Por: José Joaquín Fernández.   19 enero

En redes sociales sobreabundan las críticas ad hominem hacia Donald Trump. Sin embargo, casi no veo críticas sobre las políticas económicas que é impulsó.

Quiero comentar su política comercial por dos razones. La primera es que tanto la opinión pública como los medios de comunicación la tergiversaron. Considero importante rescatarla porque es rarísimo escuchar a un presidente promover una política comercial basada en lo que recomienda la Economía. En segundo lugar, ante esta coyuntura de contracción económica debido a las restricciones sanitarias, es necesario implementar políticas que promuevan el sano crecimiento económico y la generación de empleo.

La postura comercial del expresidente Donald Trump la encontramos en la conferencia de prensa que brindó en Charlevoix, Quebec, Canadá el 9 de junio del 2018, al finalizar la cumbre G7.

La política comercial que el expresidente Trump le propuso a la G7 fue: Cero aranceles para todo el mundo, cero barreras no arancelarias y cero subsidios.

Según la Economía, el arancel óptimo es siempre cero, sin importar las condiciones particulares de los países que comercian. Así lo demostró David Ricardo en 1817 en el libro On the Principles of Political Economy and Taxation. En el capítulo VII, expone la teoría de las ventajas comparativas y concluye que el libre comercio es lo que más conviene a cualquier país, bajo cualquier circunstancia, sin importar las diferencias en el nivel de desarrollo económico o diferencias en la estructura productiva de los países que comercian. Si el país con el que se comercia tiene aranceles elevados para nuestros productos de exportación, la mejor política comercial siempre será que nosotros tengamos arancel cero.

A la fecha, nadie ha refutado la teoría de las ventajas comparativas. Ergo, el proteccionismo solo se explica como consecuencia de la corrupción de los políticos que legislan en beneficio de grupos de presión a costa del bienestar de la población en general.

Lamentablemente, la G7 rechazó la propuesta de libre comercio.

Dado que los gobiernos de la G7 rechazaron la propuesta de Trump, el second best de Trump fue lograr un fair trade. Para Trump, el fair trade significa que los países con los que los Estados Unidos comercia deben bajar sus aranceles al nivel que los tiene Estados Unidos para los mismos productos. Por ejemplo, si Canadá tiene aranceles del 270% para productos lácteos provenientes de los Estados Unidos, mientras sus productos lácteos entran al país vecino libre de impuestos, la propuesta de Trump era que Canadá igualara los aranceles lácteos a cero. ¡Claro, sencillo, justo y consistente con su primera propuesta!

Si las naciones con las que comercia Estados Unidos no accedían a ajustar sus aranceles, entonces este último empezaría a subirlos, como medida de presión. Es decir, el objetivo de Trump no era subir los aranceles per se sino como parte de una estrategia para logra un mayor libre comercio. Trump tenía confianza que tendría éxito porque afirmaba que los socios comerciales de su país tenían más que perder con la subida de aranceles por parte de Estados Unidos que en la reducción de los propios.

Esta estrategia de Trump no es novedosa. La encontramos en el libro The Wealth of Nations (Book IV, Chapter 2) de Adam Smith, donde la expone como una de las razones en las que se justifica la implementación de aranceles.

Lamentablemente la G7 también rechazó la segunda opción, por tanto, a Trump no le quedó más opción que empezar a subir aranceles como medida de presión para que sus socios comerciales bajaran los suyos. Escogió empezar con China.

También es lamentable que la opinión pública y los medios de comunicación descontextualizaran la política comercial de Trump con China y la llamaran proteccionista. Nada más alejado de la realidad.

También fue lamentable que la opinión pública y los medios de comunicación no presionaran al gobierno de China a bajar sus aranceles y equipararlos con los de los Estados Unidos.

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El año pasado el mundo vivió dificultades económicas debido a las restricciones sanitarias. No es de extrañar porque toda limitación a la libertad económica reduce las tasas de crecimiento económico y aumenta el desempleo.

El libre comercio es una de las políticas que mejor promueven el crecimiento económico. Prueba de ello lo vemos en los casos de Hong Kong y Singapur que al finalizar la II Guerra Mundial tenían un nivel de ingreso ligeramente superior al de Costa Rica. Mientras que los dos primeros apostaron a libre comercio (literalmente impusieron arancel cero), Costa Rica optó por el proteccionismo del modelo de sustitución de importaciones de la Cepal. Hoy en día, tanto Hong Kong como Singapur poseen niveles de ingreso promedio semejantes a los de un país del primer mundo. Por su parte, Costa Rica sigue siendo un país pobre y tercermundista.

El mundo necesita libre comercio y Costa Rica necesita acabar con los aranceles y llevarlos a cero. En particular es vergonzosa la existencia de aranceles al arroz, al azúcar y a la leche. El gasto en comida representa un porcentaje muy alto dentro del presupuesto de las familias de escasos recursos. Una eliminación de los aranceles a los rubros agrícolas vendría a significar un gran alivio, mejor que el bono proteger, a estas familias.

Decía el presidente Carlos Alvarado que el primer acto de corrupción es optar por un puesto para el que no se está preparado. Pues bien, cualquier político preparado sabe que el arancel que mejor promueve el desarrollo económico y social es cero. Todo político corrupto sabe que el arancel que mejor llena su bolsillo y satisface su ambición de poder no es cero.

Farewell Mr Trump! Que su propuesta de promover cero aranceles, cero barreras no arancelarias y cero subsidio perdure más allá de su mandato presidencial.