Por: Francisco Ruiz León.   7 enero
En el 2020 las cinco grandes tecnológicas han sido el objetivo de investigaciones e interrogatorios en temas de competencia y monopolio tanto en Estados Unidos como en Europa. (Fotografía: Shutterstock)
En el 2020 las cinco grandes tecnológicas han sido el objetivo de investigaciones e interrogatorios en temas de competencia y monopolio tanto en Estados Unidos como en Europa. (Fotografía: Shutterstock)

El 2020 ha sido un año complicado para las empresas tecnológicas como Facebook o Google. Han estado en el foco de la atención del Congreso de los Estados Unidos y también de las autoridades de competencia de la Unión Europea.

Son recurrentes las visitas de los CEO de las compañías del Big Tech al Capitolio estadounidense y las audiencias han sido seguidas por millones de personas.

Ahora, las grandes tecnológicas –especialmente Facebook, Twitter y Google– enfrentan una polémica más que podría poner en jaque su negocio: la controvertida sección 230 del Communications Decency Act (CDA), traducido generalmente como la Ley de Decencia en las Comunicaciones.

Solo algunas palabras de esta sección blindan a estas empresas de la responsabilidad por las publicaciones de terceros dentro de sus plataformas, por lo que eliminar o modificar esta sección podría traer consecuencias para las compañías.

Tanto desde sectores republicanos como demócratas parece haber un acercamiento sobre este tema y cierto consenso en la necesidad de tomar acciones.

La sección

El CDA fue promulgado en 1996, en un momento en que Internet estaba iniciando, por lo que la legislación pretendía establecer algunas reglas generales sobre la responsabilidad de las publicaciones y contenidos.

Es la sección 230 la que genera el debate actualmente. Literalmente, la sección dice que: “ningún proveedor o usuario de un servicio informático interactivo será tratado como el editor o hablante de cualquier información proporcionada por otro proveedor de contenido de información”.

Esta frase ha sido interpretada como una protección a las empresas de cualquier acusación por las publicaciones de sus usuarios.

Para algunos analistas, la legislación le ha permitido a estas empresas convertirse en los gigantes tecnológicos de hoy en día.

Las empresas sí pueden moderar el contenido, y han venido adoptando medidas de advertencias en publicaciones engañosas, especialmente durante los últimos meses de la pandemia por COVID-19, aunque a regañadientes.

Esta semana Facebook anunció que bloqueará el perfil del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hasta que abandone el cargo. Esto después de los disturbios en el Capitolio de ese país. Mark Zuckerberg, fundador de la red social, comunicó la decisión y argumentó que estimaban que el riesgo de las publicaciones del mandatario es demasiado alto.

Pugna política

Esta discusión, como otras relacionadas al big tech, ha tomado tintes políticos.

Según publicó Forbes a inicios de diciembre, Trump, amenazó con vetar los gastos de defensa si el Congreso no derogaba el “escudo legal” que representa la sección para las empresas, según él.

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Trump catalogó a dicha sección como “muy peligrosa e injusta”.

Ya el mandatario republicano había hecho constantes acusaciones y comentarios contra estas compañías, aduciendo que están en contra de las voces conservadoras.

Además, días después de las elecciones del pasado 3 de noviembre, expresó que durante la campaña y el propio día de la votación se demostró el apoyo de las tecnológicas a los demócratas, sin dar evidencia concreta.

Sin embargo, los demócratas también han expresado su disconformidad con las big tech en temas como monopolio, pero también en torno a la sección 230.

Bruce Reed, uno de los consejeros de tecnología de Joe Biden, dijo hace unas semanas durante un evento virtual que es necesario implementar reformas.

“Ya es hora de responsabilizar a las empresas de redes sociales por lo que se publica en sus plataformas”, aseveró Reed, según la cadena estadounidense CNBC.

Dicho evento virtual correspondía justamente a la presentación de un libro sobre este tema, del que Reed es coautor.

En el libro, los autores escriben que si las plataformas generan ganancias a partir del contenido, deberían tener responsabilidad por el mismo.

Los demócratas se han mostrado más preocupados sobre la desinformación y los llamados a la violencia que se disipan en las redes, sin aparente control.

Es decir, aunque sus razones son distintas, ambos sectores políticos en EE. UU. coinciden en un mismo objetivo: ejercer mayores controles sobre las empresas del big tech.

En una entrevista publicada a inicios de 2020, el ahora presidente electo de EE. UU., Joe Biden, dejó ver su posición en torno a este tema.

“Desde mi perspectiva he opinado que no solo deberíamos estar preocupados por la concentración de poder, deberíamos estar preocupados por la falta de privacidad y que ellos estén exentos (...). La sección 230 debería ser revocada”, aseguró Biden.

¿Qué cambiaría si se elimina la sección 230?

La respuesta a esta interrogante es aun poco clara y, más bien, aventurada, pero pueden suceder dos cosas principalmente, según recoge el medio The Independent.

Una de ellas es que las empresas se vuelvan más cautelosas y cuidadosas, tal y como lo hizo el sitio Craiglist que en 2018 eliminó la sección de “personales”, luego de la aprobación de una ley de tráfico sexual que estableció una excepción a la Sección 230 para material que “promueve o facilita la prostitución”.

La otra posibilidad, según el medio, es que Facebook, Twitter y otras plataformas abandonen la moderación por completo y cumplan un rol de meras plataformas de contenido, sin borrar o editar.

“No sabemos cómo las cortes interpretarían las protecciones de la Primera Enmienda sin la sección 230 porque no hemos visto que se aplique a las redes sociales”, decía Jeff Kosseff, autor del libro The Twenty-Six Words That Created The Internet (“Las ventiséis palabras que crearon Internet”, en referencia a la frase de la sección 230)

Aun no está claro que vendría después de que la sección 230 se revoque o se modifique, lo cierto es que en una cuestión más que pone en aprietos a las empresas tecnológicas.