Por: Carlos Cordero Pérez.   2 diciembre
Ximena, Monserrat y Daniela se conocieron cuando estudiaban en el Colegio Lincoln y Diana en el Saint Paul. Ahora son socias en su propia empresa. (Foto cortesía de Wagát Upcycling Lab.)
Ximena, Monserrat y Daniela se conocieron cuando estudiaban en el Colegio Lincoln y Diana en el Saint Paul. Ahora son socias en su propia empresa. (Foto cortesía de Wagát Upcycling Lab.)

Iniciar un negocio no necesariamente tiene que ser en forma individual: puede unirse a otras personas, empezando con familiares o amistades.

Tampoco es indispensable dedicarse a tiempo completo desde el inicio: puede sacrificar algo de su tiempo libre hasta que el negocio genere suficientes ingresos.

Y puede hacerlo con productos innovadores, con sentido ambiental y respondiendo a las necesidades de los clientes, vendiendo a través de tiendas y con el menor costo posible.

Así lo enseñan Daniela Musmanni, Ximena Montealegre, Diana Raven y Monserrat Agüero con su empresa Wagát Upcycling Lab., con la que producen de forma artesanal y ofrecen productos para el hogar hechos 100% de plástico reciclado.

Wagát signifca verde oscuro en lengua del pueblo indígena Boruca.

Actualmente comercializan macetas, tablas para queso, tazones, fruteros, jaboneras y también árboles navideños.

“Tratamos de tener unos productos base y de innovar con productos por temporada”, cuenta Daniela.

Las cuatro emprendedoras comparten el proyecto con sus propias actividades laborales y en el hogar.

Ximena y Monserrat son ingenieras industriales y Diana y Daniela son administradoras.

Todas son amigas desde la secundaria.

El color de cada producto es el mismo del material reciclado. (Foto cortesía de Wagát Upcycling Lab.)
El color de cada producto es el mismo del material reciclado. (Foto cortesía de Wagát Upcycling Lab.)

Daniela trabajó 14 años en una empresa encargada de reclutar docentes que quisieran ir a dar clases en Estados Unidos y actualmente se mantiene en el Colegio Lincoln.

Ximena trabaja en una empresa de su familia, mientras Diana y Monserrat trabajan en sus hogares, después de haberlo hecho en Intel y en una empresa de reciclaje local, respectivamente.

Monserrat reside en EE. UU., desde donde gestiona el proyecto.

Un día, precisamente en diciembre del 2017, Ximena les contó que se podía realizar un proyecto Precious Plastics.

Esta es una iniciativa originada en Holanda, por el diseñador Dave Hakkens, para motivar el reciclaje en la población, impulsar emprendimientos, implementar procesos en espacios pequeños, con materiales y talento local, y con costos accesibles.

El proceso implica lavar los plásticos recibidos, cortarlo, triturarlo en una máquina, convertirlo en una pasta y, cuando se está enfriando, darle la forma del producto que se quiere crear.

Finalmente se le da un choque térmico para enfriarlo más rápido y consolidar la forma que se le dio, y se le da el acabado.

Por supuesto, el impulso inicial fue su deseo de hacer algo más. Y empezaron a investigar lo que se necesitaba y cómo hacer las máquinas con los planos de los equipos, a cargo de un tercero.

Mientras les entregaban los equipos resolvieron los trámites propios del inicio de cualquier empresa, incluyendo el registro de la marca y de los productos.

En julio del 2018 ya tenían la primera máquina y empezaron en el espacio que les cedió una amiga en el patio de su casa. El segundo equipo lo recibieron en noviembre de ese año.

Actualmente ofrecen dos tipos de árboles navideños hechos de plástico reciclado. (Foto cortesía de Wagát Upcycling Lab.)
Actualmente ofrecen dos tipos de árboles navideños hechos de plástico reciclado. (Foto cortesía de Wagát Upcycling Lab.)

Todo ese tiempo fue de aprendizaje del reciclaje, sosteniendo la operación y las inversiones con sus propios ahorros, mejorando los acabados.

El proceso incluyó desde nivelar el suelo del patio donde se instalaron, construir una mesa de trabajo, darle mantenimiento a las máquinas, pruebas con los productos (viendo el comportamiento del plástico)

En agosto del 2019 empezaron las ventas y el negocio empezó a generar ingresos para sostenerse sin necesidad de más aportes personales.

Ellas utilizan dos tipos de plásticos.

El llamado plástico 2 (HDPE) utilizado en recipientes de detergentes líquidos, de aceite y otros (en la parte de abajo se indica) y el plástico 5 (PP) con el que se fabrican tapas de botellas y bolsas limpias.

El color del producto es el que les brinda el material reciclado.

Esta materia prima la obtienen de amistades y familiares.

También a través de iniciativas de recolección que realizan en dos centros educativos privados en Escazú.

Otro punto de acopio es la cafetería Ili Vanili, , ubicada en el centro comercial Escazú Village, así como mediante alianzas con empresas que descartan productos de plástico.

Los interesados en reciclar plástico o en comprar productos las pueden localizar también en su Facebook.

Hasta el momento han reciclado más de 1.000 recipientes de ese material.

El público encuentra los productos en las tiendas de diseño nacional Sin Domicilio Fijo (Escazú centro), Apartado Creativo (Escazú, por La Paco frente a BAC Credomatic), Colectivo (Guachipelin, frente a Distrito 4), Manta Raya (en Nosara) y en Hotel Marriott Los Sueños (Herradura).

También participan en las ferias de El Mercadito (en diciembre se realiza una cada fin de semana en un sitio distinto)

“Nos ha ido mejor de lo esperado”, afirma Daniela.

Una de las tareas permanentes es innovar en productos. (Foto cortesía Wagát Upcycling Lab.)
Una de las tareas permanentes es innovar en productos. (Foto cortesía Wagát Upcycling Lab.)

Con los ingresos por ventas obtienen lo que requieren para pagar el local de la fábrica, herramientas que van necesitando, moldes, etiquetas (de papel reciclado) y bolsas de papel craft para entregar los productos comprados.

Para no tener inconvenientes en su trabajo actual, Daniela desde el inicio conversó en el Colegio Lincoln para tener flexibilidad y reponer el tiempo si es necesario para algún trámite.

Lo mismo hizo Ximena en la empresa de su familia, mientras Monserrat y Diana se organizan de igual forma para cumplir sus tareas personales y con el proyecto.

“No es más fácil para ellas”, dice Daniela.

No es para menos. Hay que dedicar noches en la producción entre semana y los fines de semana participar en las ferias.

Son unas 20 horas a la semana, sin contar el tiempo en las ferias.

La planificación del tiempo es clave para no dejar ni a la empresa, ni a la familia y amistades y tampoco el ejercicio personal abandonados.

“Lo bueno es que por lo menos es para algo propio”, concluye Daniela. “Pero debe ser un proyecto placentero, que se disfrute”.