Por: Manuel Avendaño Arce.   4 febrero
Alfred Campos de 47 años y vecino de Barrio México relata las dificultades para conseguir empleo. Fotografía: Albert Marín.
Alfred Campos de 47 años y vecino de Barrio México relata las dificultades para conseguir empleo. Fotografía: Albert Marín.

El desempleo cerró el 2020 en un nivel del 20%, esto quieren decir que la cantidad de personas sin trabajo creció de 309.465, entre octubre y diciembre del 2019, a 487.675, para el mismo periodo un año después.

En términos absolutos se registraron 178.210 personas que se sumaron a la condición de desempleo en el último trimestre natural del año pasado.

Los datos se desprenden de la Encuesta Continua de Empleo (ECE) para octubre, noviembre y diciembre del 2020, publicada la mañana de este jueves por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

Entre el segundo y cuatro trimestre (naturales) del 2020 se recuperaron 63.698 puestos de trabajo. La población desempleada pasó de 551.373, entre abril, mayo y junio, a 487.675, para los últimos tres meses del año.

La tasa de desempleo creció 7,6 puntos porcentuales con respecto al indicador registrado al cierre del 2019, que fue de 12,4%.

El estar sin una ocupación que genere dinero afectó más a las mujeres con una tasa del 25,2%, frente al 16,4% para los hombres. En ambos casos se presentó un incremento estadísticamente significativo.

El desempleo en la zona urbana fue del 20,8% (un crecimiento de 8,2 puntos porcentuales) y para la región rural se registró en 17,4% (un aumento de 5,7 puntos porcentuales). Los dos mostraron incrementos en relación con un año atrás.

Si se analizan los datos por zona de residencia, los desempleados en la región urbana se estimaron en 383.000, unas 146.000 más en la comparación interanual. En el caso de quienes viven en lugares rurales, se calcula que 104.000 personas estaban sin trabajo, unas 32.000 más que hace un año.

La tasa de presión general (porcentaje de la población ocupada que busca cambiar de empleo, más los desempleados, con respecto a la fuerza de trabajo), se reportó en 28,1% de quienes tienen edad para participar en el mercado laboral.

Los desempleados impulsaron un aumento en la tasa de presión general que creció 6,8 puntos porcentuales. Para los hombres pasó del 19% a 25,3% y para las mujeres la variación fue de 26% al 32,3%.

Este indicador es relevante porque muestra a un grupo de personas que actualmente trabaja, pero como pretenden cambiar para mejorar en sus condiciones; pero que genera presión y compite directamente con quienes están desempleados.

Ocupación y subempleo

La fuerza de trabajo, el grupo de personas de 15 años o más que durante el periodo de referencia participó en la elaboración de bienes y servicios o estaba dispuesto a hacerlo, no sufrió cambios estadísticamente significativos y se mantuvo en 2,4 millones.

Mientras que la población ocupada registró una contracción de 230.000 personas. El indicador pasó de 2,18 millones a 1,95 millones en la comparación interanual. La tasa de ocupación también cayó del 55,1% al 48,7%.

La población fuera de la fuerza de trabajo se estimó en 1,57 millones con un aumento estadísticamente significativo del 102.000 personas. En este grupo 557.000 son hombres y 1,02 millones son mujeres.

La tasa neta de participación laboral; que relaciona la población en la fuerza de trabajo entre quienes están en edad de desarrollar actividad económicas; fue del 60,8%, con una disminución de 2,1 puntos porcentuales.

El subempleo; que se entiende como quienes laboran menos de 40 horas por semana, pero desean trabajar más tiempo; aumentó del 13% al 20,6% en un año.

Para los hombres creció del 9% al 19,7% de manera interanual, y para las mujeres pasó de 14,7% al 22,2%.

Uno de los hallazgos de la encuesta es la reducción de quienes perciben ganancias por medio de trabajos informales.

La estimación es que al cuatro trimestre del 2020 un 45,1% de las personas ocupadas en el país estaban en actividades informales que para efectos del INEC deben cumplir al menos una de tres características: no estar inscrita ante la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), no tener un salario fijo, y negocios no constituidos bajo personerías jurídicas.

Los informales se estimaron en 882.000 personas, de las cuales 560.000 eran hombres y 322.000 eran mujeres.

La disminución interanual de los informales fue de 133.000 personas, 50.000 hombres y 83.000 mujeres; eso sí, cabe destacar el segundo grupo fue el más afectado por la pérdida de empleo con respecto al año pasado debido a que tiene una menor participación en el mercado laboral.

Impacto de la COVID-19

Casi cuatro de cada diez personas en la fuerza de trabajo tuvieron algún tipo de incidencia laboral por el impacto de la COVID-19. Es decir, 875.000 personas que representan el 35,8% de este grupo.

Al 20,1% del total de ocupados a nivel nacional (392.000 personas) se les aplicaron reducciones de salarios o ingresos por la suspensión o disminución de las jornadas laborales, o bien porque paralizaron su actividad propia durante la pandemia.

El 99% de los desempleados (483.000 personas) afirmaron sufrir alguna incidencia laboral por la crisis que ocasionó el shock del coronavirus, de ellos, el 84,7% dice que no consigue trabajo por el mismo fenómeno o seguirá buscando conforme termine la pandemia.

Entre los desempleados, el 15,3% manifestó que fue despedido o estaba suspendido si garantía de regresar a su actividad o tuvo que cerrar su negocio, por eso ahora está sin fuente fija de ingresos.

Si se hace una síntesis de los indicadores del mercado laboral al cierre del 2020, se observa que la tasa de desempleo promedio creció 7,9 puntos porcentuales con respecto a la del año anterior, se trata de la más alta desde 2015.

Otros datos muestran que se redujo del 70,1% al 63,8% la porción de personas que trabajaron 40 horas o más a la semana de manera efectiva, esta diferencia −aunque de primera entrada parece positiva− se traduce en la pérdida de 237.000 empleos durante el año.

El ingreso promedio por trabajo cayó de ¢468.000 en 2019 a ¢451.000 en 2020, el impacto es importante sobre todo para quienes se dedican a actividades independientes o son asalariados.

Incluso para los independientes específicamente, el ingreso promedio se redujo de ¢453.000 en 2019 a ¢324.000 en 2020, una contracción de ¢130.000, que se explica por el efecto del cierre de negocios o actividades debido a las medidas sanitarias frente a la pandemia.