Por: .   31 octubre, 2015
¿Quo vadis, Banco Central?
¿Quo vadis, Banco Central?

Hay complacencia, por parte del Banco Central, con los resultados de las políticas monetaria y cambiaria, por la reducción de la inflación y la estabilización del tipo de cambio.

Sin embargo, dado el desempeño macroeconómico y de las exportaciones en particular, no se justifica que las tasas de interés en términos reales sean más altas que hace un año y que el diferencial entre las tasas de interés locales e internacionales sea tal que presione a la baja al tipo de cambio y lleve al Banco Central a acumular reservas.

Hay evidencia clara de que el ritmo de crecimiento económico es bajo. El desempleo en los últimos cuatro trimestres ha sido más alto que en los correspondientes trimestres de un año antes. La situación se debe principalmente a una caída en términos reales de las exportaciones y de una fuerte desaceleración de la formación bruta de capital fijo (la inversión). El consumo de los hogares y del gobierno se mantiene con un crecimiento relativamente alto, según los datos a marzo del 2015.

Hay por supuesto factores puntuales que han incidido en estos resultados. Pero no por ello dejan de tener un impacto persistente sobre la demanda agregada y el empleo, por lo que las políticas monetaria y cambiaria no deben ser restrictivas en términos de su impacto sobre la demanda, sino a lo sumo neutras.

Sin embargo, la política monetaria es más restrictiva que la de hace un año porque las tasas de interés en términos reales son más altas. El Banco Central ha venido reduciendo la Tasa de Política Monetaria (TPM), sin embargo, la Tasa Básica Pasiva real (descontando el efecto de la inflación) ha sido más alta durante el 2015 que en el 2014, de acuerdo con los cálculos del Banco Central basados en encuestas sobre expectativas.

Posiblemente, el Banco Central continuará reduciendo la TPM, aunque, dado su nivel actual, es dudoso si esa medida sería suficiente en términos de su efecto sobre la demanda agregada y, en particular, sobre las exportaciones.

No obstante, el Central probablemente mantenga su política cambiaria, que ha llevado a una apreciación real acumulada entre mayo del 2014 y agosto del 2015 de un 10% según el Índice del Tipo de Cambio Efectivo Real Multilateral.

Un ejemplo del encarecimiento de Costa Rica es el Índice Big Mac: en julio del 2014, la hamburguesa costarricense ocupaba la posición 29 entre los países con hamburguesas más caras del mundo al ser valoradas al tipo de cambio correspondiente, y en enero del 2015 ocupaba la posición 21 y en julio del 2015, la 17.

¿Flexibilidad cambiaria?

La estabilidad del tipo de cambio es resultado de varios factores, que incluyen por supuesto la disminución de la factura petrolera entre otros. Pero también refleja decisiones de política para alcanzar la estabilidad en el nivel actual.

El Banco Central realizó operaciones de estabilización compradoras netas en los meses de mayo, junio y diciembre del 2014, así como en febrero y mayo del 2015. Además, al no reducir las tasas de interés conforme se redujo la inflación y se estabilizó el tipo de cambio, provocó un aumento en el premio por invertir en moneda nacional, lo cual, al incentivar la entrada de capitales, tiende a presionar hacia la apreciación del colón.

La cuestión no es si el tipo de cambio actual refleja una situación de equilibrio según algún modelo (otro tipo de cambio, 3% más alto que el actual, por ejemplo, podría serlo), sino de si se debe mantener la política cambiaria actual (que más que una “flotación sucia” parece un tipo de cambio “fijo sucio” pues no conlleva algunos de los beneficios de las paridades fijas) o si conviene permitir más flexibilidad en el comportamiento del tipo de cambio (flotación administrada), de modo que su evolución responda a los fundamentos del mercado y que las expectativas se formen sobre esta base, no exclusivamente sobre adivinanzas sobre el tipo de cambio que el Banco Central pueda percibir como de equilibrio a futuro.

En todo caso, en este momento, sí parece conveniente permitir que las presiones al alza en el mercado cambiario se materialicen. Esto contribuiría a reducir el premio por invertir en moneda nacional, lo que restaría presiones a la apreciación del tipo de cambio causados por entradas de capital. Además, en un contexto de inflación negativa, hay margen para la depreciación cambiaria, lo cual sería especialmente efectivo para el sector más afectado, el exportador.