Economía y Política

Acuerdo sobre submarinos australianos deteriora la relación entre Francia y Reino Unido

Un acuerdo militar entre Estados Unidos, Australia y Reino Unido dejó por fuera a Francia

El presidente francés Emmanuel Macron habló con el estadounidense Joe Biden para acercar posiciones tras la crisis de los submarinos. Pero sigue pendiente la conversación con el primer ministro británico Boris Johnson, con quien tiene acumulados numerosos contenciosos.

El acuerdo militar AUKUS entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos enfureció a los franceses, que se vieron privados de un jugoso contrato de suministro de submarinos firmado años atrás con Canberra.

Y, aunque el embajador francés en Reino Unido no fue llamado a consultas como ocurrió con sus homólogos en Washington y Canberra, eso no significa que París no esté molesto con Londres.

En Nueva York, en los pasillos de la Asamblea General de la ONU, el ministro francés de Exteriores, Jean-Yves Le Drian, rechazó cualquier encuentro bilateral reclamado por su homólogo británico y se mostró “frío” en una reunión de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, dijo a AFP una fuente diplomática británica.

Desde París, un alto funcionario que reclama anonimato, entienden que el papel de Londres en el acuerdo ha sido mucho más activo de lo que dejan entrever las reacciones y declaraciones públicas del gobierno francés.

A ello se suma la irritación provocada por las declaraciones de Boris Johnson el domingo, que trató de seducir a los franceses señalando que el amor de los británicos era “imposible de erradicar”, y el miércoles soltó un elocuente “denme un respiro” para urgirles a superar su enfado.

Resentimiento francés

En el fondo hay tensiones acumuladas sobre múltiples cuestiones, como las consecuencias del Brexit o la crisis migratoria, ya que numerosos extranjeros irregulares zarpan de Francia hacia Reino Unido por el canal de la Mancha.

“La relación se ha degradado tristemente”, indica Elvire Fabry, politólogo en el Instituto Europeo Jacques Delors, pero es “poco sorprendente” habida cuenta de los efectos del Brexit y la estrategia británica.

“Hace tiempo que la relación no era tan tensa”, dice la antigua embajadora francesa en Londres, Sylvie Bermann, autora del libro “Goodbye Britannia”.

“En las capitales europeas muchos han pasado página de los desafíos post-Brexit, pero los británicos los siguen constatando a diario, y la narrativa de Johnson se ha construido sobre la intransigencia europea”, especialmente de Francia.

De hecho, desde Londres suele atribuirse a Francia el papel de “policía malo” en la negociación que, además, estuvo dirigida por el francés Michel Barnier, recuerda Fabry.

“Por un lado tenemos un ministro británico que quiere demostrar que el Brexit es un gran éxito. Del otro, un presidente cuyo lema es europeo. Por lo tanto, es normal que haya desacuerdos”, dice Bermann.

“Estado paria”

Los diferendos se encadenan, ya sea por la pesca en las aguas de Jersey, donde Londres no quiere barcos franceses, o por la amenaza de reenviar a las costas francesas a los migrantes que tratan de cruzar el canal de la Mancha.

“Estamos en el límite de nuestra paciencia”, decía el jueves sobre los desacuerdos en pesca el secretario de de Estado de Asuntos Europeos francés, Clément Beaune.

Por ahora, resiste la cooperación en defensa y seguridad, que todavía es estrecha. Francia, por ejemplo, necesita los helicópteros de transporte Chinook para transportar a sus efectivos desplegados en el Sahel.

“A nivel operativo, la cooperación y las relaciones siguen siendo buenas”, dice Bermann.

“Nuestra relación en defensa con Francia es profunda, estratégica e importante”, decía recientemente el exministro de Asuntos Exteriores británico, Jeremy Hunt, al diario Daily Telegraph.

“Pero no pasará a otro nivel a no ser que Francia nos deje de tratar como un Estado paria que debe ser castigado por el Brexit y nos trate como un igual y un poder soberano e independiente”, añadió.