Por: Constantino Urcuyo.   13 septiembre

Gran desorden bajo los cielos, el mundo cambia hacia la multipolaridad. Las potencias mundiales rediseñan su política exterior con criterio estratégico y el resto de países no deben permanecer pasivos.

¿Quién se luce en la pasarela mundial? La rivalidad. Antagonismos entre grandes potencias que se manifiestan globalmente, vinculados a dinámicas regionales.

El acoplamiento a la nueva realidad puede ser forzado o consentido, pero será, permeado por los autoritarismos criollos o democracias electorales malogradas. Buen ejemplo de lo primero son Venezuela, Cuba y Nicaragua.

Por otro lado, las democracias centroamericanas no impulsaron el desarrollo esperado y se debaten entre la expulsión de sus ciudadanos y la implosión de instituciones. Una Costa Rica dependiente del mercado regional es vulnerable a las turbulencias de la zona.

Nuevos retos

Desde otra perspectiva, la creencia en la globalización como panacea ya no se sostiene y sus fieles creyentes se quedaron sin faro ideológico. Ante eventos mundiales como la guerra comercial con China, esa fe ingenua en el globalismo fetichista impide ver la potencial desconexión de la economía mundial, generada desde el proteccionismo de la Casa Blanca.

Repensemos nuestra política exterior. Vayamos más allá de la retórica de paz y derechos humanos, incorporando una narrativa que incluya género, ecología, equidad y modernidad, entre otros criterios.

El reto del servicio exterior hoy es combatir el burocratismo y crear mecanismos de análisis estratégico. Igualmente, debe mejorar la coordinación entre lo político y comercial.

Frente al panorama descrito, reafirmemos a Estados Unidos que sus intereses de seguridad nacional serán respaldados, pero que sus enemigos no necesariamente son los nuestros.

La búsqueda del equilibrio en materia diplomática ha de marcar el derrotero.