Por: Roberto Artavia.   28 junio, 2019

El contrato social —conjunto de leyes, normas, regulaciones, costumbres y tradiciones que rigen sobre las relaciones y transacciones entre dos personas o entidades del país— y las instituciones que las respaldan, están bajo ataque.

La comunidad LGBTIQ reclama igualdad de derechos y oportunidades. Los pescadores artesanales protestan por sentirse desprotegidos ante la pesca industrial y el débil marco institucional que los respalda. Los taxistas se quejan de la operación de Uber.

Los empleados públicos alzan la voz por el costo de la vida, el IVA y la posible reforma de su régimen de empleo. Los sindicalistas, sin fuerza ni credibilidad después de la huelga, tratan de pegarse a todas estas protestas para demostrar una fuerza que simplemente ya no tienen. Y hay otros sectores en protesta: los transportistas, estudiantes, los rectores de las universidades públicas…

En río revuelto...

El Gobierno y los poderes del Estado, con algunas decisiones erradas y situaciones no resueltas —el cuestionamiento innecesario de la reelección de un magistrado, el alto desempleo nacional, la impunidad percibida en casos judiciales de alta visibilidad, inversiones injustificables en Jpdeva y el CNP, ocurrencias innecesarias en el MEP, entre otras— lejos de crear confianza, la han debilitado, y por tanto las relaciones entre personas, organizaciones y sectores del país se han vuelto más tensas y todos los costos de transacción han subido.

Es imperativo reconstruir el contrato social y para eso es necesario alta transparencia, decisiones oportunas y correctas, y alineamiento y consistencia de los poderes del Estado con el momento político; al tiempo que todos los que aún creemos en este país, evitamos la crítica casual y nos comprometemos con el apoyo de la democracia y la institucionalidad.

En río revuelto ganancia de pescadores y, desafortunadamente, hoy hay muchos: comunistas, candidatos a alcaldías y sus partidos políticos, sindicalistas oportunistas e inescrupulosos que no dudarán en sacrificar economía, empleo y bienestar a cambio de avanzar sus ideologías y agendas egoístas.