Por: Rafael González.   25 marzo

Es frecuente que los seres humanos, individual y colectivamente, saquemos lo mejor de nosotros en circunstancias tan difíciles como la que nos está tocando vivir.

Aparte de la impresionante forma en que el Ministro de Salud ha asumido la gestión de la pandemia, y de la forma en que su equipo le ha respaldado con acciones concretas en todas las líneas, resulta destacable la celeridad con la que la Asamblea Legislativa aprobó proyectos de ley tendientes a mitigar los efectos negativos de la situación.

Desde nuestro punto de vista, la emergencia tiene que abrirnos los ojos a nuevos modelos de economía que enfrentaremos con un mayor enfoque en las personas; pero que permitan hoy la supervivencia, pero mañana el crecimiento de quienes trabajan y asumen los riesgos de un emprendimiento.

La posibilidad de flexibilizar las jornadas de trabajo y la racionalización de la base mínima contributiva no deberían ser medidas transitorias. Debemos aprovechar la coyuntura para estructurarlas de manera permanente y usarlas para todo un amplio proceso de reactivación, tan necesario en Costa Rica.

De la misma forma, ojaló que no haya necesidad de extender la vigencia de las medidas relacionadas con la moratoria de Impuestos al Valor Agregado(IVA) y de otros tributos. Pero si, así fuera, claramente deberían modificarse para convertirlas en verdaderas condonaciones. Y si corresponde aplicar la Ley sin extensiones, ojalá que Hacienda estructure los fraccionamientos que pueden hacerse antes del 31 de Diciembre de modo que permitan diferir en plazos muy largos el pago de los impuestos aplazados.

Las situaciones críticas muchas veces ofrecen la posibilidad de más y mejores oportunidades, nos vuelven creativos, propositivos y muy fuertes. Estamos abriendo las puertas de una nueva Costa Rica dentro de un mundo diferente, ante lo que debemos hacer cambios importantes y estratégicos, que nos lleven a obtener posibilidades de progreso y bienestar para la mayor cantidad posible de personas.