La confrontación de ideas y visiones país constituye uno de los elementos de los procesos electorales.
El contraste sin filtros entre las posiciones de los aspirantes transforma las elecciones en ejercicio de democracia deliberativa y permite discutir desde los principios de la filosofía política las realidades del presente. Solo la refutación y la réplica pueden dejar claras las posiciones, la publicidad es insuficiente.
Los debates fomentan la educación cívica en torno a los principales temas de la convivencia más allá de los slogans y los spots televisivos.
La discusión polémica en torno a políticas públicas, cómo hacerlas y sus implicaciones se transforma en un espectáculo al cual no pueden sustraerse los ciudadanos, contribuye a su información y brinda una ocasión para evaluar el carácter de los candidatos bajo situaciones de stress. También es el espacio para la rendición de cuentas.
Las personas candidatas se ven obligadas a recurrir a la lógica, la credibilidad y las emociones para persuadir a sus conciudadanos que su propuesta es la mejor. La persuasión requiere un delicado equilibrio entre la forma y el fondo.
Un debate pasa por la dimensión interna de la confrontación pero también por la interpretación externa que hacen los comentaristas y los periodistas, es lo que se llama el spin off, los equipos de los debatientes tienen voceros encargados de interpretar lo dicho y visto.
Imágenes corporales, inseguridades, errores de los debatientes, la transmisión del mensaje es compleja tiene que integrar el fondo con la forma.
¿El espectáculo político determina la intención del voto? La condiciona pues reafirma a los convencidos en que su candidato es el mejor, y logra que algunos indecisos tomen su decisión.
Quienes han estudiado esto llegan a la convicción que la intención de voto se altera levemente pero que luego las aguas vuelven al nivel anterior. Salvo errores garrafales como los de Biden en el último debate con Trump, lo cierto es que los debates no operan una conversión total de los votantes, sino leves variaciones, pero que pueden ser determinantes en una elección ajustada.
Si los candidatos están bien preparados no deben temer al debate.

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Constantino Urcuyo Fournier es abogado y doctor en Sociología Política de la Universidad de París. Catedrático de la Universidad de Costa Rica, exdiputado y director académico del Ciapa. Profesor visitante en las universidades de Tulane y Salamanca. También es consultor internacional y nacional para diversas empresas.