Gerencia

¿Cómo aprovechar el ‘coaching’ y elegir al ‘coach’?

Existen muchos tipos: desde el deportivo, el empresarial, en ventas y en gestión de equipos, pero en todos se debe tener disposición al cambio

Natalia Alfaro, fundadora de WR Learning, cuenta que a su programa de coaching empresarial acuden empresas que requieren desarrollar iniciativas de innovación, pero sus colaboradores están cansados, bloqueados y frustrados de servir de prueba y de los malos resultados anteriores.

Lo mismo ocurre con personas emprendedoras que quieren apostar a renovar sus productos y servicios, ante los cambios de los consumidores y el mercado, e incluso a los profesionales que les urge elevar su perfil y su marca personal ya sea para generar actividades independientes o procesos de contratación corporativos.

“Los emprendedores deben seguir exactamente el mismo proceso que una marca corporativa”, dice Natalia, quien desde hace casi una década gestiona proyectos de tecnología e innovación en firmas globales, regionales y locales, así como apoya a ejecutivos, analistas y emprendedores en procesos de coaching uno a uno.

“Me dediqué al coaching en innovación porque como consultora sentía que mi propuesta de valor era buena pero no excelente”, explica Natalia. “Encontré la forma de maximizar el valor percibido por mis clientes sobre mis programas”.

Tanto emprendedores como profesionales, ejecutivos y líderes en empresas pueden iniciar procesos de coaching en innovación personal o para reducir el estrés, profundizar su liderazgo, fortalecer su influencia positiva, eliminar hábitos limitantes, disminuir conflictos interpersonales y dirigir situaciones complejas, salir del molde tradicional y solucionar problemas de forma creativa.

El coaching es una herramienta de desarrollo personal y profesional en la cual una persona (el coach) apoya a otra (coachee) a lograr un objetivo al brindarte orientación para lograrlo, a partir de su conocimiento teórico y experimental sobre una situación o dificultad.

Existen muchos tipos de coaching, desde el deportivo, el empresarial, en ventas, en gestión de equipos y el ontológico (enfocado al “ser” de la persona) hasta aquellos “un poco más esotéricos” como el coaching cuántico, entre otros.

No basta tener conocimiento técnico en un tema específico para convertirse en coach. Se requiere una extensa preparación, dominio de varias disciplinas (para entender la mente y gestión de ideas y emociones) y la certificación.

Las tres características fundamentales para diferenciar entre un tipo de coaching y de otro son:

Metodología: una ruta clara.

Finalidad: que se va a lograr.

Participantes: quienes participan, si es individual o en grupo.

Los pasos a seguir en un proceso o una sesión difieren mucho de un tipo de coaching a otro. Se debe primero analizar si el coach es la persona correcta o no para acompañar a los ejecutivos de una empresa, a un emprendedor o a un ejecutivo.

A partir de ahí se realiza una adaptación de las metodologías a la necesidad para impulsar el proceso de transformación.

Natalia dice que a diferencia de un consultor, que vende una “bolsa de horas”, el enfoque del coaching es el proceso de transformación (llevar a la persona de un punto A a un punto B) mediante sesiones personalizadas (presenciales o virtuales), entrenamientos, soporte diario y herramientas como plantillas de trabajo.

Normalmente en una consultoría o asesoría, se entrega un informe con recomendaciones de qué hacer. En el coaching hay un proceso guiado de autodescubrimiento e implementación del plan de cambio.

La preparación y certificación de los coaches les permite dirigir procesos de cambio con los debidos requerimientos éticos, normas de privacidad y metodologías, las cuales pueden adaptarse a la cultura y mercados locales y a cada situación, necesidades y objetivos.

Natalia indica que cuenta con dos metodologías propias (una de estrategia de innovación: el “pentágono estratégico” y el “día cero” para desarrollar mentalidad innovadora).

Se puede aplicar un proceso de acompañamiento, donde se utilizan preguntas poderosas y conocimiento tácito para que la persona aprenda por sí sola y obtenga sus propias respuestas.

“Un coach no debe nunca forzar a hacer cambios para los que no se está preparado”, recalca Natalia. “No todas las personas u organizaciones están listos para innovar”.

Lo central es desafiar el status quo del ejecutivo, emprendedor o profesional para darle forma y estructura a sus negocios y planes, en un marco de respeto a sus objetivos, prioridades y realidades.

La elección del coach debe hacerse con criterios específicos y teniendo claro el objetivo de cambio ejecutivo, como emprendedor y profesional que se desea. Se debe validar:

Experiencia práctica: mínimo cinco años, dice Natalia.

Preparación profesional: atestados académicos en su área de especialidad.

Metodología: propia o no, que sea validada y comprobada con resultados también comprobados.

Certificación como coach: emitida por una entidad de respaldo como la International Coaching Federation (ICF), para garantizar la preparación y experiencia.

Contratación: se debe tener una sesión de claridad con al menos tres coaches (muchos ofrecen estas sesiones de orientación de manera gratuita).

Revisión: busque y verifique los testimonios y recomendaciones de clientes del coach.

Empatía: analice la empatía y la conexión personal mutuas que tendrán Usted y la persona que será coach.

Nada es gratis y lo gratis no suele ser asumido por las personas con el mismo compromiso que cuando se debe pagar.

Parte de la sesión de exploración con cada posible coach es revisar los costos del proceso, que pueden ir desde $500 hasta $1.800 o más y el retorno de inversión. Además, lo recomendable es firmar un contrato donde se incluyan cláusulas de reembolso.

Para mejorar el proceso se recomendienda:

1. La persona debe estar dispuesta a salir de su zona de confort, probar novedades y aplicarlas en su día a día. Se debe tener un compromiso para implementar cambios y no se puede pretender que en sesiones de 90 minutos cambie lo que solo a la persona le corresponde cambiar.

2. Se requiere una comunicación fluida, para incluso indicar abiertamente si una herramienta o una técnica no están funcionando, compartir con el coach los logros y lo que sí da resultados.

3. Es un proceso normal. Requerir un coach implica que se está dispuesto a obtener resultados positivos y exitosos. Hasta reconocidos ejecutivos de firmas globales e innovadoras han tenido sus baches de frustración, desánimo, confusión y necesitaron otras perspectivas, visualizar y obtener mejores resultados a corto, mediano y largo plazo.

4. El proceso es continuo, que puede mantenerse hasta que se logran los objetivos definidos. Pero es importante tener claro cuáles son las metas en cada fase y obtener retroalimentación sobre los logros.

5. Apostar por el cambio y la innovación implica integrar diferentes componentes: modelo de negocio, red de contactos, estructura organizativa, procesos, productos y servicios, plataforma y experiencia (marca, canal, servicio y procesos de enganche de clientes).

Carlos Cordero Pérez

Carlos Cordero Pérez

Carlos Cordero es periodista especializado en temas tecnológicos. Escribe para El Financiero y es autor del blog "La Ley de Murphy".

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