Por: José Joaquín Fernández.   20 octubre
José Joaquín Fernández, autor del blog La Riqueza de las Naciones.
José Joaquín Fernández, autor del blog La Riqueza de las Naciones.

El pasado 3 de octubre el papa Francisco publicó la carta encíclica Fratelli Tutti. Comentarla requeriría todo un libro. Por tanto, voy a limitarme a solo algunos aspectos y de manera muy general.

Siento que en esta encíclica el papa Francisco tira a la basura toda la tradición de la doctrina social iglesia que se basa en el respeto por la propiedad privada, en la defensa del principio de subsidiaridad y en la promoción de la caridad por medio de la iniciativa privada. En otras palabras, el Papa le da primacía del bien público por encima de los bienes privados y aboga por la intervención del gobierno para aliviar los problemas sociales en vez de exhortar a los fieles a que lo hagan por medio de iniciativas privadas.

Por otra parte, el papa Francisco revela un desconocimiento profundo de los principios fundamentales de la Economía que alguien de su envestidura no debe ignorar y que ninguno de sus antecesores desde León XIII pasó por alto.

La Economía nos enseña que la riqueza se crea cuando hay libertad económica. La riqueza no es un pastel de tamaño fijo, como afirman los marxistas, donde lo que gana uno es lo que pierde el otro. El papa Francisco se muestra a favor de la doctrina marxista cuando afirma: [118] “Esto llevaba a pensar que si alguien no tiene lo suficiente para vivir con dignidad se debe a que otro se lo está quedando”.

La Economía nos enseña que la riqueza es creada cuando las transacciones se realizan de manera voluntaria porque solo así todas las partes ganan. En una economía libre, el emprendedor debe ganarse el favor del consumidor. Para lograrlo, el empresario debe centrar sus esfuerzos en una buena atención al cliente y en producir aquello que genere valor para ellos. Sin embargo, el papa Francisco, al mejor estilo de cualquier sindicalista considera que el libre intercambio conduce al caos y a la agresión: [222] “El individualismo consumista provoca mucho atropello. Los demás se convierten en meros obstáculos para la propia tranquilidad placentera. Entonces se los termina tratando como molestias y la agresividad crece”.

Para el papa Francisco, la libertad económica no contribuye en nada al desarrollo económico ni social. Cada vez que habla de los mercados libres, es para acusarlos con el mismo discurso que utiliza cualquier socialista. [105] “El individualismo no nos hace más libres, más iguales, más hermanos. La mera suma de los intereses individuales no es capaz de generar un mundo mejor para toda la humanidad. Ni siquiera puede preservarnos de tantos males que cada vez se vuelven más globales. Pero el individualismo radical es el virus más difícil de vencer. Engaña. Nos hace creer que todo consiste en dar rienda suelta a las propias ambiciones, como si acumulando ambiciones y seguridades individuales pudiéramos construir el bien común”.

El pasaje anterior del papa Francisco contrasta con lo que nos decía Juan Pablo II en su encíclica Centesimus Annus: [25] “… donde el interés individual es suprimido violentamente, queda sustituido por un oneroso y opresivo sistema de control burocrático que esteriliza toda iniciativa y creatividad”.

En la encíclica Fratelli tutti se nota un permanente desprecio hacia el consumo. Sin embargo, el Papa no se cansa de exhortar a la sociedad para que alivien las necesidades de los pobres. Pero, ¿acaso no es la pobreza la ausencia de consumo? Es contradictorio exhortar para aliviar la pobreza y, por el otro lado, arremeter en contra del consumo.

Sobre la propiedad privada

A lo largo de la historia de la doctrina social de la Iglesia, siempre ha prevalecido la defensa de la propiedad privada. Como bien decía el papa León XIII en la Rerum Novarum: [4] “… el poseer algo en privado como propio es un derecho dado al hombre por la naturaleza”. Sin embargo, el papa Francisco da un viraje de 180º al decir: [123] … junto al derecho de propiedad privada, está el más importante y anterior principio de la subordinación de toda propiedad privada al destino universal de los bienes de la tierra y, por tanto, el derecho de todos a su uso. (subrayado mío)

Esta frase de Francisco me recuerda los actos de expropiación que se dieron en Venezuela a partir del momento en que Hugo Chávez asumió el poder cuando este justificaba todas las expropiaciones bajo el principio de que el bien público está por encima del bien privado. La declaración del papa también me recuerda al Manifiesto Comunista cuando afirma que: “Los comunistas pueden resumir su teoría en esta fórmula: abolición de la propiedad privada”.

¡No hay un solo párrafo en toda la encíclica en favor de la propiedad privada! Por el contrario, está llena de pasajes enteros para justificar su expropiación, según él, para beneficiar a los pobres y mejorar el planeta.

Contrario al criterio del papa Francisco, Juan Pablo II en su carta encíclica Centesimus annus, sigue la tradición de la doctrina social de la Iglesia cuando considera que una de las causas de la pobreza en el mundo es [24] “… consecuencia de la violación de los derechos humanos a la iniciativa, a la propiedad y a la libertad en el sector de la economía”.

El desprecio que el papa Francisco expresa por la propiedad privada es consistente con su ideología. ¿Qué podría esperarse de alguien que considera que los pobres existen porque alguien les robó su riqueza?

Principio de subsidiaridad

Uno de los principios fundamentales de la doctrina social de la Iglesia es el principio de subsidiaridad que establece que primero debe agotarse la via de la iniciativa privada antes de que el gobierno local intervenga. Y el gobierno nacional no debe intervenir si el gobierno local puede resolver. Es decir, el sector público no debe intervenir en las áreas propias de la iniciativa privada. Siendo consistente con el principio de subsidiaridad, la doctrina social de la Iglesia aboga por la caridad con los más necesitados a partir de la iniciativa privada, no por medio del Estado.

Sin embargo, para el papa Francisco, la iniciativa privada no importa. No hay un solo párrafo en toda la larga encíclica que lo dedique a exhortar a los fieles a promover la justicia social por medio de organizaciones privadas. Para el papa Francisco, solo por medio del Estado se puede proveer bienestar a los pobres: [109] “Algunos nacen en familias de buena posición económica, reciben buena educación, crecen bien alimentados, o poseen naturalmente capacidades destacadas. Ellos seguramente no necesitarán un Estado activo y sólo reclamarán libertad. Pero evidentemente no cabe la misma regla para una persona con discapacidad, para alguien que nació en un hogar extremadamente pobre, para alguien que creció con una educación de baja calidad y con escasas posibilidades de curar adecuadamente sus enfermedades. Si la sociedad se rige primariamente por los criterios de la libertad de mercado y de la eficiencia, no hay lugar para ellos, y la fraternidad será una expresión romántica más”.

Libertad económica y desarrollo

En Fratelli tutti, el papa afirma que es necesario aprender de las enseñanzas de la historia. Sin embargo, cuando habla de política económica, arremete en contra de la libertad económica. No menciona en ningún momento las enseñanzas de la caída del Muro de Berlín ni de las atrocidades del socialismo y repite el mismo discurso trillado socialista: [168] “El neoliberalismo se reproduce a sí mismo sin más, acudiendo al mágico “derrame” o “goteo” —sin nombrarlo— como único camino para resolver los problemas sociales. No se advierte que el supuesto derrame no resuelve la inequidad, que es fuente de nuevas formas de violencia que amenazan el tejido social”.

El pasaje anterior contrasta con lo que nos dice Juan Pablo II, en Centesimus annus, quien reconoce que la libertad económica no es perfecta pero que sin embargo es mejor que el socialismo: [19] “Una sociedad de libre mercado es capaz de satisfacer las necesidades materiales humanas más plenamente de lo que aseguraba el comunismo”.

El papa Francisco, al igual que los socialistas, niegan la evidencia histórica cuando se comparan las dos Coreas, las dos ex Alemanias, la Chile socialista del presidente Allende de la década de 1970 y la Chile desarrollada a partir de las políticas liberales de los “Chicago boys”; la Argentina que llegó a tener el ingreso per cápita más alto del mundo bajo la constitución liberal inspirada en Alberdi a finales del siglo XIX y la Argentina empobrecida a partir de la creación del Estado Benefactor a mediados del siglo XX; la Hong Kong libre y la China comunista, etc. Para el papa Francisco: [105] “La mera suma de los intereses individuales no es capaz de generar un mundo mejor para toda la humanidad”.

A pesar de la evidencia histórica, el papa Francisco exhorta a que los fieles recurramos a más gobierno, a más intervención, a más violación de la libertad individual como único mecanismo para aliviar los problemas sociales: [172] “… se vuelve indispensable la maduración de instituciones internacionales más fuertes y eficazmente organizadas, con autoridades designadas equitativamente por acuerdo entre los gobiernos nacionales, y dotadas de poder para sancionar”. Lo peor es que el Papa no se limita a abogar más socialismo en cada país, sino que insta a un gobierno mundial: [154] “Para hacer posible el desarrollo de una comunidad mundial, capaz de realizar la fraternidad a partir de pueblos y naciones que vivan la amistad social, hace falta la mejor política puesta al servicio del verdadero bien común”.

Es lamentable que el papa Francisco, ignorando el fracaso del socialismo a lo largo de la historia, salga con la aberración de que solo el Estado genera riqueza: [186] “Si alguien ayuda a un anciano a cruzar un río, y eso es exquisita caridad, el político le construye un puente, y eso también es caridad. Si alguien ayuda a otro con comida, el político le crea una fuente de trabajo, y ejercita un modo altísimo de la caridad que ennoblece su acción política”. Llamar “caridad” al gasto público y a la intervención gubernamental es algo que solo sale de la boca de marxistas.

Fratelli Tutti y la teología de la liberación

La teología de la liberación, la versión marxista leninista de la teología católica que estuvo en boga en las décadas de 1970 y 1980, condenada por Juan Pablo II, justificaba prácticas socialistas, violación a la propiedad privada, un estado cada vez más interventor y la anulación de las libertades individuales. El papa Francisco hace eco de esta corriente cuando afirma: [126] “Y la justicia exige reconocer y respetar no sólo los derechos individuales, sino también los derechos sociales y los derechos de los pueblos”.

Mientras que la teología de la liberación tenía el lema de “la opción preferencial por los pobres”, el papa Francisco habla de “un amor preferencial por los últimos”. Luego de todo lo expuesto, creo que la semejanza no es coincidencia, sino adrede.