Costa Rica llegó al segundo trimestre de 2026 con prácticamente la misma cantidad de personas ocupadas que tenía siete años atrás, antes de la pandemia. Sin embargo, detrás de esa aparente estabilidad ocurrió una profunda transformación del mercado laboral.
La cantidad de personas ocupadas apenas varió en unas 300 personas entre los segundos trimestres de 2019 y 2026, según las estimaciones del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC); pero debajo de esa aparente igualdad se esconde la ganancia de 225.900 empleos formales adicionales y la pérdida de 226.200 puestos informales.
Esto no significa que las mismas personas pasaron de la informalidad a la formalidad en siete años. Los datos muestran, más bien, que el país llegó a una cantidad de empleo prácticamente idéntica mediante una composición radicalmente distinta de trabajadores y, como resultado, la tasa de formalidad nacional pasó de 53,7% a 64%.
La transformación también se observa dentro de las actividades económicas. En algunas, la creación de empleos formales superó la pérdida de informales y el sector siguió creciendo; en otras, aumentaron los puestos formales, pero no lo suficiente para compensar la caída de los informales; y en algunas otras tantas, el empleo formal apenas cambió mientras desaparecía una cantidad considerable de puestos informales.
Detrás de ese gran cambio confluyen varios fenómenos. La pandemia destruyó una gran cantidad del empleo informal y, en los años posteriores, aumentó la población fuera de la fuerza de trabajo. Al mismo tiempo, cambió el perfil educativo de quienes estaban ocupados y el empleo se desplazó hacia establecimientos de mayor tamaño. Todos esos elementos se complementan y así se observa en las estadísticas oficiales; ninguno explica por sí solo todo lo que ha pasado.
La pandemia, solo un arranque
El primer gran quiebre del mercado laboral costarricense ocurrió en 2020, con la crisis sanitaria ocasionada por el covid-19.
Entre los segundos trimestres de 2019 y 2020, Costa Rica perdió unos 438.000 ocupados, de los cuales aproximadamente 318.000 eran trabajadores informales.
Sin embargo, una lectura que atribuya directamente a la pandemia la estructura actual sería demasiado simplista.
Durante la reapertura, regresó buena parte del empleo informal y para el segundo trimestre de 2022 ya había unas 954.000 personas ocupadas en esa condición, solo unas 58.000 menos que antes de la emergencia.
Fue posteriormente cuando las trayectorias volvieron a separarse.
Entre los segundos trimestres de 2022 y 2026, el país agregó unos 197.000 empleos formales y perdió alrededor de 169.000 informales.
El Programa Estado de la Nación (PEN) ya había advertido sobre este fenómeno en su informe de 2024. En su análisis, el centro universitario descartó que el país estuviera viviendo una especie de traslado de trabajadores hacia puestos formales y apuntó, más bien, a una destrucción de empleo informal que por entonces se compensaba solo parcialmente con nuevos puestos formales.
El PEN incluso identificó diferencias relevantes entre los perfiles de las personas que perdían empleos y los de quienes accedían a nuevas plazas. Las ocupaciones de calificación baja y media tuvieron una recuperación inestable después de la pandemia, mientras que las de alta calificación mostraron una mayor capacidad de repunte.
Transformaciones diferentes
La distribución de trabajadores ocupados por actividad económica evidencia que el aumento de más de 10 puntos porcentuales en la tasa de formalidad en los últimos siete años responde a situaciones muy diversas.
El comercio, por ejemplo, permite ver una tendencia de crecimiento y de recomposición. La actividad empleaba a unas 351.000 personas en 2019, de las cuales 177.000 estaban en puestos formales y 174.000 en plazas informales; sin embargo, para el 2026, el comercio alcanzó los 387.000 ocupados, con 245.000 formales y 142.000 informales.
La actividad ganó 36.000 trabajadores, al mismo tiempo que agregó 68.000 formales y perdió 32.000 informales.
En agricultura, por otra parte, pasó algo totalmente diferente. El sector perdió 58.000 puestos entre 2019 y 2026, enteramente por el empleo informal. El número de ocupados en el sector formal pasó de 109.000 a 111.000, pero los informales cayeron más de un 40%, de 147.000 a 87.000.
En tanto, otras actividades, como el alojamiento y los servicios de comida, mantienen cifras relativamente similares a las de 2019, pero con una composición mucho más formal. La rama asociada con el turismo perdió solo 8.000 puestos en términos generales, pero agregó 27.000 empleos formales y perdió 35.000 informales en los últimos siete años.
Trayectorias tan dispares evidencian que detrás del aumento de la formalización confluyen fenómenos muy diferentes. En algunas actividades aumentó el empleo formal, en otras desapareció principalmente el empleo informal y en otras ocurrieron simultáneamente ambos movimientos.
¿Qué explica el cambio?
Una lectura simplista podría suponer que la transformación responde a que el país migró de actividades informales a otras tradicionalmente más formales; sin embargo, esa explicación solo es parcialmente cierta.
EF realizó un ejercicio para medir cuánto del aumento de la tasa de formalidad desde 2019 podría explicarse por ese cambio: recalculando la tasa de formalidad de 2019 aplicando la distribución del empleo de 2026.
El resultado fue una tasa de formalidad nacional de 55,3%, superior al 53,7%, pero todavía muy por debajo del 64% que se observa en la actualidad. En otras palabras, si solo hubiese cambiado la distribución de trabajadores entre actividades económicas, la tasa habría aumentado menos de dos puntos porcentuales.
La mayor parte del cambio, entonces, parece haber ocurrido dentro de las propias ramas de actividad. Entre junio de 2019 y junio de 2026, la tasa de formalidad creció alrededor de 11 puntos porcentuales en construcción, 13 en comercio y agricultura, 22 en alojamiento y comidas, y 24 en actividades profesionales, científicas y técnicas; y en eso puede jugar un papel importante el tipo de empresas que sobrevivieron tras la pandemia.
Entre los segundos trimestres de 2019 y 2026 se registraron unos 154.000 trabajadores menos en establecimientos pequeños (de una a tres personas); mientras que, en el extremo contrario, el número de ocupados en establecimientos de 30 personas o más aumentó en aproximadamente 132.000 casos.
Históricamente, ambos extremos del mercado presentan niveles de formalidad muy distintos.
EF realizó otro ejercicio para dimensionar cuánto se relaciona ese cambio con el aumento reciente de la formalidad. Si se mantuvieran las tasas de formalidad que cada tipo de establecimiento tenía en 2019, pero se utilizara la distribución de trabajadores de 2026, la formalidad general habría subido hasta un 60%.
El cambio en el tamaño de establecimientos, entonces, está asociado con seis de los 10 puntos porcentuales de aumento observados a nivel general.
La coincidencia se respalda en otras cifras de ocupación. La reducción de ocupados en establecimientos de una a tres personas fue de 210.000 trabajadores informales: una magnitud equivalente al 93% de toda la caída neta del empleo informal nacional.
No obstante, sería incorrecto reducir toda la historia a los cambios empresariales suscitados tras la pandemia. Incluso dentro de los establecimientos más pequeños subió la tasa de formalidad, pasando de un 8,5% en 2019 a un 17,6% en 2026.
La transformación es imposible de relacionar exclusivamente con los efectos de la crisis sanitaria; sin embargo, sería difícil de comprender sin ese punto de partida.
A fin de cuentas, el país sigue teniendo múltiples barreras para la formalización, según describió la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en su último Estudio Económico sobre Costa Rica publicado en 2025. La entidad indicó que persisten los altos costos laborales no salariales, las cargas administrativas, la baja productividad y los desajustes de habilidades, entre muchos otros problemas estructurales.
¿Quién consigue trabajar?
Otra pieza que podría explicar la transformación del mercado laboral y los mayores niveles de formalización aparece al observar el perfil de las personas que participan en el mercado y que obtienen trabajo.
El número de personas ocupadas con secundaria incompleta o menos cayó en unas 214.000 unidades entre junio de 2019 y junio de 2026; mientras que los ocupados con secundaria completa o más aumentaron en unas 218.000 personas, incluidas 93.000 con título universitario.
Y la estructura por edades también cambió.
Se estima que la población general de 60 años o más aumentó en aproximadamente 366.000 personas entre 2019 y 2026; sin embargo, su tasa de participación bajó de 29,6% a 19,4%, mientras la cantidad de ocupados de esas edades se mantuvo alrededor de 220.000.
Paralelamente, la cantidad de personas de 60 años o más fuera de la fuerza de trabajo aumentó aproximadamente 377.000 personas: unas tres cuartas partes del incremento neto nacional en el mismo período.
EF realizó un tercer ejercicio para dimensionar cuánto podría haber influido el cambio en educación y edad de la fuerza laboral.
Si cada combinación de edad y nivel educativo mantuviera la tasa de formalidad de 2019, pero los trabajadores se distribuyeran como en 2026, entonces la tasa de formalidad habría sido de 57% y no de 53,7%.
Es decir, los cambios demográficos y educativos están asociados con unos tres de los 10 puntos porcentuales de incremento de la formalidad, pero dejan sin explicar por sí solos gran parte del salto.
Un mercado totalmente distinto
Vistas en conjunto, las cifras muestran algo más complejo que una simple formalización del mercado laboral. Costa Rica no convirtió mecánicamente 226.000 antiguos puestos informales en 226.000 puestos formales.
Siete años después de la pandemia, el país contabiliza prácticamente los mismos 2,18 millones de trabajadores que tenía antes del covid-19; pero el perfil de quienes ocupan esos puestos y de los establecimientos que los emplean es muy distinto.
El número de ocupados se mantiene. El mercado laboral que cobija no.
