Por: Joanna Nelson Ulloa.  12 abril
Pablo Pineda Villalobos, de 35 años y quien tiene estudios en diseño industrial, fundó su pyme en el 2016. La idea es convertirse en una plataforma para comercializar alimentos típicos innovadores de diversas zonas del país. (Foto: Productos del Artesano para EF).
Pablo Pineda Villalobos, de 35 años y quien tiene estudios en diseño industrial, fundó su pyme en el 2016. La idea es convertirse en una plataforma para comercializar alimentos típicos innovadores de diversas zonas del país. (Foto: Productos del Artesano para EF).

El emprendedor Pablo Pineda Villalobos siempre ha estado interesado en la gastronomía local.

En su mente están grabados sus paseos de niño a zonas montañosas y los productos típicos caseros que su familia compraba de camino, recién salidos del horno.

Luego de haber emprendido en diferentes áreas, decidió crear una pyme ligada al sector alimentario, denominada Productos del Artesano.

Su deseo es ser un puente entre artesanos de zonas rurales y alejadas de la capital que elaboran platos típicos y los consumidores del Valle Central que aprecian estos alimentos.

Pablo inició vendiendo quesos y natilla de Turrialba. Pero, no se quedó ahí, él desarrolló su propia línea de mantequillas de diferentes sabores: albahaca con tomate, orégano y tomillo; culantro con limón; canela y miel; y ajo con jengibre y cebolla.

También vende productos distintivos de la provincia de Limón como pan bon y patí.

De Pacayas (del cantón Alvarado) vende palitos de canela, palitos de queso y galletas, de Capellades comercializa cajetas de sabores variados, mientras que de Guanacaste rosquillas y empanadas dulces.

En los quioscos se pueden encontrar bizcochos, pan casero, cajetas, cocadas, mantequilla, semillas, granola, pan bon, patí, café y otros productos. (Foto: Productos del Artesano para EF).
En los quioscos se pueden encontrar bizcochos, pan casero, cajetas, cocadas, mantequilla, semillas, granola, pan bon, patí, café y otros productos. (Foto: Productos del Artesano para EF).

Crecimiento

El empresario empezó ofreciendo sus productos en puntos estratégicos de ciertas calles del país, en las que estacionaba su pick up, ya fuese en las mañanas o en las tardes.

Así, vendía en las afueras de la UNED, en Sabanilla, en el Ebáis de Tibás y afuera del Instituto Costarricense de Turismo (ICT), en La Uruca. En este último punto aún sigue vendiendo los miércoles y viernes de 5 a.m. a 8:30 a.m.

La feria del agricultor de Tibás igualmente fue un espacio en el que se le podía encontrar.

Después de varias odiseas para lograr vender los alimentos en un sitio más estable y formal, encontró un local en Guadalupe (25 metros al sur del parque, hacia la Cruz Roja) y en Terramall, en el área de comidas junto escaleras eléctricas donde instaló un quiosco.

Pablo desea a futuro ir incorporando nuevos platillos artesanales y está claro en que su meta es rescatar el concepto de panadería típica rural y servir como plataforma de emprendimientos innovadores en el campo gourmet.

“Nos interesan los emprendimientos que tengan una especialización", explicó Pineda. "Que no solo vendamos chocolates, sino que sean orgánicos, o no solo jaleas, sino jaleas de sabores exóticos. Que el producto tenga una diferenciación, un valor agregado, para que la gente nos venga a buscar por eso. No vernos como un minisúper más”.

Dentro de sus planes a corto plazo se encuentran vender mantequilla de maní y mantequilla de almendras y consolidar sus espacios comerciales.

Además, espera abrir una pequeña planta en San José, para producir nuevos productos y que otros emprendedores también tengan un espacio para elaborar sus creaciones.

Actualmente, la pyme apoya a entre 15 y 20 emprendedores del país.