La riqueza de las naciones

El desarrollo de tecnologías que absorben dióxido de carbono, hidrógeno verde y el cambio climático

La propuesta de que Recope desarrolle biocombustibles contradice lo que enseña la Economía y la historia

Desde que la Tierra se formó hace cuatro mil millones de años, el clima nunca ha sido estable; es decir, el cambio climático per se no debe ser causa de alarma para nadie. Por ejemplo, hace 11 mil años el desierto del Sahara estuvo lleno de vegetación, ríos y hasta de bosques. Sería ridículo afirmar que su transformación se debió a las emisiones de dióxido de carbono (CO2) causada por la combustión de energías fósiles por parte del ser humano.

Según un artículo publicado por Nature en agosto del 2020, durante el último periodo glacial la temperatura promedio llegó a estar hasta seis grados Celsius más baja que el promedio de hoy. Existen muchos estudios sobre la posible temperatura que tuvo la Tierra hace miles de años y todos muestran resultados diferentes. Esto no es de extrañar por la miríada de factores que deben tomarse en cuenta para realizar tales estudios.

Lo que sí podemos dar por hecho es que la Tierra se ha venido calentando, no desde el siglo pasado, sino desde hace más de 20 mil años. Por eso, el último periodo glacial terminó hace unos 11 o 12 mil años. También es cierto que desde la década de 1980 el proceso de calentamiento global se ha acelerado. Dado que la Tierra se ha venido calentando desde hace miles de años, es necesario reconocer que parte del calentamiento que hemos vivido en las últimas décadas tiene un componente natural y que no puede explicarse con un solo factor.

Asumamos, como la mayoría de los ambientalistas, que las emisiones de CO2, por su efecto invernadero, es la principal causa humana del recién aceleramiento del calentamiento global. Muchos ambientalistas critican las emisiones de CO2 y proponen medidas que coartan la libertad individual. Por ejemplo, proponen prohibir, no solo la circulación de vehículos de combustión, sino también su producción.

Sin embargo, la emisión de CO2 es solo parte de la historia. Lo que importa son las emisiones netas. Es decir, si fuera posible absorber las emisiones de CO2 causadas por la combustión de energías fósiles su efecto sobre el cambio climático sería nulo e incluso podría revertirse. Lamentablemente los ambientalistas ni los políticos hablan sobre la absorción de CO2.

El principal componente natural para absorber CO2 son los árboles. De acuerdo con un estudio reciente del Instituto Federal de Tecnología de Suiza (ETH Zurich) , la reforestación a nivel mundial podría contribuir a la absorción de CO2 y mitigar el cambio climático. Según el estudio, en el mundo hay suficiente espacio para reforestar un área del tamaño de los EE.UU.

Reforestar no es una tarea difícil. No se requiere de personal altamente calificado para hacerlo. ¿Qué han hecho los gobiernos para reforestar? No mucho. En este aspecto, a nivel mundial, ha sobresalido más la iniciativa privada que la pública. Por ejemplo, la empresa BioCarbon Ingeneering ha desarrollado drones que pueden disparar semillas al suelo y cubrir una hectárea en tan solo 18 minutos. Un equipo manejando 10 drones pueden sembrar hasta 400 mil árboles por día. Antes de que alguien se rasgue las vestiduras criticando las emisiones de CO2, quiero verlos sembrando árboles.

En su libro Capitalism and Freedom, decía Milton Friedman, quien fuera galardonado con el premio Nobel en Economía, que: “Los grandes avances de la civilización, sean en arquitectura o pintura, en ciencia o literatura, en la industria o la agricultura, nunca han llegado de un gobierno centralizado”. Es decir, podemos pronosticar sin lugar a duda que cualquier avance tecnológico que venga a sustituir las energías fósiles vendrá exclusivamente de la iniciativa privada; nunca del burócrata, ni de una entidad gubernamental (Recope por ejemplo), ni de ningún acuerdo político como el Acuerdo de París.

Al político ni al socialista nunca les ha importado el bien común. Esto no es ideológico. Ellos son seres humanos como cualquier otro en busca su propio bienestar. Siguiendo al psicoanalista Erich Fromm en su libro El miedo a la libertad, lo que busca el socialista es poder político, dominar a las masas y oprimirlas por el mero placer, propio de un sádico.

Durante la guerra fría, la excusa del socialista era que, según ellos, la planificación centralizada conduciría a mayor producción, mayor empleo y bienestar. Al caer el muro de Berlín, quedó en evidencia que el burócrata es incapaz de producir riqueza o de generar empleo. Por lo tanto, el socialista del siglo XXI encontró refugio en el tema ambiental. Según ellos, las organizaciones políticas son más efectivas que la libertad económica para promover la protección del ambiente. Sin embargo, el objetivo del socialista es usar el tema ambiental, al igual que la pobreza, como cortina de humo porque su objetivo es el ejercicio del poder y la opresión por medio de más regulaciones, más entidades públicas, más prohibiciones y más impuestos.

En la provincia de Columbia Británica, Canadá, la empresa Carbon Ingeneering se ha propuesto combatir el cambio climático. Para ello, ha desarrollado una planta que absorbe el CO2 con el equivalente a 40 millones de árboles. Esto podría ser la solución a las emisiones de CO2. En contraste, las propuestas de los políticos socialistas consisten en reducir o prohibir, por medio de la coerción, la emisión de CO2. Sin embargo, los socialistas no son capaces de dar respuesta a qué hacer con el CO2 ya liberado en la atmósfera ni con el desempleo que causarían sus políticas coercitivas.

Lamentablemente, el proyecto de absorber CO2 no es solución para los socialistas. Mark Jacobon, profesor de la Universidad de Standford, se opone a esta solución porque esto “no está deteniendo a la industria de energías fósiles”. Es decir, las emisiones de CO2 es tan solo una mampara para el socialista cuyo objetivo verdadero es acabar con la industria de energías fósiles. Queda claro que tanto al profesor Jacobson, como a los demás socialistas, los mueve más el resentimiento social y que su preocupación por el ambiente.

Los proyectos como los de Carbon Ingeneering o BioCarbon Ingeneering vendrían a tirar a la basura las propuestas como el Acuerdo de Paris o el Plan Nacional (Costa Rica) de Descarbonización que lanzó el presidente Carlos Alvarado en el año 2019 cuyo objetivo de largo plazo es tener cero emisiones netas para el 2050. Todas las propuestas de los políticos y gobiernos tienen como eje la planificación centralizada y por tanto, como bien nos ilustra la caída del muro de Berlín, condenada al fracaso. Como dijo Friedman, de la intervención gubernamental nunca ha salido ningún avance de para la civilización.

Por otra parte, el sector privado en el mundo está desarrollando alternativas a las energías fósiles. Una de ellas es el hidrógeno verde. Este elemento no se encuentra puro en la naturaleza sino combinado con otros elementos. Para separalo se requiere de mucha cantidad de energía. Cuando el hidrógeno se separa usando fuentes renovables, se le llama hidrógeno verde. En estos momentos el hidrógeno verde no es rentable por sus altísimos costos de producción y almacenamiento. Además, las pilas de combustible (fuel cells) que usan hidrógeno, y que podrían usarse en vehículos, tienen costos de producción también altísimos.

La historia nos enseña que solo en un ambiente de libre competencia se producen innovaciones tecnológicas. Friedman nos recordaba que solo la iniciativa privada, trabajando en libre competencia, podrá desarrollar las tecnologías necesarias para que el hidrógeno sea rentable como fuente de energía alternativa a los combustibles fósiles. La caída del muro de Berlín debió dejar claro que las empresas públicas no producen bienestar ni innovaciones tecnológicas.

La innovación es producto de empresarios arriesgando su patrimonio y no consecuencia de burócratas disponiendo del dinero de los ciudadanos.

Sin embargo, en Costa Rica muchos políticos, como por ejemplo José María Figueres y los políticos alrededor del Partido Acción Ciudadana, insisten que las entidades públicas, como la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope), tienen la capacidad de crear innovaciones tecnológicas. No hay nada en la Economía que justifique la existencia de monopolios creados por ley ni la existencia de empresas públicas.

Ya es hora de reconocer las lecciones de la Economía y de la historia. La única explicación que encuentro para que los políticos insistan en soluciones por medio de la planificación centralizada debe ser porque guardan un resentimiento social en contra la iniciativa privada o porque en el fondo, siguiendo lo que nos enseña Fromm, buscan el perverso ejercicio del poder por sí mismo.

José Joaquín Fernández

José Joaquín Fernández

José Joaquín Fernández, autor del blog "La Riqueza de las Naciones" de El Financiero, es miembro de la Mont Pelerin Society. También es presidente de Bekuo Investment Group y del Instituto Libertad. Ph.D Candidate en Economía por la Universidad Francisco Marroquín y Master en Economía Empresarial.

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