El gobierno de Rodrigo Chaves concluye con un balance que no se puede resumir sin contradicciones: crecimiento económico por encima del promedio, pero con una economía local estancada; menos desempleo, pero también menos gente participando en el mercado laboral; menos pobreza, pero con dudas sobre su sostenibilidad; y una violencia homicida que alcanzó niveles que no se veían desde el conflicto armado de 1948.
A partir de siete indicadores clave —producción, empleo, inflación, pobreza, escolaridad, homicidios y finanzas públicas—, los datos dibujan un cuatrienio marcado por contrastes profundos. Más que un giro estructural, lo que emerge es una economía que crece sin integrar a todos, un Estado que se estabiliza sin fortalecerse y una sociedad que mejora en algunos frentes mientras retrocede en otros.
Esta es una radiografía de los cuatro años de la administración Chaves Robles a partir de siete datos y su contexto.

Siete datos
— Producción
La economía costarricense creció por encima del 4% durante todo el cuatrienio: un ritmo ligeramente superior al promedio de los últimos 20 años.
Pero ese crecimiento no se distribuyó de forma homogénea.
Mientras que las zonas francas crecieron a un ritmo superior al 13,3% anual entre 2022 y 2025, la economía local apenas lo hizo en un 3,3%.
Esa brecha no es nueva, aunque sí es persistente y tiene efectos concretos: menor dinamismo en la recaudación tributaria, rezagos salariales fuera de los regímenes especiales —que únicamente producen el 12% del empleo formal en el país— y una estructura productiva cada vez más fragmentada.
Fernando Rodríguez, exviceministro de Hacienda y académico de la Universidad Nacional (UNA), consideró en una reciente entrevista con EF que revertir esta dualidad será clave para el éxito o el fracaso del próximo gobierno, que llegará con una recaudación tributaria alicaída y con altas expectativas de mejora por parte de la población. No obstante, observó, el cambio solo sería posible si se planifica adecuadamente una política para cada sector, incluso con eventuales “salvavidas” o reducciones en sus costos de financiamiento.
— Empleo
En materia laboral, la tasa de desempleo cayó a niveles históricamente bajos: 6,6% hasta el cierre de 2025.
Pero esa cifra solo cuenta una parte de la historia.
La participación laboral se redujo de un 59,9% a un 54,3% entre diciembre de 2021 y el mismo mes de 2025; es decir, hoy menos personas trabajan o buscan trabajo que hace cuatro años.
El empleo sí creció en los últimos cuatro años; sin embargo, a un ritmo menor que en el período pasado. Al cierre de 2025 se contabilizaba un incremento de 79.000 personas ocupadas desde diciembre de 2021: una subida menor en unas 29.000 personas a la registrada en el cuatrienio pasado.
El resultado es un mercado laboral que mejora en apariencia, pero se debilita por dentro.
Según estimó en otra reciente entrevista con EF, el expresidente del BCCR, Rodrigo Cubero, para revertir esta situación también parece impostergable alentar a las empresas de la economía local, que es la que genera más empleos y, especialmente en las zonas más alejadas.
— Inflación
El comportamiento de los precios tuvo dos etapas muy marcadas durante el cuatrienio.
Primero, un fuerte aumento tras la pandemia. Luego, una corrección parcial.
El Índice de Precios al Consumidor (IPC) llegó a subir cerca de un 8% entre diciembre de 2021 y diciembre de 2022; y luego cayó un 2% en los tres años siguientes.
En palabras más sencillas, los precios subieron abruptamente en el primer año y luego cayeron, aunque nunca lograron regresar a los niveles anteriores a la crisis sanitaria. El golpe se moderó, pero no desapareció.
La situación fue más pronunciada en algunos campos que en otros.
Los precios de los alimentos, del entretenimiento y del transporte crecieron a tasas de 19,1%, 12,1% y 8,1% entre diciembre de 2021 y diciembre de 2022 y, de ellos, solo el transporte logró recuperarse con el paso del tiempo. En eso incidieron cuestiones como los bajos precios internacionales del petróleo y la caída del precio del dólar.
— Pobreza
La pobreza cayó a un 15,2% y la pobreza extrema a un 3,8%, según la última Encuesta Nacional de Hogares (Enaho): mínimos históricos recientes.
El problema, sin embargo, es que parte de esa mejora responde a factores coyunturales que podrían diluirse en el tiempo.
Si bien el INEC registró mejorías en los ingresos informales de la población, la baja inflación ha contenido las líneas de pobreza en los últimos años —lo cual provoca que sea más sencillo dejar de ser pobre, estadísticamente hablando— y el tamaño promedio de los hogares ha disminuido —lo cual eleva el ingreso per cápita—.
Ese origen fue descrito como “coyuntural” y hasta “endeble” en múltiples entrevistas por parte de la investigadora y coordinadora del Programa Estado de la Nación (PEN), Natalia Morales, quien subrayó que no se perciben mejoras especialmente significativas en materia de empleo o educación que parezcan estar detrás del fenómeno.
A pesar de las dudas, por el momento, los datos duros de este cuatrienio son los mejores en muchísimos años. La pobreza no bajaba del 20% desde el 2010 y la pobreza extrema se había mantenido cerca del 6% desde ese mismo año.
— Escolaridad
La asistencia a escuelas y colegios muestra señales ambiguas, según las últimas mediciones disponibles.
Según datos del Programa Estado de la Nación (PEN), la tasa de escolaridad hasta el año 2024 era de 95,9% en primer ciclo, de un 87,6% en segundo ciclo, de un 79,5% en tercer ciclo y de un 58,3% en educación diversificada.
Algunos de estos indicadores mejoran, pero otros muestran señales de deterioro.
La escolaridad en primer ciclo y tercer ciclo —los primeros años de escuela y los primeros años de colegio— son los más altos de la historia costarricense; sin embargo, la tendencia es decreciente en los extremos opuestos.
En la práctica, los estudiantes están dentro del sistema; pero se ha vuelto más complicado que se mantengan en niveles superiores.
Para los investigadores del PEN, la baja escolaridad en educación diversificada refleja un problema persistente: se “continúa sin garantizar trayectorias completas y exitosas para toda la población joven”, que no termina el colegio. La baja repitencia de 2020 y 2021 (los años de la pandemia) mejoró la tasa de escolaridad sustancialmente; no obstante, el efecto se ha contraído parcialmente.
— Homicidios
El mayor deterioro del cuatrienio se dio en seguridad.
Entre 2022 y 2025, Costa Rica registró 3.310 homicidios: niveles que no se veían desde el conflicto armado de 1948, cuando se registraron entre 2.500 y 3.500 muertes según las reseñas históricas disponibles.
El aumento no fue marginal: superó un 87% en la comparación con el período entre 2010-2013; un 49% frente al 2014-2017; y un 43% frente al 2018-2021.
El año con una mayor cantidad de homicidios dentro del último cuatrienio fue el 2023, cuando se superaron los 900 casos. En los siguientes, la cifra retrocedió ligeramente, aunque siempre superó los 870 registros.
Según han explicado las autoridades del OIJ, revertir esta situación podría requerir de muchos años y estaría condicionado a múltiples esfuerzos adicionales en materia de inversión social, compra de equipo policial y contrataciones extraordinarias.
— Cifras fiscales
Por último, las finanzas públicas dejaron atrás la fase más crítica. Aun así, no resolvieron del todo sus problemas de fondo.
La deuda se estabilizó en torno al 60% del PIB, lo cual frenó el crecimiento acelerado que se observó en años anteriores; pero ese nivel sigue siendo alto y aún obliga a limitar la inversión en áreas críticas como educación, obra pública y programas sociales.
Al mismo tiempo, los ingresos tributarios han perdido dinamismo, en parte por la caída del tipo de cambio y el bajo crecimiento de la economía local.
Esto ha reducido el margen de maniobra del gobierno, cuyos superávits primarios —es decir, el excedente antes del pago de la deuda— son cada vez más pequeños y menos efectivos para sostener la inversión y responder a nuevas presiones.
La estabilización responde en gran medida a la reforma fiscal de 2018 y a la aplicación de la regla fiscal, incluida en esa enmienda. El gobierno del presidente Chaves intentó añadir reformas tributarias para incrementar los ingresos, como la eliminación de algunas exoneraciones y el establecimiento de un nuevo esquema de renta global; sin embargo, ninguna de sus propuestas tuvo éxito en el Congreso.
El límite de las cifras
Analizar estadísticas siempre es complejo, recordó Ronald Alfaro, del Centro de Investigación y Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica (CIEP-UCR); pero un punto de partida es cuán “sostenibles” son los cambios.
“La gran pregunta siempre es cuán factible es que los buenos números se mantengan y que los malos números mejoren... por eso la clave es la sostenibilidad”, subrayó.
En ese sentido, por ejemplo, cuestiones como las menores tasas de desempleo y de pobreza podrían retroceder a partir de factores coyunturales como un aumento en la participación laboral o un repunte de la inflación; en cambio, el bajo desempeño de la economía local, la violencia homicida y la debilidad de las finanzas públicas parecen corresponderse con factores mucho más estructurales como la ausencia de políticas públicas novedosas o la expansión del crimen organizado, entre otros.
Rotsay Rosales, coordinador del Observatorio de Política Nacional (OPNA), añadió que también es clave observar los matices y no quedarse con datos aislados. Por ejemplo, señaló, múltiples indicadores de empleo, pobreza y finanzas públicas parecen excesivamente alentadores, pero solo cuentan “historias a medias” si no se analizan en un contexto más amplio.
“Quedarnos con el 6% de desempleo sería una lectura incompleta, por poner un ejemplo. Subestimaría la cantidad de gente que ha salido del mercado laboral, subestimaría la cantidad de personas que trabajan informalmente o que están subempleadas, y subestimaría a esas personas jóvenes que han dejado de buscar trabajo y que van a engrosar las filas del crimen organizado”, señaló. “Quedarnos con un solo dato, sin su contexto, no nos dice absolutamente nada”, puntualizó.
Al cierre de este cuatrienio, la herencia de la administración Chaves Robles se define por su ambivalencia. Costa Rica entrega una macroeconomía disciplinada y cifras de pobreza envidiables en el papel, pero lo hace al costo de una cohesión social erosionada y una crisis de seguridad sin precedentes en la era moderna. El desafío para Laura Fernández, la próxima presidenta, no será menor: deberá transformar esos indicadores de “vitrina” en bienestar estructural, evitando que las grietas de la economía local y la violencia terminen por devorar los logros fiscales que tanto ha costado estabilizar. La moneda sigue en el aire: el país creció, pero la pregunta es si logró avanzar.
