Por: Carlos Cordero Pérez.   12 marzo
La fresa que se cultiva es de la variedad San Andreas, con una mata pequeña y fruta grande y dulce. (Foto para EF)
La fresa que se cultiva es de la variedad San Andreas, con una mata pequeña y fruta grande y dulce. (Foto para EF)

María Isabel Víquez quería diversificar la producción de su parcela en Llano Grande de Cartago, pero no conseguía el financiamiento que requería. Una amiga le dio una sugerencia y en setiembre anterior empezó a cultivar fresas. Ahora piensa en más productos y ampliar sus canales de venta.

“La idea también es vender directamente”, dice María Isabel.

La propietaria de la finca es su mamá, doña Odilia, que tiene 69 años, y la recibió como una herencia familiar. Tradicionalmente el terreno lo dedicaban a sembrar papa, maíz, frijol cuba, remolacha y zanahoria. Además, tenía una lechería.

María Isabel le planteó a doña Odilia retomar las siembras de la finca y especialmente cultivar fresa, que anteriormente había producido un hermano suyo.

Siempre se ha dedicado a la agricultura y muchas veces trabaja en la cosecha de diferentes productos en otras fincas de la zona.

Uno de los finqueros la animó a tener su propia producción, lo que empezó a ser más urgente hace un año por la pandemia del COVID-19.

Para iniciar el proyecto requería ¢4 millones, pero en las cuatro instituciones a las que recurrió le indicaron que no valía la pena hipotecar la finca por una suma que era mucho menor al valor de la propiedad.

Fue cuando una conocida le sugirió una opción y la puso en contacto con un asesor de Fundecooperación.

María Isabel siempre se ha dedicado a la agricultura, tanto en la finca heredada del abuelo, como en otras de Cartago. (Foto para EF)
María Isabel siempre se ha dedicado a la agricultura, tanto en la finca heredada del abuelo, como en otras de Cartago. (Foto para EF)

En junio de 2020 se logró el financiamiento con el que construyeron un reservorio de agua que se necesitaba (para contar con el líquido especialmente en época de verano), se instaló una membrana y se inició la siembra de fresa.

En el análisis de Fundecooperación se tuvo en cuenta la diversificación de la producción y de la comercialización que se planteaba, el orden de las cuentas, el manejo de la semilla tanto como el manejo de un fertilizante y de un sistema de riego controlado.

La entidad valoró especialmente que María Isabel es muy emprendedora, esforzada, su intención de ser independiente y el orden que lleva en las cuentas.

“Ella quería tener una empresa para crecer como mujer y madre”, indicó Kattia Rojas, encargada de mercadeo de Fundecooperación.

Esta organización cuenta con programas dirigidos a mujeres empresarias, con créditos de ¢500.000 a ¢10 millones (a 60 meses y una tasa de interés del 8% al 14% anual en colones) para la compra de equipos o maquinaria especializada, capital de trabajo para el desarrollo de la actividad, mejoras en infraestructura y de procesos o productos finales.

El programa ha beneficiado también a Adriana Navarro, de Cedral de León Cortés, que se dedica a la siembra de mora y granadilla; Ana Patricia Chaves, de Pejibaye de Pérez Zeledón, que tiene un proyecto de novillas de doble propósito; y Hannia González, de Río Claro de Golfito, que tiene una pequeña granja de gallinas ponedoras.

Otra entidad que brinda financiamiento a mujeres es el Banco Nacional (BN), que reporta una cartera de ¢1.179.619 millones a diciembre de 2019 y 1,1 millón de clientes, incluyendo empresarias, estudiantes, administradoras del hogar, asalariadas, profesionales y pensionadas.

El programa de BN Mujer ofrece servicios bancarios, asesorías, capacitación, convenios y encadenamientos y contabiliza que, de los 1.520 créditos otorgados para proyectos productivos de personas en condición de pobreza con el aval de Fideimas, es para mujeres.

En el caso de María Isabel, para Fundecooperación precisamente el reto es la diversificación de productos y canales (fortaleciendo su relación con clientes en la comunidad, intermediarios y venta directa), lograr más eficiencias y disminuir el riesgo ante el cambio climático (por las variaciones en las condiciones que pueden poner en peligro los cultivos y las inversiones).

Buena parte de las acciones implementadas precisamente pretenden cumplir con tales desafíos, como un seguro agropecuario para pequeños productores que aplican prácticas ambientales y que se incluye en la cuota mensual.

La capacitación, la asistencia técnica y la asesoría de Fundecooperación se dirige también a resolver esos retos.

Junto a la fresa (de la variedad San Andreas, con una mata pequeña y fruta grande y dulce), María isabel y su familia (con ella trabaja la mamá y el esposo) producen uchuva, arveja y culantro.

“Lo que más se produce es fresa y culantro”, dijo María Isabel. “Queremos meter más fresas para vender a más clientes. También volver a sembrar zanahoria ahora en verano ya que tenemos agua”.