Economía y Política

Costa Rica llega al bicentenario con un modelo desgastado que logró crear oportunidades en el pasado

La inversión social se mantiene elevada pero los frutos de esa inversión no terminan de materializarse y las limitaciones fiscales son una amenaza

Costa Rica alcanza sus 200 años de vida independiente de la mano de un desarrollo que labró condiciones propicias en educación y salud para que sus ciudadanos pudieran sacar provecho de oportunidades de movilidad social.

En estos dos siglos, el país ha tomado decisiones tempranas que lo han llevado a destacarse en América Latina e, incluso, en algunas estadísticas se equipara con países europeos., EE. UU. o Canadá, a pesar de tener un ingreso mucho menor.

No obstante, ese mismo modelo que dejó frutos en el pasado, enfrenta en el siglo XXI un notorio desgaste que se refleja en cifras como la pobreza, que permanece estancada desde hace años.

Logros tempranos

“Costa Rica tuvo algunas decisiones tempranas muy llamativas”, aseveró Leonardo Merino, coordinador de Investigación del Programa Estado de la Nación (PEN).

Entre esas decisiones están, por ejemplo, declarar la educación como obligatoria y gratuita como sucedió a finales del siglo XIX, lo que dio un impulso a la alfabetización y se acompañó de la infraestructura necesaria para lograr ese objetivo.

Ese paso marcó el inicio de una diferenciación con respecto a los países latinoamericanos. Posteriormente, el gasto en educación empezó a incrementarse en detrimento de otras carteras como la defensa y el Ejército, incluso antes de la abolición de las fuerzas armadas en 1948.

Según los datos disponibles en el PEN, la población con primaria completa o más pasó del 67,9% en 1990 hasta el 85% en el 2020. También hay aumentos en la población con secundaria completa o más y aquella con educación superior, aunque los porcentajes son todavía bajos.

Entre 1990 y 2020, la asistencia a centros educativos de la población entre 5 y 24 años creció 24 puntos porcentuales. No obstante, es desigual si se separa por grupos de edad: hasta los 17 años la asistencia supera el 90%, pero cae al 47% entre los 18 y 24 años.

En salud, las inversiones para llevar agua potable y saneamiento a la población han tenido como resultado un acceso casi universal, mientras que la creación de la Caja Costarricense de Seguro Social amplió la cobertura de los servicios de salud.

Costa Rica sobresale en algunas estadísticas de salud como la esperanza de vida, en la que se coloca a la par de países que duplican o triplican su ingreso.

Según las estimaciones del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), la esperanza de vida pasó de casi 58 años en 1950 a rozar los 81 años para el 2020, un número superior al de Estados Unidos y similar al de Reino Unido o Eslovenia, de acuerdo a datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Costa Rica destaca también en América Latina en temas como la cobertura eléctrica, cercana al 100%, o en libertades civiles.

“Si consideramos los avances en los indicadores sociales y de desarrollo humano, Costa Rica logró avanzar muy rápido en la generación de mejores condiciones para sus habitantes”, comentó Jaime García, director de Progreso Social del Centro Latinoamericano para la Competitividad y el Desarrollo Sostenible (CLACDS) del Incae.

Esa mejoría en las condiciones se dio especialmente en dos momentos. Primero, en los años 40 con el establecimiento de las garantías sociales y la creación de diversas instituciones. Luego, hasta los años 70, el Estado Benefactor logró un ritmo de desarrollo que no se ha repetido desde entonces, a pesar de tener en ese momento un modelo económico basado en la agricultura y una sociedad más sencilla.

Dicho desarrollo se ha posibilitado por una institucionalidad democrática estable que ha logrado 17 elecciones consecutivas.

A pesar de que los años 80 significaron un retroceso en algunas de esas condiciones que el país había consolidado, se han alcanzado nuevos logros como la cobertura forestal y conservación del medio ambiente.

Por otro lado, el crecimiento económico se refleja en los datos del producto interno bruto (PIB) per cápita del Banco Central. En el 2020 se ubicó en $12.100, cinco veces más que el registrado a inicios de los años 90.

No obstante, desde los años 90 el ritmo de crecimiento y desarrollo disminuyó.

“El promedio de este crecimiento se ha hecho más lento. De 1991 al 2000 fue de 4,9%, pero del 2001 al 2010 fue de 4,3%, y del 2011 al 2020 fue de 2,7%. Y también el desempleo ha sido creciente, de una tasa de 5,35% en el 91 a 12,73% en el 2020”, apuntó García.

La Costa Rica de los 200 años

A pesar de que el modelo de desarrollo actual permite al país crecer económicamente, lo hace a un ritmo menor que décadas previas y ha perdido capacidad para incluir a parte de la población en las oportunidades para aumentar el bienestar de sus núcleos familiares, coincidieron los analistas.

La Costa Rica del bicentenario es también un país desigual, con brechas de pobreza respecto al promedio de los países de la OCDE, con distribución de ingreso desigual dentro de los cantones del país. También con deficiencias importantes en la terminación de la educación secundaria y rezagos en el acceso a educación superior.

“Afrontamos retos en temas que se creían superados, en materias que creíamos haber alcanzado altos niveles de desarrollo”, manifestó Agustín Gómez, coordinador de Estadística del Observatorio del Desarrollo (OdD).

La pandemia empeoró algunas mediciones como el desempleo y la pobreza. Esta última se ha mantenido estancada en torno al 20% de la población desde hace tres décadas y se profundizó hasta el 26% el año anterior.

El investigador del PEN se refirió a un agotamiento del estilo de desarrollo y puntos ciegos sin revolver. Por ejemplo, el país le apuesta a los servicios y la alta tecnología, pero otros sectores productivos crecen a ritmos menores; la inversión social se mantiene elevada pero las limitaciones fiscales son una amenaza y los frutos de esa inversión no terminan de materializarse.

“Este estilo de desarrollo no es por naturaleza incluyente. Sectores que en otro momento tuvieron una gran movilidad social, hoy son sectores con ingresos reales estancados”, aseguró Merino.

A pesar de que aún sobreviven instituciones que fueron insignia durante el Estado Benefactor, estas han reducido su capacidad de generar prosperidad y se han quedado en ser “brindadores de servicio”, pero sin asegurar la calidad, consideró Gómez.

Replanteamiento

La Costa Rica bicentenaria busca su identidad para el futuro con el reto de afianzar las condiciones que ha logrado construir a lo largo de décadas pero con recursos limitados y un futuro incierto a causa de la pandemia.

Merino apuntó que un reto inmediato es conseguir que la estructura productiva del país genere empleo, pues la mayor parte de los ingresos de las familias proviene del trabajo, pero empleo descentralizado, con más oportunidades en las regiones periféricas.

Para García, del Incae, la reactivación económica tiene que ser una prioridad, pero enfocada en alta productividad, para volver a generar oportunidades, además de invertir en lo social y revertir los impactos de las crisis recientes.

El país tampoco debe deslindarse de los fenómenos globales, por lo que el director planteó la necesidad de recuperar la visión hacia un nuevo modelo de generación de progreso social pero adaptado al siglo XXI, con una agenda de sostenibilidad social y ambiental.

Mientras tanto, el representante del OdD enfatizó en que el país debe enfocarse en la simplificación de trámites y que las instituciones estatales tengan facilidad para repensarse.

Además, mencionó tres tareas clave: reformar la forma de elegir a los representantes, una política fiscal que ayude a salir del endeudamiento y una estrategia educativa clara.

Francisco Ruiz León

Francisco Ruiz León

Periodista de la sección de Economía y Política de El Financiero. Bachiller en Comunicación Colectiva con énfasis en Periodismo por la Universidad de Costa Rica.