Por: Roberto Artavia.   3 octubre

Terminé mis estudios de administración en junio de 1982. Ingresé a trabajar con un salario que a los pocos meses se había reducido drásticamente en su poder adquisitivo pues el colón era una moneda sometida a altas tasas de inflación y constante devaluación.

Vi a muchos caer en pobreza después de haber alcanzado la clase media, que significa pasar de una situación donde se puede mejorar la casa, comprar algún medio de transporte y, los más inteligentes, asegurar la educación de sus hijos o la pensión, a otra en la que apenas se cubren las necesidades básicas. Caer en pobreza es muy duro, una condición que afectó en aquel entonces a un 20% de costarricenses y que llevó la pobreza total al 51% de nuestra población. Aumentó el desempleo, la exclusión estudiantil, la mora bancaria y comercial…

Fueron años duros, pero se cambió el modelo económico de uno de sustitución de importaciones a uno de apertura con diversificación de exportaciones y turismo. Los industriales nacionales fueron grandes perdedores al inicio, pero se adaptaron y hoy Costa Rica es una nación robusta en su estructura productiva y en su comercio internacional.

Reforma del Estado

Hubo presión externa del FMI y del Banco Mundial en procesos de ajuste estructural que, si bien fueron medio impuestos, la verdad es que ayudaron a reducir la pobreza en 30% en sólo 12 años conforme el país recuperaba su productividad y estabilidad.

¿Será que necesitamos otra gran crisis para cambiar nuevamente el modelo y vencer el gigantismo estatal? ¿Será que este país no puede manejar su democracia para hacer grandes cambios y estos sólo se logran como respuesta a grandes crisis?

Es cierto que el humano es el único animal que se tropieza con la misma piedra dos veces pero, ¿no estamos llevando este refrán demasiado lejos?

Hay que pasar la reforma fiscal y luego seguir con una solidaria y bien pensada reforma del Estado que reduzca el número de instituciones, programas y empleados del sector público. Y ojalá hacerlo racionalmente y no como respuesta a esa crisis que ya nos está alcanzando.