuentes de fondeo.

El cambio climático deberá ser un elemento esencial en la gestión de riesgo de las entidades financieras con el fin de identificar y mitigar su efecto sobre el balance de las instituciones.