Por: Carlos Cordero Pérez.   21 febrero
Con sensores se puede automatizar el riego. (Foto Rafael Pacheco / Archivo GN)
Con sensores se puede automatizar el riego. (Foto Rafael Pacheco / Archivo GN)

La evolución de la tecnología, los requerimientos de las empresas que compran a los agricultores y la demanda de los consumidores obligan a los pequeños productores a actualizar sus propias actividades.

“Los agricultores deben convertirse en empresarios del agro”, advirtió Fiorella Blanco, directora de estrategia y crecimiento de Fundes.

Y uno de los avances hacia los que deben encaminarse es hacia la denominada “finca inteligente”.

¿Qué se entiende por finca inteligente?

Una finca inteligente es aquella en la que se hace un adecuado uso de la tecnología, de los insumos, de los recursos y hasta de los desechos en funcion de la demanda de los consumidores.

Por ejemplo:

Con los desechos de los animales se puede generar energía, que lleve a ahorros y a menores costos operativos.

Con el compostaje se puede reducir el uso de agroquímicos y desarrollar cultivos más saludables y amigables con el ambiente.

La incorporación de tecnología puede incluir:

-Uso de paneles solares para cubrir las necesidades de energía.

-Uso de sensores para determinar necesidades de agua y de nutrientes en los cultivos.

-Uso de drones para monitorear la producción, los cultivos y las cosechas.

El monitoreo de los cultivos también se puede realizar con drones. (Foto Rafael Pacheco / Archivo GN)
El monitoreo de los cultivos también se puede realizar con drones. (Foto Rafael Pacheco / Archivo GN)

Se puede ir más allá: con los sensores, al establecer necesidades de agua y al detectar que ya se tiene el nivel requerido, se automatiza el riego.

También se puede parametrizar según los productos, el clima y el suelo, entre otros factores.

Las fincas inteligentes también pueden empezar a utilizar nuevos materiales, para reducir su impacto ambiental.

-Uso de bambú para paletas de exportación.

-Empaques ecológicos.

-Innovación y generación de valor agregado en productos, procesos y comercialización.

-Certificaciones internacionales.

Para los productores la presión de incorporar tecnologías, prácticas y materiales nuevos viene de las compañías que les compran, de un mercado cambiante y de unos consumidores más exigentes.

Si la incorporación de tecnologías y prácticas más eficientes, actualizadas y automatizadas es un obstáculo para los productores más tradicionales, una solución es ir dejando que las nuevas generaciones se encarguen de implementarlas y ejecutarlas.

“Ellos tienen menos temor y poseen un ciclo de aprendizaje más rápido”, dice Blanco. “La clave es tener una lectura del mercado”.

Blanco advierte que no se hace nada si se incorporan estas tecnologías o prácticas, pero no se tienen esa lectura de los consumidores.