Cuando Jan Wimmer trabajaba como gerente de Uber Eats para Centroamérica, observó cómo se desarrollaban los productos informáticos dirigidos a los usuarios y también cómo operaba la infraestructura de datos para que funcionen las aplicaciones.
Él es costarricense, de ascendencia alemana por parte de su bisabuelo, y vive en Rohrmoser. Estudió administración con énfasis en finanzas y siempre mantuvo sus preocupaciones ambientales y de voluntariado social.
“¿Hace cuánto tiempo no planto un árbol?”, se preguntó un día mientras se comía un aguacate en la casa. “¿Qué pasaría si todas las personas plantaran uno cada año?”
Pensó en todas las compañías y entidades que desarrollan programas sociales, de reforestación y de sustentabilidad ambiental y en cómo sus colaboradores participan con distinto grado de entusiasmo como voluntarios. Pero no hay un registro en tiempo real de nada de eso. Menos se sabe qué pasó con el árbol que sembraron, por ejemplo, hace cinco años.
En ese momento tuvo la idea de crear una app como Strava (que registra las actividades deportivas, los recorridos en atletismo, ciclismo y triatlón, y las estadísticas de rendimiento) y LinkedIn, pues permite crear un perfil. Todo enfocado a los proyectos sociales y ambientales.
De esa forma, se registra y se le da seguimiento a las contribuciones individuales y empresariales en las comunidades donde viven y operan o a las que viajan para ayudar de alguna forma.
“Todos tienen alguna historia de algún proyecto en el que ayudaron”, dijo Wimmer. “Por ejemplo, cuando estaba en el colegio íbamos a sembrar árboles. Pero uno no tiene idea de qué pasó después, si hubo algún impacto”.
Sin esperar mucho se puso a desarrollar él mismo la solución. Aunque tenía algún conocimiento del lenguaje de programación Python, para desarrollar la app utilizó la herramienta Claude Code, basada en inteligencia artificial (IA) y creada por la firma Anthropic para programación de soluciones informáticas. También se preparó económicamente, generando un ahorro para sostenerse hasta generar ingresos.
El conocimiento de cómo generar innovaciones tecnológicas fue clave. “En Uber Eats entendí muy bien esa estructura de cómo tiene que fluir la información dentro de las aplicaciones”, recalcó.
La primera versión de la app, a la que llamó Selva, estuvo lista en un mes y medio de trabajo. La tiene disponible en la actualidad como en formato web (se puede utilizar mediante navegador en la computadora o en el móvil). Pronto estará lista en las tiendas de iOS y Android para móviles.
La utilización de herramientas de IA como Claude Code es una de las tendencias generadas con el auge de esta tecnología, la cual está transformando y desafiando a la industria informática al mismo tiempo que impulsa la fundación y desarrollo de emprendimientos con soluciones digitales.

Cómo funciona
Selva opera como una red social para que los usuarios interactúen. Cada persona tiene seguidores y sigue a otras, registra su contribución ambiental o social (limpieza de ríos y playas, mejoras en las escuelas, siembra de árboles, entre otras) y realiza publicaciones en el feed.
Apoyándose en los sistemas de posicionamiento geográfico (GPS, por sus siglas en inglés) ubica los sitios donde se realizan las iniciativas. También se puede incorporar una fotografía, otorgar likes y hasta generar un mapa de calor donde se identifican espacios que requieren intervenciones de conservación.
Puede servir, además, para realizar reconocimientos a quienes más participan o que realizan un aporte extraordinario, tanto por el tipo de acción realizada como por su impacto.
Para Wimmer, las organizaciones pueden determinar si deben impulsar más iniciativas, actividades o eventos, a quiénes apoyar en las comunidades o si se requiere reactivar algún programa.
Asimismo, se puede realizar la “verificación comunitaria”, realizada por las personas que participan en una actividad, con el propósito de confirmarla y destacarla.
El uso de la aplicación es gratuito a nivel de usuarios individuales. Para empresas se ofrece un plan sin costo para los primeros 15 usuarios que registren acciones de una compañía y luego, a partir del usuario número 16, se tiene una suscripción de $23 al año por cada colaborador integrado.
El plan ayuda a las corporaciones a documentar sus proyectos y acciones de sostenibilidad ambiental y social. Las organizaciones que tienen este tipo de iniciativas, mejoran el bienestar laboral y aumentan la retención de personal y su productividad.
La app ya tuvo su primera prueba. El 7 de agosto pasado, WeWork realizó una actividad de siembra de árboles en la Zona Franca La Lima, en Cartago, donde la firma tiene una sede.
“Con Selva se muestra y se documenta todo el proceso de la acción sostenible”, dijo Fabiola Gutiérrez, líder principal de comunidad de WeWork Costa Rica.

En la actividad participaron 70 voluntarios, integrado por colaboradores de WeWork, de firmas que utilizan sus oficinas de coworking y aliadas, como Edwards Lifesciences, Intrepid, Veeam Software, MNK Seguros, Laboratorios Virbac y de Garnier & Garnier.
Durante la jornada se plantaron 200 árboles, donados por el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), en un terreno de 2.500 metros cuadrados en la zona franca.
Las especies elegidas fueron lorito, vainillo, uruca y dama, que aportan sombra, favorecen la polinización de los insectos, mejoran las condiciones del suelo, reducen la temperatura en la zona de oficinas, mejoran la calidad del aire para los habitantes y facilitan el arribo de fauna y la captura de carbono, lo que ayuda a mitigar el cambio climático.
Selva permitió a los organizadores y participantes de la iniciativa documentar el proceso en tiempo real con 49 fotografías, facilitando así la validación, la verificación, la transparencia y la trazabilidad.
Tras la prueba piloto en ese evento, ahora viene el lanzamiento de la aplicación nativa para teléfonos celulares en las tiendas virtuales de Apple para sistemas iOS y en Google Play para sistemas Android, posiblemente a finales de este mes de septiembre.
La meta a corto plazo es iniciar la monetización de la plataforma con las suscripciones del sector de empresas y expandirla a nivel global.
Para él, lo fundamental es la contribución que puede hacerse a las comunidades.
“Cuando uno sale a caminar, es fácil identificar si en el barrio hay demasiado cemento y no tiene árboles”, dijo Wimmer. “Lo mismo ocurre en las instalaciones de las empresas. Como comunidad tenemos que ir identificando esos espacios que hay que mejorar e involucrarnos de forma proactiva”.

