Por: Jairo Mena Arce.   8 abril

A inicios del 2018 las empresas formales reportadas por la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) superaron las 70.000 y desde entonces, este número ha crecido continuamente hasta llegar a un máximo de 73.022 a finales del 2019.

Lo que pasó en los primeros meses del 2020 ya todos lo conocemos. La crisis tuvo un impacto directo en la cantidad de empresas del país y para el mes de junio se habían perdido más de 4.000 negocios formales.

El segundo semestre del año pasado vino encaminado hacia una flexibilización de las medidas sanitarias, lo que permitió una leve recuperación económica. Para finales del año, se habían recobrado 766 empresas, es decir, de cada 10 empresas que murieron en junio, menos de dos había nacido para diciembre.

Foto Jeffrey Zamora
Foto Jeffrey Zamora

En términos netos, es decir, considerando las pérdidas y las recuperaciones, el 2020 cerró con 3.310 empresas menos de las existentes al final del 2019. Por primera vez en cuatro años, la cantidad de empresas fue inferior a las existentes en el 2017.

Manteniendo este mismo periodo de análisis y al separar el efecto por tamaño, sector y región, podemos obtener más información relevante sobre los cambios que experimentó el parque empresarial durante el 2020.

Afectación por tamaño

Las microempresas fueron las que numéricamente sufrieron la mayor afectación, contrayéndose en 2.071 unidades. Sin embargo, las microempresas componen las 3/4 partes del parque empresarial total, por lo que es racional pensar que iban a afectarse en mayor cantidad.

Continuando con el ejercicio, se perdieron 900 empresas pequeñas, 309 medianas y 30 grandes durante el 2020.

Ahora bien, si hacemos la comparación de manera proporcional a la cantidad de empresas por tamaño, podemos notar un comportamiento interesante. Las microempresas se contrajeron en 4%, las pequeñas empresas se contrajeron en un 6%, las medianas perdieron el 10% de su total y las grandes el 2%. Desde esta perspectiva, concluimos que las grandes empresas fueron las más resistentes la crisis, como muchos hubieran predicho. Sin embargo, las medianas resultaron ser las más afectadas en términos proporcionales, comportamiento que no era tan sencillo de predecir. Las pequeñas y las microempresas fueron las segundas y las terceras más afectadas respectivamente.

Afectación por sector

Históricamente el comercio ha sido el sector con mayor cantidad de empresas del país, con una cuota igual al 25% del total del parque empresarial. A pesar de que la cantidad de comercios se contrajo en 740, su aporte proporcional se mantuvo constante.

En segundo lugar, se encuentran las actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler. Este sector contrajo su cantidad de empresas en 96. Pero al experimentar una de las contracciones proporcionales más pequeñas, su aporte al parque empresarial más bien aumentó del 19% al 20%.

Por otro lado, la mayoría de los sectores mantuvieron constante su representatividad relativa. Por ejemplo, agricultura y ganadería se mantuvo en 8% a pesar de perder 45 empresas; la industria manufacturera se mantiene en el 6% tras perder 188 empresas; transporte, almacenamiento y comunicaciones también sostuvo su participación del 6%, inclusive luego de reducirse en 463 compañías.

Pero dos sectores sí perdieron participación porcentual. Entre hoteles y restaurantes se perdieron 1.093 empresas, esto no sólo implicó la mayor perdida numérica, sino también la mayor perdida proporcional, pues pasaron de representar el 9% del total de empresas a sólo el 7%. Además, la construcción también tuvo una pérdida de participación relativa, pasando del 6% al 5%.

Como dato de relevancia, todos los sectores vieron reducida su cantidad nominal de empresas.

Afectación por región

A finales del 2019 el 70% del parque empresarial estaba concentrado en la Gran Área Metropolitana (GAM); para el final del 2020, este porcentaje disminuyó levemente al 69%. La caída se deriva de las 1.917 empresas que ya no se encuentran operando dentro de la metrópolis del país.

Esta apreciación se alcanzó con un modelo de estimación que desarrollamos en la Cámara de Comercio de Costa Rica, utilizando datos del Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC) y de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS), que también permite un análisis por provincia, cantón y distrito.

La menor concentración empresarial se encuentra en las provincias costeras. Limón sólo alberga el 3% de las empresas formales que operan en el país, las cuales se mantuvieron sumamente estables durante la crisis. Puntarenas es la segunda provincia con menos empresas, sólo alberga al 5% del total, esto a pesar de haber ganado 55 empresas en el periodo de análisis. Por otro lado, Guanacaste perdió 419 empresas, aún así mantuvo constante su participación relativa del 6% del total.

Por otro lado, la pérdida reflejada en la GAM se concentró en San José y Alajuela. La capital de país disminuyó la cantidad porcentual de empresas constituidas, pasando de 37.290 empresas que representaban el 51% a 34.709 empresas que ahora representan el 50% del total. Alajuela perdió 576 empresas, para alcanzar una cantidad final de 12.316, siendo esta cifra aún el 18% del parque empresarial total.

Las restantes dos provincias experimentaron un crecimiento empresarial. Heredia ganó 129 empresas, cerrando el conteo en 7.347 y aumentando su participación relativa del 10% al 11%. Mientras que Cartago tuvo un leve repunte de 71 empresas, manteniendo su participación relativa en 8%, con un resultado final de 5.632 compañías.

¿Cómo recuperarnos?

Es evidente que la mayor pérdida de empresas se concentró en el centro del país, siendo San José la provincia más afectada; comportamiento que obedece a la alta concentración empresarial en la capital, equivalente a la mitad del total de empresas. Por otro lado, mientras que el recuento por tamaño y por sector sólo tuvo perdedores, el recuento por provincias si evidenció algunos leves ganadores.

El parque empresarial del país fue golpeado de manera histórica y su recuperación tomará tiempo. Además, el comportamiento del empleo de los últimos meses evidencia como la informalidad se empodera de la economía; por lo que es de esperarse que muchas de las empresas formales perdidas encuentren refugio en el sector informal. Por esta razón, las políticas públicas que incentiven el nacimiento de nuevas empresas dentro de la formalidad se hacen más necesarias que nunca.

Es necesario generar incentivos para la incubación de empresas en las periferias del país y así disminuir la actual concentración. Pero, además nuestro país necesita reducir trabas y costos para los nuevos negocios, liberar el flujo de efectivo de los negocios sobrevivientes, así como fomentar la formalidad mediante la reducción de los procesos burocráticos y los altos costos fiscales. Sólo así podemos acelerar el nacimiento de nuevos negocios y reponer los decesos empresariales que nos dejó el 2020.